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5 de octubre de 2017 | #1477

¿Todo el poder a los soviets? (III)

Con la derrota de Kornilov y el triunfo de las masas se abrió otra etapa en el curso de la revolución, que va a culminar con la insurrección de Octubre.
Quedaron planteados un conjunto de reflexiones, debates, enfrentamientos, decisiones a tomar, en todos los escenarios políticos. Los soviets y el partido bolchevique habían pasado a ser los eslabones determinantes en la nueva situación.
 
Kerensky se lanzó a formar un nuevo gobierno con una autoridad nula. La coalición anterior estaba muerta. Se trataba, con desesperación, de encontrar una fórmula de emergencia.
 
Kerensky propuso inicialmente un Directorio reducido. Retiró su propuesta porque los conciliadores la rechazaron en el Comité Ejecutivo de los soviets. Solicitaron una Conferencia Nacional de Estado, con una apariencia de Parlamento. Todos los partidos tendrían delegados dentro de las organizaciones participantes, con un abanico y número fijado por la convocatoria.
 
La Conferencia terminó reuniéndose en San Petersburgo el 15 de septiembre, con 1.198 delegados. Estaban presentes todos los soviets, las dumas municipales, los comités del ejército, sindicatos y otra docena de instituciones de menor importancia. Las organizaciones obreras urbanas estaban subrepresentadas y los bolcheviques tenían una delegación menor. Su portavoz era Kamenev y el jefe de la bancada era Trotsky.
 
Las peripecias de la Conferencia fueron múltiples. Los bolcheviques se opusieron a un nuevo gobierno de coalición. Los mencheviques y los socialistas revolucionarios se dividieron y oscilaron, en un movimiento de izquierda a derecha. El ala más conciliadora rompió el equilibrio. El día 19, en una votación de cinco horas, el principio de la coalición fue aceptado por un margen estrecho, el día 20 se nombró un Preparlamento con todos los partidos, como sustento del gobierno de coalición. Kerensky lo anunció el día 25. De una debilidad extrema y sin brújula, adoptó un programa miserable para que la burguesía pudiese estar presente.
En las organizaciones de masas se debatía abiertamente sobre el poder porque, como planteó Lenin: “La cuestión del poder es ciertamente la cuestión más importante de toda revolución” (“Una de las cuestiones fundamentales de la revolución”).
 
Los bolcheviques y la insurrección
 
Por primera vez, una moción política bolchevique contra el gobierno de coalición ganó la votación en el soviet de San Petersburgo, el 30 de agosto. La hizo Kamenev, del ala conciliadora de los bolcheviques y el triunfo fue estrecho.
 
Los bolcheviques progresaban en todas las organizaciones (en San Petersburgo y en el país) y ganaban las mayorías. El 25 de septiembre, León Trotsky, el tribuno histórico de 1905 volvió a la presidencia del soviet de San Petersburgo, como bolchevique y, con Lenin, la figura más importante del partido.
 
Lenin reflexionó sobre la posibilidad de una nueva mayoría en los soviets y un curso pacífico de la revolución. “En un país, en el cual la alianza del proletariado y el campesinado puede ganar la paz para las masas agotadas por la guerra más injusta y más criminal, y darle la tierra a los campesinos, en un país así, en un momento histórico tan excepcional, el desarrollo pacífico de la revolución es posible y verosímil, si todo el poder es transmitido a los Soviets” (Lenin, “La revolución rusa y la guerra civil”).
 
Pero ¿los mencheviques y socialrrevolucionarios darán este paso? En los soviets, tergiversan y maniobran. Las posiciones conciliadoras terminan por imponerse. Sólo Martov y su grupo de mencheviques internacionalistas persisten en la ruptura con la burguesía. La mayoría se alineaba con Kerensky y su nuevo gobierno. El episodio quedó cerrado. La presión de la burguesía, aunque fuese un fantasma político, y el miedo a la revolución condenaron a los conciliadores.
 
El escenario efectivo del debate estaba entre los bolcheviques, en el partido. En medio del fragor, Lenin se dio el tiempo, a mediados de septiembre, para redactar una carta al Comité Central (CC) reclamando la convocatoria a un Congreso que apruebe el programa del partido (y avance en la idea de la III Internacional, porque la tarea había quedado incumplida en el VI Congreso (“Sobre la cuestión del programa del partido”)1.
 
Desde su refugio en Finlandia, Lenin participó del comienzo del debate con tres textos, “Las tareas de la revolución”, “La revolución rusa y la guerra civil”, “Una de las cuestiones fundamentales de la revolución”2. A mediados de septiembre, envía dos cartas a las direcciones, “El marxismo y la insurrección”, “Los bolcheviques deben tomar en sus manos el poder”3.
 
