13/10/2020

El derecho a la tierra y la defensa del ambiente

Por qué desde Tribuna Ambiental rodeamos de solidaridad a las familias de Guernica.
Por Vir Casal

Ph: Francisco Jarrin, Ojo Obrero Fotografía.

Entre los nuevos saltos en la crisis económica y la disputa judicial, el proceso de recuperación de tierras que llevan adelante 2.500 familias en la localidad de Guernica -en el partido bonaerense de Presidente Perón- domina la escena. El gobierno de Kicillof viene desalojando tomas en todo el Conurbano, pero en Guernica choca con una enorme resistencia. El PJ cobija a la intendenta Blanca Canteros, que busca habilitar la construcción de un country club en el lugar.

Desde Tribuna Ambiental llevamos nuestro apoyo a las tomas, que se expanden al calor de la lucha por la tierra y la vivienda. Existe un debate al respecto en el movimiento ambiental, dado que muchos sectores repudian las tomas e incluso llegan a denunciarlas si se ubican en zonas donde infringen normas ambientales. Pero el movimiento no puede colocarse contra los grupos más perjudicados de la crisis en curso.

La tesis de dejar el espacio intacto no es válida frente a la realidad a la que nos encontramos: miles de familias en todo el país son expulsadas de sus hogares frente a la imposibilidad de pagar un alquiler, y mientras tanto los capitalistas son quienes arrasan el ambiente. La responsabilidad de garantizar que las familias accedan a un terreno o una vivienda en zonas aptas y ambientalmente sustentables es del Estado, pero este no da soluciones porque garantiza la especulación inmobiliaria.

En política los vacíos no existen: no apoyar los procesos de recuperación de tierras es ceder ante los especuladores inmobiliarios. Los vecinos que ocupan terrenos ponen el derecho a la vivienda digna por sobre estos negociados. La lucha por la tierra es una lucha de clases por el uso social del espacio. Está en juego colocar la tierra en función de las prioridades sociales. Solamente si se planifica en función de los intereses generales, y del acceso de las mayorías a la tierra para vivir, puede organizarse el espacio de forma tal que se respete la naturaleza y el ambiente.

La propiedad de la tierra y la defensa del ambiente

En los últimos meses fuimos testigos de una ola de agravios al ambiente y a la población que lo habita. Los desmontes, que continuaron desde el principio de la cuarentena por el avance de la frontera agrícola-ganadera y el agronegocio (esencial para el pago de la deuda, en palabras del propio Alberto Fernández). Las quemas arrasan humedales y bosques en distintos puntos del país, como en las sierras de Córdoba y las islas del Litoral, que persiguen el cambio de uso de suelos no solo del capital agrario sino también de la especulación inmobiliaria.

Pocos días después de contenidos los focos de incendio, el gobierno cordobés de Juan Schiaretti anunció la reanudación del proyecto de la autovía de Punilla cuyo trazado atraviesa zonas afectadas por el fuego.  Este suceso no es aislado; el Instituto Gulich (UNC-Conae) publicó que entre 1999 y 2017 se registraron 5.358 incendios en las sierras de Córdoba que afectaron 700.385 hectáreas, y que muchos de estos incendios ocurren en lugares estratégicos que conectan espacios naturales con zonas habitadas. De la misma manera las organizaciones ambientales denuncian que en Paraná ya están ingresando maquinarias agrícolas para empezar a sembrar sobre las cenizas.

La combinación entre la propiedad privada capitalista de la tierra y el avance contra el ambiente que promueven los gobiernos socios del capital está en la base de la crisis ambiental. Solamente cuestionando de fondo estas relaciones sociales puede existir una salida al deterioro del ambiente. Las tomas cuestionan, especialmente, estas relaciones de propiedad y exigen al Estado una solución acorde a las necesidades de las mayorías. Apoyar la lucha por la recuperación de tierras es posicionarse contra quienes especulan con el precio de los lotes, construyen emprendimientos que desplazan a la población y agravan el déficit habitacional.

No olvidemos tampoco el impacto que suelen tener estos emprendimientos en la biodiversidad autóctona, cómo fue el repudiado caso de expulsión de carpinchos en un country de Pilar, al inicio de la cuarentena. Ciertamente la instalación de canchas de golf, tenis, hockey y fútbol, y de poquísimas instalaciones habitacionales para billeteras de millones de pesos, va en detrimento del desarrollo social. El movimiento ambiental no puede ser neutral en esta pelea.

Todo el esfuerzo del Estado para desalojar las tomas podría ponerse al servicio de lotear las tierras (que además tienen titularidad dudosa), desarrollar planes de vivienda sustentables, con obras y acceso a los servicios básicos, en base a estudios de impacto ambiental, incluso desarrollando trabajo genuino en planes de remediación ambiental.

La tierra y el ser humano: una relación alienada por el capitalismo

Defendemos las tomas como medida de acción directa, con la perspectiva de defender el derecho de la humanidad a habitar la tierra y planificar su producción. Es un cuestionamiento, así sea parcial, a la propiedad de la tierra por el capital. En América Latina la tierra fue tomada primero por los conquistadores y bajo el modelo agroexportador hasta la actualidad por el imperialismo que se vale de la depredación ambiental y la precarización de la fuerza de trabajo para rescatarse de la crisis de sobreproducción que estamos atravesando.

La recuperación de la tierra implica, en el caso de Guernica, que esta sea para vivir; en el caso del monte, los bosques y los humedales, que sea para respirar; en el caso de los grandes latifundios, deben ser expropiadas para planificar la producción y deshacernos de los métodos descompuestos del capital: frenar el avance de la frontera agropecuaria que necesita el monocultivo, producir de forma armoniosa con la naturaleza haciéndonos de lo mejor del conocimiento que generan los trabajadores de la ciencia para alimentar a la población reduciendo el impacto ambiental.

La tierra en manos del capital seguirá siendo una herramienta de especulación, con la masacre de los bienes comunes como sucede con los humedales y los bosques nativos, y de la población que la habita. La tierra en manos del capital solo sirve para la generación de divisas para el pago de la deuda y la fuga de capitales, a costilla de nuestro trabajo y del avance encrudecido del hambre y la miseria.

Podremos vivir y salir de la crisis ambiental si nos deshacemos de una vez por todas del régimen que la produjo. La tierra para vivir y para producir será posible bajo un gobierno de los trabajadores.

Llamamos al conjunto del movimiento ambiental a posicionarse por la recuperación de la tierra que llevan adelante les vecines de Guernica y en distintos puntos del país. La defensa del ambiente nunca puede cederle lugar a los countries de lujo, y los sojeros y ganaderos que queman bosques y humedales.

No al desalojo. ¡Viva la recuperación de tierras de Guernica!

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