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19 de julio de 2018

[ARCHIVO] Declaración de la Tendencia Cuartainternacionalista sobre la revolución nicaragüense

El 19 de julio se cumple un nuevo aniversario de la caída de Anastasio Somoza. A continuación, reproducimos una declaración escrita por Jorge Altamira el 16/7/79 en La Paz y aprobada por la Tendencia Cuartainternacionalista. La declaración está tomada de la edición del 1 de Agosto 1979 de Política Obrera (número 298).
[ARCHIVO] Declaración de la Tendencia Cuartainternacionalista sobre la revolución nicaragüense

Derribamiento de la estatua ecuestre del dictador Anastasio Somoza en 1979

Declaración de la TCI sobre Nicaragua

La presente declaración fue aprobada por la unanimidad de las organizaciones plenas y simpatizantes que integran la Tendencia Cuartainternacionalista, en vísperas de la salida de Somoza. De todas maneras, conserva por entero su vigencia política, como lo podrá apreciar el compañero lector. Por este motivo hemos postergado para nuestro próximo número la publicación del análisis creado con la caída del somocismo”.

La revolución en Nicaragua abre una nueva etapa de la revolución latinoamericana. La Tendencia Cuarta Internacionalista se dirige al conjunto de la dase obrera, de los oprimidos y de los revolucionarios, para señalar su orientación política y, consecuentemente, las tareas y consignas que propugna para lograr la victoria de la revolución, como parte de la revolución socialista mundial.

La revolución nicaragüense constituye una aguda demostración del carácter esencial de nuestra época de decadencia del capitalismo, de guerras y revoluciones, de grandes levantamientos de los pueblos (…) 1

Los gobiernos del Pacto Andino han ejercido un indisimulado intervencionismo en la Junta de Reconstrucción y agotan todas las instancias para imponer el tránsito “pacifico”. (…) 1

Asimismo, la revolución nicaragüense es una elevada expresión del actual período de ascenso obrero y revolucionario Internacional, que progresa convulsivamente en medio de derrotas parciales y nuevos impulsos en condiciones de artera traición de las direcciones obreras tradicionales y de las llamadas direcciones nacionalistas.

Es bajo el fuego de esta lucha que tiene necesariamente lugar la maduración política del proletariado, su conversión en dase para sí, es decir en partido revolucionario.
 

La guerra civil en Nicaragua es una poderosa insurgencia revolucionaria del conjunto de las masas de la nación oprimida, cuya dirección se encuentra en manos del Frente Sandinista de liberación, y de sus aliados, —los doce, el FAO, el Consejo de entidades empresarias, etc. El Frente Sandinista de liberación no es una dirección proletaria—para serlo debería encarnar, por sus métodos y programa, los intereses históricos del proletariado, es decir, la estrategia de la dictadura de la clase obrera. Pero el FSLN se ha pronunciado por un gobierno burgués democratizante de coalición con los partidos burgueses y el empresariado no somozista, y por el respeto de la propiedad privada. Según las últimas informaciones, acaba de aprobar un programa de orden burgués, en el que se establece, además, la reestructuración del ejército per manen te, el pago puntual de la deuda externa y la colaboración del capital, extranjero, es decir, un programa de reconstrucción del Estado burgués.

¿Puede triunfar la revolución sobre estas bases? ¿Puede asegurar esta estrategia la solución radical de los gravísimos problemas del atraso del país y la opresión nacional de las masas nicaragüenses?

Es indudable que no. La más elemental reivindicación de las masas -la extirpación de raíz de 'la dictadura somocista, la satisfacción de la aspiración a la tierra de las masas campesinas y la completa y cabal independencia del país exige, mínimamente, la confiscación de la gran propiedad agraria y del somocismo, la recuperación para la nación del control de sus recursos estratégicos y el armamento de los obreros y campesinos. La realización de este programa democrático revolucionario choca de inmediato con la propia burguesía democratizante, ligada al gran latifundio, al capital extranjero, y durante 40 años defendida por la guardia nacional. La estrategia burguesa democratizante formulada por el FSLN y sus aliados de la Junta de Reconstrucción Nacional no es otra cosa que una soga atada al cuello de la revolución y de las masas insurgentes. Sólo la conquista del poder por el proletariado, apoyado en los campesinos y los oprimidos de la ciudad, puede asegurar la victoria de la revolución, es decir, la satisfacción de un modo cabal de las reivindicaciones de las masas.