Los bolcheviques debatieron en el partido y en los soviets. Kamenev y Trotsky utilizaron sus posiciones en los soviets, el uno hacia la derecha y el otro hacia la izquierda. La discusión fue libre y sometida a la disciplina militante. Los enfrentamientos de la Conferencia de abril y del Congreso de julio se reprodujeron con un cambio cualitativo: prácticamente, había qué tomar el poder y resolver cómo hacerlo. Hubo un acuerdo en que el partido tenía que plantear la necesidad de un gobierno de ruptura con la burguesía y el apoyo a los mencheviques y socialrrevolucionarios si se decidían a constituirlo. Detrás, los desacuerdos eran profundos. ¿Qué programa? Qué quería decir gobierno de los soviets, responsable ante los soviets, todo el poder a los soviets? Los “viejos bolcheviques” seguían planteando que había que hacer concesiones a los conciliadores y mantener el carácter “democrático” de la revolución y el poder.
 
Lenin intervino de hecho con sus textos. Los soviets eran la forma de organización de la clase obrera, los campesinos y soldados, y la base que debía dar legitimidad al gobierno. Pero su razonamiento iba más allá: tenían que ser la columna vertebral del Estado. “El poder a los soviets, significa una refundación radical de todo el viejo aparato del Estado, aparato burocrático que impide toda iniciativa democrática...Uno de los grandes méritos de los soviets de diputados obreros, soldados y campesinos es que representan un nuevo tipo de aparato de Estado” (“Una de las cuestiones fundamentales de la revolución”). Todo el poder a los soviets era una fórmula que expresaba la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres. El gobierno tenía que ejecutar un programa de paz, expropiación de la tierra, nacionalización de la banca y los grandes grupos industriales, control obrero de la economía.
 
La izquierda, derrotada
 
Al tiempo que se desarrollaba el debate, se conocieron las cartas de Lenin de mediados de septiembre: se abandonaba la hipótesis de la transición y se llamaba a la preparación de la insurrección. Es una bomba que estalló en el CC. La dirección decidió ignorar las cartas; algunos miembros del CC pensaron que había que quemarlas y finalmente se decidió conservar un solo ejemplar y no difundirlas a los militantes y otras estructuras del partido.
 
De hecho, la táctica del partido en la conferencia fracasó y el CC tuvo que decidir qué hacer. Se reunió el 21. Por una mayoría de 9 a 8, se decidió el boicot del Preparlamento para expresar el repudio a las orientaciones conciliadoras de la conferencia. Ante la estrechez del voto, se convocó una conferencia nacional ad hoc para la noche del mismo día. La Conferencia, una especie de Congreso del Partido, estaba formada por los miembros del CC y de la bancada de la conferencia. Los debates fueron muy duros. Trotsky defendió el boicot y Rykov se opuso. Los participantes votaron por 67 contra 55 contra el boicot. El CC ratificó inmediatamente la decisión. La izquierda fue derrotada. La derecha había triunfado. 
 
En su balance, Trostky caracterizó muy duramente este momento. “En realidad, la discusión sacaba a relucir de nuevo las divergencias de abril y preparaba las de octubre. Se trataba de saber si el Partido adaptaría su misión al desarrollo de la República burguesa o se proponía realmente como fin la conquista del poder” (Historia de la Revolución Rusa, “La última coalición”).
 
Con la fuerza de sus posiciones en el movimiento de masas y en las organizaciones del partido, la izquierda no renunció a sus objetivos. El nuevo viraje se produjo pocos días después. Una declaración fue aprobada el 24 de septiembre por una reunión conjunta del CC, los representantes del Comité de San Petersburgo y los miembros de la delegación bolchevique en el Preparlamento. La declaración establecía que, en el contexto de las decisiones tomadas sobre el nuevo gobierno, la tarea prioritaria del Partido pasaba a ser la movilización de las masas por la transferencia del poder a los soviets.
 
Trotsky anunció, como presidente del Soviet de San Petersburgo, la negativa a apoyar la nueva coalición. Presentó una moción al soviet que fue aprobada por una amplia mayoría. Esta moción incluía el llamado al II Congreso nacional de los soviets para el 20 de octubre. Había que imponer la caída del gobierno de coalición y su reemplazo por un gobierno de los soviets.
 
La agitación por el Congreso nacional y la convocatoria inmediata de congresos regionales pasó a ser la tarea cotidiana de la agitación del partido, en la prensa, en sus intervenciones. La preparación de la insurrección comenzó a tomar una forma política precisa con la consigna: "Todo el poder a los soviets".
 
Lenin y Trotsky se apoyaban en el programa revolucionario, en la intervención de las masas y su vanguardia, en el trabajo del partido, para llegar progresivamente a una síntesis política en relación con la insurrección.
 
 
 
1. Este texto fue publicado recién en 1928.
2. Los textos de Lenin fueron escritos a comienzos de de septiembre y publicados hacia fines del mes.
3. Las cartas fueron publicadas por primera vez en 1921.

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