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27 de mayo de 1999 | 628

1969-1999: El Cordobazo

Por Luis Oviedo

Córdoba en las vísperas

A comienzos de 1969, se habían concentrado en Córdoba un conjunto de luchas y contradicciones políticas y sociales potencialmente explosivas.

En el curso de los dos años del onganiato, los salarios habían caído el 8% y la desocupación superaba el 10%; en el mismo período, la ‘productividad’ en las plantas automotrices (que ocupaban al 50% de la mano de obra industrial de Córdoba) había aumentado, según las propias patronales, entre un 60 y un 80%.

La clase media y el pequeño comercio, golpeados por la caída del mercado interno, estaban agobiados por los impuestazos. La rebelión de la pequeñoburguesía encontraba su expresión más combativa en la lucha de los estudiantes universitarios, que protagonizaban sistemáticas movilizaciones callejeras. El aumento del transporte y de los artículos de primera necesidad, decretado por la dictadura a principios de mayo, terminó de poner a la población en virtual estado de sublevación.

También en Córdoba, las luchas obreras venían en ascenso. Desde diciembre de 1968, la UOM venía con una serie de exitosas huelgas por la derogación de las ‘quitas zonales’, una disposición que permitía la reducción de los salarios en el interior del país. El protagonismo del bloque vandorista en este movimiento le permitió retomar el control de la rebelde seccional cordobesa de la UOM; también la UTA y el Smata-Córdoba estaban enrolados en el vandorismo. A principios de mayo, después de años de retroceso y debilidad gremial, la UTA cordobesa ‘sorprendió’ con un muy masivo paro de transportes por el reconocimiento de la antigüedad y las categorías de los choferes.

El ‘laboratorio’ del Cordobazo

El ‘laboratorio’ de la huelga política que alteraría la historia argentina se encontraba, sin embargo, en las fábricas automotrices, en Santa Isabel, Perdriel, Transax, Ilasa.

Varios hitos revelan la evolución de este activismo. El 28 de junio de 1968, en el aniversario del ascenso de Onganía, los obreros de Perdriel abandonaron la planta, se movilizaron junto a los estudiantes y sostuvieron enfrentamientos callejeros con la policía en el barrio Clínicas. Dos meses después, el 16 de agosto, durante un paro del Smata, los obreros de Santa Isabel se defendieron valientemente contra la represión policial. En octubre, esos mismos obreros ovacionaron en un acto de mil personas la propuesta de la agrupación clasista Vanguardia Obrera Mecánica (VOM, orientada por Política Obrera) de convocar un paro regional en solidaridad con la huelga petrolera de Ensenada. Las patronales tenían planes para despedir a mil compañeros, lo que llevó a que desde principios de mayo comenzaran sistemáticos paros, quites de colaboración y petitorios. Durante todo 1968, los activistas mecánicos cordobeses discutieron la necesidad de una movilización política general contra la dictadura y los medios organizativos para garantizarla.

"La prueba clara de la madurez (de esta vanguardia) —afirmaba Política Obrera una semana antes del Cordobazo— es la gigantesca influencia que ha alcanzado la agrupación clasista VOM en los últimos cuatro meses. Las principales secciones de la fábrica han seguido las orientaciones prácticas de los volantes de la agrupación en el 90% de los conflictos, en especial en la lucha contra la ‘racionalización’. Pero esta influencia no es sindical solamente sino también política. Para construir la agrupación se discutieron los problemas tácticos del movimiento obrero y revolucionario, la lucha contra la represión, la unificación con el resto de las luchas proletarias y la construcción del partido" (1).

El Cordobazo fue concebido y protagonizado por esta vanguardia. La dirección ongarista de la CGT-A, cuyo principal representante en Córdoba era Agustín Tosco, no hizo nada para favorecer esta evolución política. Al contrario, los ongaristas de Córdoba siguieron durante los movimientos de lucha de 1968/69 una cuidadosa política de ‘no injerencia’ en los ‘asuntos internos’ del Smata.

El Cordobazo empezó el 14 de mayo

El proceso político que desembocó en la huelga general del 29 de mayo comenzó dos semanas antes, con la histórica asamblea del Smata en el desaparecido Córdoba Sport.