Constituye un descomunal despropósito, por todo esto, decir que la revolución nicaragüense es una revolución proletaria. Es indiscutible que están presentes en primer plano las grandes mayorías nacionales. Pero este es el rasgo común de toda verdadera revolución como ha ocurrido, por ejemplo, en las revoluciones burguesas que se desarrollaron en el siglo pasado en el viejo continente. En Nicaragua, ciertamente, los obreros están presentes físicamente en la guerra civil, pero no como clase, a través de sus s organizaciones independientes, y mucho menos en calidad de dirección lo que implicaría la ya existencia de su partido obrero revolucionario.

En 1973-74 Nicaragua conoció un importante ascenso de la clase obrera, debidamente estrangulado por la dirección stalinista. Esto, sumado a la historia política muy reciente del proletariado, explica que hoy los sindicatos no jueguen un papel relevante en la revolución, y que estén a la cola del frente burgués.

La presencia del proletariado en la revolución, por mínima y desarticulada que sea, es un rasgo inevitable de toda revolución, en esta época en que el capitalismo se ha transformado completamente en un sistema mundial. Esto quiere decir que todo gran levantamiento de las masas plantea potencialmente la revolución proletaria. Contra esta perspectiva se levantan las direcciones contrarrevolucionarias cuya estrategia es la colaboración de clases. Pero para que lo potencial se transforme en efectivo, la tendencia en germen en fenómeno dominante y hegemónico, es necesario que el proletariado madure políticamente bajo la experiencia sandinista, choque contra sus propias ilusiones en esta fracción política, desarrolle su independencia de clase y, en definitiva, construya su partido revolucionario.

Estamos en presencia, no de una revolución proletaria, sino de una insurgencia de las masas oprimidas dirigidas por la pequeña burguesía, que actúa por cuenta de la burguesía nacional y por las fracciones democratizantes de ésta. Pero la guerra civil en marcha es, aunque grandiosa, el primer germen de la revolución que, bajo el fuego de la crisis social y política y los choques entre los oprimidos y los explotadores nativos democratizantes, irá transformándose en una gigantesca revolución social.

Las tendencias foquistas que fracasaron completamente en toda la década pasada, pretenderán ver en la revolución nicaragüense una revigorización de sus planteos. Confunden foquismo -episodio armado de un pequeño grupo que pretende sustituir políticamente al proletariado y su partido- con la guerra de guerrillas, un método de lucha de las grandes masas, o con la guerra civil. EL foquismo pretende olvidar el monstruoso fracaso del FSLN, de 1960-1978, período en el que protagonizó un foquismo consecuente, que lo llevó a la división y al descrédito. La revolución nicaragüense no tiene su origen en la estrategia foquista; todo lo contrario: es el producto de la exacerbación de la crisis social, que se transformó en una crisis del régimen político por la división de la burguesía y la intervención de las masas. El FSLN se ha transformado en el canal y dirección de las masas, a pesar de su política, por el vacío total de dirección de las propias masas y por el propio atraso político del proletariado. En las condiciones de la guerra civil la dirección del FSLN sigue representando una estrategia de sustitución de la dirección del proletariado y de colaboración con la burguesía. En la medida en que es hoy un gigantesco canal de masas el FSLN representa, desde el punto de vista de dase, un movimiento de todas las formaciones precapitalistas del país -desde la pequeña burguesía acomodada, ligada a la gran burguesía y el imperialismo (que tiene un papel preponderante en la dirección del FSLN) hasta el proletariado atomizado, pasando por los campesinos y los diversos estratos de capas pobres de las ciudades— en estas condiciones, existe la probabilidad de que se desarrollen tendencias plebeyas que aspiren a medidas radicales en materia agraria y nacional. La política de la TCI frente a estos movimientos, será la de orientar su lucha contra la dirección colaboracionista, desarrollar su tendencia a fundirse en la dase obrera, esto por medio del programa de la dictadura proletaria.

Desde los primeros signos de la crisis revolucionaria la tendencia de la contrarrevolución se fue estructurando, teniendo por eje y dirección al imperialismo norteamericano. Este ha sostenido consecuentemente a Somoza a través de todos los episodios y negociaciones relativas a una salida “pacífica”. Lo ha armado sin tapujos, directamente o por medio del estado sionista, las dictaduras de Centro América y Videla. Ya en plena guerra civil propuso la intervención militar de la OEA para imponer un cese del fuego. Para el imperialismo yanqui, lo decisivo es evitar el desmantelamiento de “guardia nacional” -ya que esto entrañaría la posibilidad del armamento de las masas— y arribar a un pacto de garantías con la Junta de Reconstrucción, para implementar el tránsito “pacífico”. La dirección burguesa anti-somocista ha entrado directamente en esa negociación política. Contra los intentos de salvaguardar al Estado burgués, y sus organismos armados, la TCI se pronuncia por el armamento de las masas, más precisamente por la formación de milicias obreras y campesinas, dando así expresión consciente a la tendencia misma de los explotados de Nicaragua.

