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7 de mayo de 2009 | #1082

A 40 años del Cordobazo: la dictadura de Onganía

Una foto de la asunción de Juan Carlos Onganía como presidente, el 29 de junio de 1966, muestra un escenario de unanimidad política pocas veces visto en la historia argentina. Están presentes los representantes de la Sociedad Rural, de la CRA, de la UIA, de la CGE -la burguesía "nacional y popular" en la figura de José Ber Gelbard, compañero de ruta del PC, y junto a él los enviados de cámaras empresariales extranjeras. En primera plana, la dirección de la CGT. Fuera de la foto, Perón declaraba desde el exilio de Madrid que "el gobierno militar surgido del golpe...ha expresado propósitos muy acordes con los que nosotros venimos propugnando desde hace más de 20 años" y llamaba a "desensillar hasta que aclare". José Alonso, burócrata de la línea sindical "las 62 de Pie", saludaba a la llamada Revolución Argentina porque "caía un régimen de comité y se abría la perspectiva de un venturoso proceso argentinista"1. La unanimidad incluía al peronismo revolucionario, referenciado en estas 62, que guardó silencio junto al resto de sus dirigentes "deseosos de no entorpecer algún posible curso popular"2.

El golpe del '66 pretendía resolver el conflicto que planteaba, desde 1955, la necesidad de integrar el peronismo al régimen político del Estado, mediante la supresión de las elecciones y la cooptación política de la burocracia de los sindicatos. Política Obrera caracterizó el golpe como "una síntesis reaccionaria del peronismo y la Libertadora"3. Del gobierno peronista toma la tendencia a estatizar y controlar el movimiento sindical; de la Libertadora, toma el planteo  de eliminar la presencia de la base sindical en las fábricas y la legislación que trababa la flexibilización laboral. Su naturaleza reaccionaria se va a desnudar prontamente ante las masas con la feroz represión en la Universidad de Buenos Aires ("Noche de los bastones largos", 28 de julio); el nombramiento de Álvaro Alsogaray como embajador en Estados Unidos (18 de agosto); el asalto a la Universidad de Córdoba, en el que muere Santiago Pampillón (7 de septiembre); el arbitraje obligatorio; el cierre de ingenios en Tucumán y el despido en masa de ferroviarios y portuarios (octubre, noviembre, diciembre).

El golpe es, asimismo, una réplica del que tuvo lugar en Brasil, en 1964. En este sentido, empalma con una política de "contrainsurgencia" armada por el Pentágono y con una tentativa de desarrollo industrial subsidiado desde el Estado (a través de un regimen impositivo y la deuda pública).

A fines del '66, el nombramiento de Krieger Vasena como ministro de Economía pretende replicar el de los "zares" de Brasil, Roberto Campos y Delfim Neto, para acelerar la tasa de acumulación capitalista.

En el año '67, la dictadura deroga la ley de salario mínimo, vital y móvil; las paritarias; congela los salarios; deroga la ley 11729 de indemnizaciones por despido para los obreros de la construcción; el régimen de insalubridad laboral en rubros textiles y mineros; eleva a 60 años de la edad para jubilarse...

El día de la ignominia

El 1º de marzo de 1967, obligada por esta ofensiva, la CGT convocó a un simulacro de paro general y un "plan de acción". Miles y miles de trabajadores salieron al paro en medio del más profundo sabotaje de su dirección, absolutamente desmoralizada y entregada, y abrió un periodo de derrota del movimiento obrero, que se revelará breve. Las jornadas perdidas por huelga llegaron, en 1967/68, al nivel más bajo en toda la historia4.

Hacia mediados de año, Perón e Illia insinúan la constitución de un frente burgués opositor, que está vinculado con una crisis con la oligarquía agraria y las retenciones a las exportaciones. Para un historiador de la UCR: "ante las posturas cerradas del oficialismo militar y para generar divisiones en el Ejército se planteó en el año '67 la posibilidad del pacto Illia-Perón"5.

Un silencio profundo, pero no el vacío

En 1967, en una situación de retroceso, se incubaba un proceso político profundo. El mundo se encontraba "en las vísperas": la resistencia a la agresión yanqui en Vietnam toma vuelo internacional; estalla la revolución cultural china; la lucha obrera en Gran Bretaña cobra grandes proporciones; en Francia, De Gaulle lanza una serie de ataques contra el salario, las condiciones de trabajo y el régimen de jubilaciones, para pelear un lugar propio, cada vez mas disputado, en el mercado mundial. Fueron las simientes del Mayo Francés, del Cordobazo, del otoño caliente en Italia, de las grandes huelgas de Uruguay, de la gigantesca movilización de la juventud de México. 

Para Política Obrera, que había tenido su bautismo de fuegoen las huelgas derrotadas (portuarios) que enfrentaron a la dictadura en 1966, "la participación de la burocracia sindical en el golpe, así como la complicidad de Perón -acontecimientos que remataban toda una evolución política desde la Libertadora- irían abriendo una crisis de fondo en los sindicatos, que se expresaría en el nacimiento y desarrollo de un nuevo movimiento sindical"6.

 

Notas

1. Citas de los diarios de la época, compilados en Gregorio Selzer, El Onganiato, 1972, Ediciones Samonta.
2. Norberto Galasso, Cooke, de Perón al Che, Galasso, Ediciones Tiempos Nuevos.
3. Política Obrera, boletín quincenal no.2, 27/7/1966.
4. 23 jornadas en 1968, contra 249 en 1967 y 1.913 en 1966 (en Capital Federal, datos de la Secretaría de Trabajo).
5. Norberto Ivancich, en Revista Unidos, 3/1984.
6. I Congreso de PO, Bases para un balance político organizativo, 1975.

 

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