Dos días antes, la dictadura había derogado por decreto el ‘sábado inglés’ que regía en cinco provincias, entre ellas Córdoba. Esta antigua conquista obrera establecía que se trabajaban semanalmente 44 horas, pero se pagaban 48 horas. El ‘decretazo’ —que establecía un alargamiento gratuito de la semana laboral del 10%— desató una rebelión en las fábricas mecánicas y en todo el proletariado cordobés.

Para el día 14, el Smata convocó a una asamblea general para discutir un plan de lucha contra la derogación del‘sábado inglés’, que fue prohibida por el gobierno provincial. A pesar de la prohibición, 5.000 mecánicos entraron al Córdoba Sport y otros mil debieron quedar afuera. Desde el vamos, el activismo impulsó el paro y la manifestación callejera. Pero antes de que concluyera la asamblea, la policía empezó a reprimir a los trabajadores que estaban fuera del estadio y, poco después que Elpidio Torres —el secretario general del gremio— planteara un paro general de 48 horas para el 15 y 16 de mayo, la masa de mecánicos que estaba dentro salió a la calle a defender a sus compañeros que luchaban con la policía. Desde los techos, los trabajadores arrojaban a la policía todo lo que encontraban a mano; en la calle, la lucha duró varias horas. La actitud de los trabajadores, que no retrocedieron frente a la represión, prenunciaba lo que sucedería apenas quince días después.

Al día siguiente, pararon el Smata, la UOM y la UTA, gremios vandoristas, pero no la CGT-A de Ongaro-Tosco. Durante el día, bajo la intensa presión de abajo, fueron parando distintos gremios y fábricas. Recién al otro día, y ante la evidencia de que la ciudad sería paralizada por los trabajadores, la regional Córdoba de la CGT-A ‘decretó’ la huelga provincial.

 

La lucha estudiantil en el interior

La lucha de los obreros cordobeses empalmó con un agudísimo movimiento de lucha estudiantil del interior del país. El 15 de mayo, en Corrientes, miles de universitarios manifestaron contra el aumento de los precios del comedor universitario y chocaron con la policía. Cae muerto el estudiante Juan José Cabral. Tres días después, la bronca estudiantil estalla en Rosario, donde cae asesinado Adolfo Bello. A su entierro concurrieron más de 10.000 manifestantes.

Lejos de atemorizar, la represión exacerbó la lucha. El 21 se declara la "huelga universitaria" en Rosario y cae un nuevo mártir, el estudiante y aprendiz metalúrgico Norberto Blanco. La combatividad de los manifestantes obliga a la policía a retroceder, por segunda vez en dos días. Se trata de una enorme victoria popular.

La dictadura acusa el golpe: pone a Rosario bajo mando militar. La CGT regional, a instancias de la UOM vandorista, responde con un paro general que es cumplido masivamente. Las manifestaciones estudiantiles y los choques con la policía se repiten el 24 en el barrio Clínicas de Córdoba y el 27 en Tucumán. El 28, en las vísperas del Cordobazo, la dictadura establece Consejos de Guerra para juzgar a los huelguistas y a los manifestantes.

Pocos días antes, el 21, un plenario de delegados con barra del Smata había votado un paro de 48 horas con movilización para la semana siguiente. "Los activistas de Kaiser arrancaron esta línea contra las vacilaciones de Torres, lo que luego fue aceptado por el conjunto de la burocracia sindical, en especial A. Tosco" (2). También la UOM de Córdoba vota un paro de 48 horas, en un plenario en el que juegan un papel destacado los delegados de Vanguardia Metalúrgica.

Es muy interesante observar cómo recibieron los activistas mecánicos de base la resolución del paro de 48 horas con movilización que arrancaron la barra y los delegados clasistas el día 21. "Aprobado este curso de acción, el entusiasmo cundió entre la gran masa de obreros, al mismo tiempo que se discutía ahora qué clase de gobierno debía reemplazar a la dictadura derrocada. No se esperaba derrocarla con una manifestación, pero la perspectiva política era claramente discutida, aunque confusamente resuelta" (3). Resulta evidente que la consigna de "un gobierno obrero y popular" que dominó el Cordobazo no fue un slogan de circunstancia sino que formaba parte de una maduración política de conjunto de la vanguardia mecánica y obrera de Córdoba.

