18/10/2021

En octubre se quemaron “aproximadamente 63.450 hectáreas” en el norte de Córdoba

Quienes gobiernan son responsables.

Imagen extraída de Radio Mitre

El índice de Peligro de Incendios Forestales se mantiene muy alto en la provincia, e irá en aumento, de acuerdo a la meteorología. Las lluvias de los últimos días en algunas áreas fueron escasas o nulas en áreas sensibles. Esto sumado a que no hay una efectiva orientación de prevención hace que en las próximas jornadas del mes presenten un panorama de alerta.

Cabe tener en cuenta que a causa de los incendios se está perdiendo biodiversidad. Esto se agudizó tras concluir el último de los incendios del norte cordobés, tras una semana intensa que se cobró vidas humanas, de animales autóctonos, domésticos y de monte nativo.

Según los cálculos de la Unidad de Emergencias y Alertas Tempranas de la Comisión Nacional de Actividades Especiales (Conae) entre el 1 y el 11 de octubre “se quemaron aproximadamente 63.450 hectáreas en el norte de Córdoba”. De acuerdo a la citada fuente, “en cercanías de Caminiaga, departamento de Tulumba, está la zona más afectada, con 52.000 ha. También se registraron incendios en cercanías de las localidades: San José de la Dormida (con 8.000 ha quemadas), Eufrasio Loza (3.200 ha quemadas) y Los Hoyos (250 ha quemadas)”.

Además, un relevamiento del instituto Gulich, dependiente de la UNC y de la Conae (Comisión Nacional de Actividades Espaciales) publicado en La Voz reveló que entre 1987 y 2018 el 57,95% de las Sierras fue afectado por incendios, devastando más de 1,6 millones de hectáreas.

El mencionado estudio además señala que hay zonas quemadas en más de una oportunidad: el 21 % de las Sierras (585.861 hectáreas) se quemó una vez; un 9,5 % (264.126 hectáreas), en dos oportunidades, y un 3,2% (89.966 ha), tres veces. Además, 44.996 hectáreas quedaron bajo las llamas en cuatro o más oportunidades durante los 31 años analizados. La zona incendiada durante la última semana había sido poco afectada en los últimos 30 años, por lo que la combinación de material combustible disponible y crisis hídrica potenció la contundencia del fuego.

Los perdedores de este capítulo del fuego

Señalar las miles de hectáreas de bosque nativo arrasadas por el fuego no alcanza para dimensionar lo que implica en términos de pérdida de biodiversidad. Conforme se reiteran los incendios, se debilita la capa de humus que lo nutre, dado que esta es producto del compostaje de hojas, ramas y semillas que se acumulan en cada temporada. Y con ello pierden posibilidades de reproducción especies vegetales y animales que se nutren de ellas, condicionando a la vez el resto de eslabones de una cadena largamente violentada.

La reducción de especies vegetales es drástica, lo que también afecta a insectos, aves, roedores, reptiles y demás especies animales. Pierde la capacidad retentiva de humedad, por lo que la sequedad ambiental se exacerba. Las cenizas se acumulan en arroyos, ríos, lagunas, incrementando la materia orgánica que potenciará la eutrofización de las aguas. Los pobladores de estos parajes, muchos de ellos propietarios de animales que permiten una economía de subsistencia, han perdido casi todo, y lo que no se perdió se perderá por falta de condiciones para garantizar la viabilidad de la crianza de sus animales. Se verán obligados a migrar en búsqueda de nuevas posibilidades para vivir, engrosando la población expulsada, sin vivienda y sin trabajo.

Del otro lado, están los grandes ganadores

A ellos se refirió el gobernador Schiaretti cuando, días atrás, señaló: “yo veo que el norte viene progresando. Y viene progresando por la voluntad de su gente y porque se ha extendido la frontera agropecuaria. Antes, cuando uno sobrevolaba el norte, veía el monte. Hoy se ve en la parte más llana (sic) lleno de cultivos, lleno de animales de los que crían ganado, se ven establecimientos agropecuarios porque también en el norte la producción agroalimentaria es fundamental, es motor de progreso”.

El discurso del gobernador realizado en San José de la Dormida fue publicado en periodismoambiental.com.ar, el pasado 8 de octubre. De modo que está claro que tras estos incendios, que además se cobraron la vida de tres pobladores, hay una intencionalidad manifiesta de proseguir ampliando la frontera agropecuaria. Ese es el objetivo del gobierno de Schiaretti, al que el ambiente y las vidas humanas parecieran importarle poco y nada.

Desde nuestra Tribuna Ambiental volvemos a denunciar que nuestro gobernador es el responsable político de un ecocidio ambiental y que no hay progreso posible a expensas de un deterioro que se cuenta en pérdida de biodiversidad. La ley de Buenas Prácticas Agropecuarias, sancionada en la legislatura en 2019 con el beneplácito de todos los bloques menos del FIT, es el antecedente directo de la situación que hoy vive el norte cordobés. En las próximas elecciones de noviembre tenemos oportunidad de fortalecer la lucha ambiental desde las bancas independientes del Frente de Izquierda Unidad. Votemos a los únicos que defienden el ambiente.

Compartimos también el texto de un compañero que le puso palabras a la dramática ambiental que nos rodea:

El querido Norte cordobés

El querido Norte cordobés. Tierra de agua escasa. Lugares con mucha historia, donde cada roca grita desde el silencio pidiendo la ayuda desesperada. Zona de La Algarrobada, de mistoles y chañares. Todo devorado por el fuego devastador.

Los bomberos voluntarios, policías y vecinos hacen esfuerzos denodados para combatir estas hogueras infernales, a chicote y pala porque el Plan de Manejo del Fuego no tiene previstos pozos hidrantes y hay que hacer una gran cantidad de kilómetros para reabastecer de agua las avionetas y autobombas. Gente de distintas profesiones y oficios hacen un alto en su trabajo para ponerse al frente del combate contra un enemigo que acecha la provincia desde agosto a octubre todos los años… todos los años.

Tenemos experiencia en fuego, sí, claro que sí. Sabemos que se pierde mucho, se pierde naturaleza, pastizales, árboles… en fin, todo el bosque nativo. Y con ello la vida de los campesinos que ven todo el trabajo de años arrebatado por las llamas. También sabemos que pronto todo quedará contaminado, el agua de los arroyos dejará de ser transparente, el sol que en otros años calentará la tierra ahora, sin el monte, la quemará.

Aprendimos tanto, que esperamos los incendios pasando el invierno, pero con un plan desfinanciado de gobierno, plan paliativo sin coordinación nacional, con falta de insumos, arriesgando vidas.

Por eso es imperativo un nuevo plan de Lucha contra el Fuego, mejor financiado, con pozos hidrantes a distancias considerables con sus respectivos almacenamientos de agua para reabastecimientos de avionetas y autobombas, en zona roja. A esto acompañar con un verdadero plan urgente de reforestación con especies nativas. Zona que dejará de ser roja para pasar a ser zona de desastre y con ello la libre utilización de los suelos en desmedro de la naturaleza.

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