13/04/2021

60 años de la batalla de Playa Girón: cuando Cuba aplastó la invasión yanqui

El combate estuvo signado por la declaración del carácter socialista de la revolución cubana.

Hace 60 años, el 15 de abril de 1961, se ejecutó un bombardeo sobre los aeropuertos de Cuba, iniciándose un desembarco de fuerzas contrarrevolucionarias, armadas y entrenadas por la CIA y el Pentágono yanqui.

La amenaza de una intervención militar contra la revolución cubana de 1959 se venía preparando desde hacía más de un año. A medida que la revolución avanzaba en sus medidas radicales, democráticas y antiimperialistas, el imperialismo adoptaba posiciones más beligerantes. Lo que a su vez fue respondido con un aumento de la radicalización revolucionaria. Frente a las primeras medidas de boicot económico a Cuba, el gobierno de Fidel y el Che solicitó la importación de hidrocarburos desde la URSS. Esto fue respondido por el gobierno de Eisenhower con la negativa de las refinerías de propiedad norteamericana instaladas en la isla a refinar el petróleo ruso por “incompatibilidad” (¿ideológica?) productiva. Este lockout de las refinerías instaladas en Cuba, llevó a que sus trabajadores las ocuparan y a que el gobierno revolucionario las expropiara. En pocos meses la casi totalidad de las empresas yanquis había sido expropiada (teléfonos, etc.). Todo esto fue iniciado con un desmantelamiento del Estado dictatorial de Batista. Las fuerzas armadas y represivas fueron disueltas y reemplazadas por el Ejército Rebelde de la guerrilla del Movimiento 26 de Julio y un vasto proceso de constitución de milicias populares (sobre una población de casi 7 millones de habitantes, se distribuyeron armas a más de un millón, organizando las milicias). Se estaba frente a uno de los principios básicos revolucionarios: la destrucción del estado opresor y el armamento general de la población.

Este proceso fue acompañado por el desarrollo de una nueva justicia popular revolucionaria y el “paredón” a los asesinos criminales de la represión de la dictadura de Batista. Una diferencia notable si se toma en cuenta el “juzgamiento” que al día de hoy continúa (40 años después de la dictadura) en la Argentina sobre los crímenes cometidos. El proceso lleno de demoras e impunidad permitió la preservación y mantenimiento del aparato militar y represivo.

El gobierno yanqui comenzó en 1959 mismo a reagrupar y financiar a los grupos batistianos y de emigrados contrarrevolucionarios. Desde marzo de 1960 fue preparando una invasión directa contra Cuba. Un memorándum de la CIA computa un sinfín de atentados terroristas hechos por sus comandos anticastristas, provocando 800 incendios que destruyeron 300 mil toneladas de azúcar, otros 150 que arrasaron 42 depósitos de tabaco, 2 fábricas de papel, diversas empresas y viviendas “de comunistas”. Ciento diez atentados con bombas afectaron una central de energía y una estación ferroviaria entre otras. El 3 de enero de 1961, el presidente republicano Eisenhower rompió relaciones diplomáticas con Cuba. Empezaba la cuenta regresiva para la invasión. La ruptura se hizo tres semanas antes de que asumiera el nuevo presidente electo, el demócrata John F. Kennedy. En esto no hubo grietas: Kennedy continuó el preparativo militar contra Cuba. La invasión debía estar precedida por el asesinato de Fidel, el Che y otros líderes, para desarticular cualquier resistencia. Para ello se asoció a capos mafia que habían perdido sus casinos con la revolución en Cuba. Se han contabilizado varios intentos fracasados.

El 12 de abril, tres días antes del inicio de la invasión, Kennedy declaró en conferencia de prensa: “no habrá invasión de Cuba por fuerzas armadas de los Estados Unidos”.

La CIA constituyó un ejército con emigrados contrarrevolucionarios que fue armado y entrenado por expertos militares yanquis en bases construidas en Guatemala. El desembarco de esta fuerza no tendría como objetivo estratégico derrotar militarmente, en forma directa, a las fuerzas revolucionarias. La idea era establecer una cabeza de playa, mínimamente estable, para que una “Junta Revolucionaria” solicitara el reconocimiento diplomático y pidiera una masiva y contundente intervención militar yanqui.