En función de las resoluciones del Smata y la UOM, Vandor se entrevistó con Tosco, Torres, Simó (UOM Córdoba) y Atilio López (UTA Córdoba). Fue entonces que la CGT vandorista, seguida por la de Ongaro, declaró un paro nacional para el 30 de mayo. En Córdoba, el paro comenzaría un día antes, el 29 de mayo. El Cordobazo estaba en marcha.

 

La histórica jornada del 29 de mayo

A las once de la mañana, las primeras columnas obreras comenzaron a convergir sobre el centro de la ciudad. Las más numerosas y aguerridas, las del Smata y, en particular, la de Santa Isabel, sostiene los primeros choques con la policía y cae el obrero mecánico Máximo Mena, el primer mártir del Cordobazo.

Los obreros van preparados con gomeras y bulones, botellas con combustible y ‘miguelitos’ para enfrentar a la policía; se levantan las veredas para arrojar las baldosas a los represores y se construyen barricadas. La lucha es sin cuartel. Ante la inusitada resistencia que oponen los trabajadores, la policía retrocede y desertan 400 efectivos. "La policía de Córdoba —decía entonces Política Obrera—, en menos de un año, apaleó a todas las clases sociales de la ciudad; el 29 de mayo, la casi totalidad de la ciudad apaleó a la policía" (4).

A media tarde, la ciudad está en manos de los huelguistas que demuestran una abnegación, un heroísmo y una disciplina que la prensa reaccionaria de la época, contra su voluntad, se ve obligada a reconocer.

La jornada del 29 de mayo superó las previsiones de todos los sectores, quienes se encontraron con que los trabajadores habían derrotado a la policía y habían ocupado el centro de la ciudad. Ninguna dirección sindical había previsto esta posibilidad ni, una vez producida, le dio una respuesta. Al contrario, en las primeras horas de la tarde comienzan a percibirse síntomas de que las direcciones sindicales, tanto la vandorista como la tosco-ongarista, intentan frenar la lucha.

Breenan da una muestra ‘física’ del abismo que separaba por esas horas a los trabajadores mecánicos de la burocracia sindical: "La dirigencia de la UOM se retiró a su sede central en la más segura zona este de la capital y dejó de participar por completo en el levantamiento. Juan Carlos Toledo, un periodista local (...)visitó la sede de la CGT, donde habían buscado refugio Correa y otros líderes gremiales. Allí encontró trabajadores asustados y dirigentes aturdidos, una visión que contrastaba con el desafío y la ira que había advertido en los rostros de los obreros de la columna del Smata en la Plaza Vélez Sarsfield. (Elpidio) Torres había estado en su sede sindical desde las primeras horas de la tarde y pasado de la euforia a la petulancia y de ésta al abatimiento. Desde el comienzo de los incendios en la avenida Colón, se había sumido en un sombrío malhumor y cortado temporariamente las comunicaciones con Tosco, apartándose durante un período de varias horas de la participación directa en el levantamiento" (5).

En un fuerte contraste con el abandono de la movilización por parte de la burocracia sindical, a las 17 horas, el Comité Regional Córdoba de Política Obrera emite un comunicado "dado en territorio cordobés ocupado por el pueblo". Allí se plantea toda una perspectiva estratégica para la lucha: "Comités de barrio y de barricada que junto a las CGTs se constituyan en gobierno provisional, obrero y popular de Córdoba. Por el inmediato desarme de todas las fuerzas de represión, por el levantamiento inmediato del estado de emergencia en todo el país, por el armamento de los trabajadores, estudiantes y el pueblo. Por el derrocamiento revolucionario de la dictadura y por la implantación de un gobierno obrero y popular de las CGTs apoyado en la formación de comités de acción por fábricas, barrios y barricadas en todo el país" (6).

Por la noche, la resistencia se trasladó del centro a los barrios estudiantiles Alberdi y Clínicas. El Ejército hizo su entrada con demora en la ciudad, de modo de sacar tajada de la crisis a favor de la fracción de Lanusse. "Alrededor de las once de la noche, piquetes de trabajadores de Luz y Fuerza entraron en la planta eléctrica de Villa Revol y produjeron un apagón en la ciudad. El apagón desorientó temporariamente a las tropas del ejército, permitiendo que los manifestantes recuperaran la iniciativa. Los incendios y los combates duraron toda la noche. Cuando la infantería se movilizó para el asalto final al barrio Clínicas, las marchas de protesta previamente planificadas para la huelga general de ese día atrajeron a gran parte del pueblo y obstruyeron las calles céntricas, obligando a los jefes militares a posponer su ataque" (7). El ejército sólo logró ‘normalizar’ la situación en los primeros días de junio.

