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11 de octubre de 2018 | #1523

La Revolución boliviana irrumpe en América Latina y en la IV Internacional (II)

Segunda parte

El 9 de abril de 1952 comenzaba la revolución obrera más importante de la historia de América Latina. Las masas bolivianas salieron a las calles y asaltaron los cuarteles contra el gobierno de “La Rosca” (un puñado de “barones del estaño” y terratenientes), que había ensayado un autogolpe para no reconocer la victoria del MNR en las elecciones presidenciales de 1951. La insurrección obrera abrió una situación revolucionaria que tomó por sorpresa al MNR, cuando negociaba su rendición en la embajada chilena, luego de que intentara un fracasado golpe militar palaciego.

El doble poder

El nacionalista Paz Estenssoro, del MNR, volvió de su exilio para asumir la presidencia, pero las milicias obreras “desde el primer día, se presentaron en el Palacio Quemado [la Casa de Gobierno de Bolivia] montando guardia (…) estas turbas manejaban ahora las mejores armas automáticas (...) y estaban dispuestas a mandar.”1

Pocos días después se fundó la Central Obrera Boliviana (COB), que funcionaba como órgano de deliberación y organización de los obreros y sus milicias. Liborio Justo señala que la COB fue, desde su fundación, el poder real y efectivo en Bolivia; la otra autoridad en el Palacio Quemado era una sombra que se mantenía sólo porque la COB le permitía existir bajo su propio control. El propio Lora, dirigente del POR, decía que durante los primeros meses “Paz no era más que un prisionero de la COB”2. Los sindicatos más importantes, sobre todo los mineros, pero también los fabriles y campesinos, tomaron durante un tiempo en sus manos la solución de los problemas vitales en cada lugar y las autoridades, si no eran destituidas, debían someterse a sus decisiones.

La movilización obrera y campesina, que había creado sus propios organismos de poder (la COB) y sus milicias, había entregado el gobierno al MNR. Esta situación de doble poder, tal como ocurrió con el febrero ruso de 1917, podía ser la antesala de una segunda revolución que llevara a los trabajadores al poder, pero también de la contrarrevolución. La escisión de la sociedad en dos campos irreconciliables sólo podía ser transitoria. Los primeros meses serán decisivos.

La política del POR

Antes de las jornadas de abril, la consigna central del Partido Obrero Revolucionario (POR), frente al golpe militar que desconoció las elecciones, era el llamado al frente único al MNR y al stalinismo para luchar por la “constitucionalización inmediata del país mediante la entrega del mando a Paz Estenssoro, para cumplir la voluntad de las masas expresada en las elecciones de mayo de 1951”3. La insurrección obrera de abril rebalsó el alcance inicial de esta consigna creando el doble poder. La entrega del mando a Paz Estenssoro dejaba en manos de la pequeña burguesía nacionalista los frutos de la revolución de abril. En una entrevista a La Verité, el periódico trotskista francés, el 17 de abril de 1952, Lora (exiliado en París al momento de la insurrección), ante la pregunta de si el POR estaba en la vanguardia de la lucha respondió “Sí, y apoya a la fracción de izquierda del nuevo gabinete”.4 A diferencia de Lenin que, en sus “Cartas desde lejos”, enviadas desde su exilio suizo, llamaba a no confiar en el gobierno provisional y preparar las condiciones de una nueva revolución que desplazara al gobierno provisional y llevara a los obreros al poder, la orientación del POR fue la contraria. Apoyar al ala izquierda del gobierno. También apoyó el ingreso de los dirigentes de la COB como ministros del gobierno, en un cogobierno subordinado a la dirección del MNR (Lechín, secretario general de los mineros y de la COB, pasó a ser ministro de Minas y Petróleo). El POR no levantó una posición independiente frente al gobierno del MNR, no reclamó “todo el poder a la COB” ni agitó en favor de medidas prácticas que permitieran a las masas completar su experiencia con el gobierno como la ocupación de las minas. Esta orientación colaboró para que las masas consideraran al gobierno del MNR como propio y le dio a éste el tiempo suficiente para debilitar el doble poder mediante la estatización y burocratización de la COB y, más adelante, la desarticulación de las milicias y la reconstrucción del Ejército.

Inicialmente, el POR tuvo una presencia numerosa en el “Ampliado” de la COB, pues sus militantes habían recibido mandatos de delegaciones del interior. Pero esto no era el resultado de una estructuración política propia, pues ésta era muy débil y no se estaba llevando adelante una política de delimitación. Por eso, cuando en octubre del ’52 el POR logra aprobar en un Ampliado una carta abierta al Presidente, rechazando al decreto que nacionalizaba las minas mediante una compensación económica, el MNR logró desplazar a los delegados poristas por propios y revirtió la votación. La maniobra fue llevada adelante por el “ala izquierda” del MNR y contó con la colaboración del stalinismo, que se había reconvertido subordinándose al MNR y ayudándolo a desplazar al POR de sus posiciones sindicales. La campaña contra el POR la justificó Paz Estenssoro en un discurso desde el balcón del Palacio Quemado: “Las acciones de nuestro gobierno están de acuerdo con la etapa histórica en la que se encuentra el pueblo boliviano y, precisamente por eso, no podemos llevar a cabo una revolución social. En consecuencia, aquellos que plantean demandas extremistas están saboteando la Revolución”5. Para mediados de 1953, el POR había perdido la dirección de todos los sindicatos de La Paz y el 50% de los delegados de la COB eran funcionarios de gobierno.