(…) 1

Los oportunistas de toda laya se han apresurado en saludar y apoyar la postura del Pacto Andino la TCI denuncia toda forma de apoyo crítico a la burguesía democratizante como una política de estrangulamiento democrático de la revolución. Contra esta impostura contrarrevolucionaria, la TCI llama a la lucha por el derrocamiento de los gobiernos burgueses de América Latina y por los Estados Unidos Socialistas de Centro y Sudamérica. Con esto la TCI da una expresión consciente a la tendencia de la revolución nicaragüense a transformarse en centroamericana— tarea en la que la burguesía del siglo XIX fracasó enteramente.

¿Cuál es la tarea fundamental, concreta, de los explotados y revolucionarios de América Latina ante la revolución nicaragüense?

La mejor solidaridad con las masas insurgentes de Nicaragua no es otra que la de contribuir a minar el poder del imperialismo y las burguesías— hostiles por razones de clase a la revolución— y esto sólo es posible, fundamentalmente, luchando por la revolución proletaria en cada uno de nuestros países. Como parte de esta lucha, la agitación por la defensa de la revolución nicaragüense, debe hacer centro en la denuncia de la burguesía de cada país mediante la propaganda, la agitación y las manifestadoras de masas. Para la TCI esta es, además, la forma de ayudar a la maduración política del proletariado latinoamericano como dirigente de la revolución.

Algunos impostores, que se disfrazan de trotskystas, plantean por el contrario, que se debe formar una brigada latinoamericana para luchar militarmente en Nicaragua. Nadie en su sano juicio puede oponerse por principio, a la formación de tales brigadas. Pero, preguntamos: ¿a la revolución nicaragüense le faltan hombres, o más bien el 90 por ciento de las masas están en .pie de guerra? Y ¿cuál es la orientación política de esa brigada? ¿se unen, políticamente a los destacamentos proletarios (lamentablemente inexistentes) para luchar por la revolución obrera, o se someten incondicionalmente a la dirección burguesa?

Esta última es la posición de los impostores. Estos sostienen el desatino de que para participar militarmente en la revolución hay que someterse previamente a las tendencias extrañas al proletariado. Nos vemos en el deber de denunciar, además, la forma indiscriminada del reclutamiento que hacen los impostores —fácil terreno para la infiltración política de elementos hostiles a la clase obrera.

La TCI se declara completamente solidaria con todo el movimiento de los explotados nicaragüenses que aspiran y luchan por la completa liberación nacional y social. La TCI pretende, en esta lucha, representar los intereses de conjunto de estas masas por la revolución proletaria latinoamericana y mundial. Dentro de la estrategia de la dictadura proletaria la TCI señala el enorme valor de reivindicaciones agrarias democráticas y antiimperialistas. Contra la tendencia de la dirección burguesa de estructurar un gobierno de reconstrucción del Estado, y dejar para las calendas griegas la expresión de la soberanía popular, la TCI plantea el reclamo de la convocatoria de una asamblea constituyente soberana .y democrática como la forma de desarrollo consecuente de las aspiraciones políticas democráticas y para desnudar la demagogia democratizante de la burguesía. Para la TCI, se trata de una consigna transitoria que se subordina a la estrategia de la revolución proletaria.

Por todo lo dicho planteamos:

-Abajo Somoza

-Ruptura total con la burguesía, agente del imperialismo y estranguladora de la revolución

-Por las milicias obreras y campesinas

-Por la revolución agraria y antiimperialista, ocupando las tierras y los grandes bancos y fábricas

-Por la Asamblea constituyente soberana y democrática

-Por el gobierno obrero y campesino

-Por los Estados Unidos Socialistas de América Latina


 

La Paz, 16 de julio, de 1979

Partido Obrero Revolucionario (Bolivia)

Política Obrera (Argentina)

Organización Trotskysta Revolucionaria (Perú)

Comité de enlace de los militantes trotskystas chilenos

Política Proletaria (Venezuela)

TendenciaTrotskysta (Brasil)

Liga Obrera (Palestina) (organización simpatizante)


 

1 En el texto original hay tres oraciones incompletas que no logramos reconstruir. Lo hemos reemplazado con este paréntesis.


 

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