El 30 de mayo, el paro general decretado por las dos CGTs fue de una excepcional masividad, reflejando el respaldo de la Argentina obrera y popular a los huelguistas cordobeses.

 

Después del 29

Cuando todo el activismo cordobés y del interior esperaba la continuidad de las medidas de lucha, la CGT-A se reunió el 3 de junio y resolvió pasar a un cuarto intermedio hasta el 11. También la regional cordobesa dejó pasar el tiempo y sólo ante una presión descomunal de su base, el Smata declaró un paro general para el 16 y 17 de junio.

Mientras tanto, la dictadura había reorganizado su gabinete. Dagnino Pastore había reemplazado a Krieger Vasena y el general Carcagno, un hombre de Lanusse, fue designado interventor en Córdoba.

Carcagno decretó feriado para el 16, ante lo cual la CGT regional levantó el acto que debía seguir al paro. De cualquier manera, miles de trabajadores se movilizaron en concentraciones improvisadas por el activismo en los barrios. El 1° de julio, la CGT-A lanzó por la suya un paro nacional de 24 horas, que fue cumplido por muchos trabajadores a pesar de la deserción del 90% de la burocracia. Pero ése fue el canto del cisne del ongarismo.

La ‘reorganización de las 62’ ordenada por Perón progresó rápidamente. Vandor no alcanzó a verla porque fue asesinado el 30 de junio, pero el vandorismo, ahora aliado a Perón, retomó el control de las regionales cegetistas. En Córdoba, el vandorismo obtuvo por primera vez la mayoría en un plenario realizado el 25 de julio; pocos meses después, Elpidio Torres fue designado secretario general de la regional.

La reunificación de la burocracia alrededor de las 62 tenía un carácter defensivo frente a la irrupción antiburocrática que se multiplicaba a medida que nuevos contingentes de trabajadores se iban sumando a la lucha. En el seno de la vanguardia obrera, en Córdoba y en todo el país, la experiencia comenzada por el Cordobazo estaba lejos de haber terminado.

La CGT-A se agotó rápidamente. Estuvo a la cabeza de la CGT en oportunidad de un movimiento de envergadura histórica, pero esto no le hizo superar sus limitaciones. Se mantuvo de espaldas a las masas que revolucionaban al país. Decir que fue incapaz de superar su letargo pese al soplo de vida y la renovación sindical que significó el Cordobazo es escribir su definitivo epitafio.

 

Quién dirigió el Cordobazo

La gigantesca movilización nacional que tuvo su epicentro en Córdoba no fue un desborde espontáneo de una masa hambrienta y enardecida. Lo demuestran los métodos de lucha empleados y la actitud consciente de los manifestantes en la calle —que no retrocedieron frente a la policía y buscaron por todos los medios extender su dominación territorial—. "Algunas de las características distintivas de la destrucción que rodeó al Cordobazo fueron la baja incidencia del pillaje y la preferencia por blancos de algún simbolismo político e ideológico(como el incendio de las oficinas de la empresa Xerox)" (8).

Lo demuestra también la alianza combativa entre el proletariado y los estudiantes —conscientemente promovida por la vanguardia obrera— y el lugar dirigente ocupado por ésta en el curso de toda la movilización. "Las radios cordobesas no vacilaban en decir (que) ‘los estudiantes siguen en todas partes las iniciativas de los obreros’..." (9).

La consistencia del movimiento y su sostenido ‘crescendo’ desde la asamblea del 14 de mayo en el Córdoba Sport hasta la jornada del 29 —durante casi tres semanas, a pesar de no tener una dirección política reconocida— y las consignas coreadas por los manifestantes —de lejos, la mayoritaria fue de la de "por un gobierno obrero y popular"— confirman que el Cordobazo estuvo lejos de ser un acto de espontaneísmo. Fue largamente preparado por el debate y la actividad de la vanguardia obrera mecánica.

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