La posición de la IV y de las corrientes trotskistas argentinas

Como señalamos en la primera nota en el número anterior, el III Congreso de la Cuarta Internacional de agosto de 1951 había orientado al POR al seguidismo al MNR. Después de la Revolución de abril, una resolución del Secretariado Internacional (SI), de noviembre de 1952, ratificando esa orientación, planteaba que el POR debía “continuar evitando aislarse de las masas sobre las que ejerce siempre una fuerte influencia el MNR, y sobre esto no aislarse de la base del ala izquierda de aquél (...) Esta doble preocupación se concretó en el apoyo crítico acordado al gobierno del MNR”6. Es decir, un aval al apoyo al gobierno del MNR con la excusa de que se “apoyaba a su ala izquierda”.

Posadas, en vísperas de convertirse formalmente en la dirección del Buró Latinoamericano (BLA), acompañando esta posición, sostenía que el papel de los trotskistas en los países atrasados debía ser apoyar críticamente al estalinismo o al nacionalismo pequeño burgués, quienes llevarían a cabo las tareas revolucionarias.

Nahuel Moreno, por su parte, caracterizaba que “las dos alas existentes en el seno del MNR expresan actualmente los intereses del proletariado y la burguesía (...) Exigid la integración del gobierno de Paz Estenssoro con ministros obreros, elegidos y controlados por la Federación de Mineros y la nueva Central Obrera. Exigid a vuestros ministros obreros el fiel y rápido cumplimiento de las resoluciones aprobadas por la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB)”7. Es decir, la lucha de clases quedaba encerrada en una disputa dentro del MNR, el partido pequeño burgués nacionalista que estaba estrangulando la revolución. Nada de marcar una orientación independiente. Esta posición de Moreno es la que va a fundamentar al poco tiempo su largo entrismo en el peronismo “bajo la disciplina del general Perón”.

La X Conferencia del POR

En la X Conferencia del POR, de junio de 1953, se delinean dos corrientes, una subordinada al SI y una fracción liderada por Lora (la Federación Obrera Local -FOL) que se le oponía. La resolución aprobada, a propuesta del FOL, no impuso un verdadero viraje sino que sostuvo que “la tarea inmediata del POR no es gritar ‘abajo el gobierno’ sino exigir que realicen las reivindicaciones fundamentales de la revolución (...) Se podría plantear la eventualidad de un gobierno de coalición del POR y el MNR, que sería una manera de realizar la fórmula ‘gobierno obrero-campesino’ que, a su turno, constituía la etapa transitoria hacia la dictadura del proletariado”. Como señala Pablo Rieznik, “se postula la variante de una ejecución por parte del MNR de las ‘reivindicaciones fundamentales de la revolución’ y de un gobierno obrero-campesino (…) que no emergería como fruto del desplazamiento del poder hacia las organizaciones soviéticas de las masas (…) esto significa que se plantea en los marcos del Estado burgués, lo que constituye la esencia menchevique de la formulación”.8
El resultado fue que la mayoría de la fracción lorista del FOL, liderada por Edwin Moller, el principal dirigente sindical del POR durante el ’52, termina rompiendo en 1954 para llevar a fondo su integración al ala izquierda del MNR.

Conclusiones

La revolución boliviana deja lecciones. El POR no supo enfrentar las presiones del nacionalismo y se terminó diluyendo políticamente en el ala izquierda del MNR. Su retroceso no fue un problema organizativo sino político. Pero tampoco se puede reducir el balance a la utilización más o menos adecuada de una consigna (“Todo el poder a la COB”, en este caso). Una consigna correcta en un escenario de doble poder es necesaria pero no siempre suficiente. El POR, a pesar de su ascenso en 1947, no había podido lograr una estructuración partidaria basada en una delimitación del nacionalismo pequeño burgués.

El fracaso de la revolución boliviana muestra también los límites de los organismos de doble poder de los trabajadores, cuando falta un partido estructurado entre las masas que lo oriente por un rumbo revolucionario. La emancipación de los trabajadores fue y será obra de los trabajadores mismos, a través de sus organismos propios de deliberación y organización, pero con la presencia de un partido revolucionario que los oriente.


1. Ostria Gutiérrez A. (1956): Un pueblo en la cruz. El drama de Bolivia” citado en Liborio Justo (2007), “Bolivia: La revolución derrotada”, Ediciones RyR, Buenos Aires, pág. 247-248.
2. Lora, G. (1964): La Revolución boliviana (Análisis crítico), La Paz, pág. 125.
3. Citado por Sándor John, S. (2016): “El trotskismo boliviano: revolución permanente en el Altiplano”. La Paz: Plural editores, pág. 178.
4. Citado por Sándor John, S. (2016), op. cit.
5. “El pensamiento revolucionario de Paz Estenssoro” (1954), Secretaría Ejecutiva del Comité Político Nacional del M.N.R.
6. Citado por Lora, G. (1978): “Historia del POR. Contribución a la historia política de Bolivia”. Tomo III, Ediciones Isla, La Paz, pág. 38.
7. Frente Proletario (29/5/52).
8. Rieznik, P. (1991): “El POR en la Revolución Boliviana de 1952”, En Defensa del Marxismo” Año 1 N° 2, pp. 93 a 97.

 

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