Mil quinientos hombres partieron desde la Nicaragua de Somoza (fueron despedidos por este pidiéndoles que le trajeran de trofeo un mechón de la barba de Fidel) custodiados por aviones norteamericanos y en barcos fletados por la United Fruit, el poderoso monopolio que era amo y señor en Centroamérica. El bombardeo de los aeropuertos cubanos fue hecho con aviones yanquis a los que se les había pintado emblemas de la fuerza aérea castrista para aducir que se trataba de una rebelión de las Fuerzas Armadas contra “el régimen”. (Un periodista yanqui descubrió -comparando fotografías- que el informe de la CIA era falso: se trataba de un modelo de aeroplanos que no contaba Cuba.)

Se hizo una ficción de desembarco en el norte de la Isla, de propósito diversionista, porque el 95% de la fuerza invasora se concentró en el sur. En la Bahía de los Cochinos, en Playa Girón, una zona pantanosa de difícil acceso. Justamente, el objetivo era dificultar la llegada de las fuerzas revolucionarias, para instalar la “Junta Revolucionaria” que habilitara el pedido de desembarco masivo de marines.

Pero el gobierno cubano se venía preparando para esta agresión imperialista. Apenas comenzaron los bombardeos fue movilizada toda la milicia y reforzado el armamento popular. Una parte de los aviones cubanos había sido deslocalizada y no fue afectada por el bombardeo que tenía por objetivo impedir el apoyo aéreo a la lucha que se iba a iniciar.

El domingo 16 se realizó un masivo acto en La Habana en homenaje a los caídos en el bombardeo del día anterior. Fidel Castro en un memorable discurso galvanizó a la población y, por primera vez, declaró el carácter socialista de la revolución. Esta declaración fue recibida con una ovación, mientras se coreaba el estribillo:

“P’alante, p’alante
Y al que no le guste
Que tome purgante”.

“Paredón, paredón” reclamaba la multitud movilizada.

Fidel balanceó: “di la respuesta, no solo militar, sino también política: proclame el carácter socialista de la revolución incluso antes de los combates de Playa Girón… Así que, del 16 de abril en adelante, se luchó por el socialismo en nuestro país”.

La aviación cubana se dedicó a hostilizar a la flotilla de barcos en que habían venido los “gusanos” (como los llamó el pueblo movilizado). Se hundieron varios barcos y se obligó al resto a retirarse, dejando sin pertrechos a los 1.500 que habían desembarcado.

Por otro lado, el peso fundamental del choque en tierra lo tuvieron las milicias populares. A medida que pasaban las horas, la cabecera de playa que se había adentrado varios kilómetros y tomado algunos poblados se fue viendo rodeada. Lo que sostenía a los “gusanos” era la espera de que la marina yanqui entrara en acción. El portaviones Essex estaba solo a unas millas listo para intervenir.

Pero, quizás, el hecho decisivo de la campaña del gobierno revolucionario es que lanzó una amplia redada contra todos los elementos contrarrevolucionarios. Fueron detenidas unas 100 mil personas en 48 horas, con listados armados previamente por la Inteligencia castrista y amplio apoyo popular. Con esto se dio un golpe fundamental a la “quinta columna” parte de la cual estaba organizada para realizar sabotajes, intentar bloqueos, etc. en el momento que se iniciará la invasión gusana. Esto fue decisivo. En el transcurso de una guerra civil es necesario eliminar o neutralizar a las expresiones contrarrevolucionarias. Estas eran enseñanzas que venían desde la Comuna de París en 1871 o la Revolución Rusa de 1917. En una guerra civil los frentes de lucha van y vienen de acuerdo a las contingencias: los que están presos hoy, son liberados mañana y se transforman en verdugos.

Huber Matos (un comandante del 26 de Julio, que estaba al frente de la fuerza militar en la provincia de Camagüey y que habiendo querido amotinarse fue destituido por Camilo Cienfuegos, juzgado y condenado a 20 años de prisión) cuenta en sus Memorias que mientras cumplía la condena en el penal de la Isla de los Pinos, los familiares que lo visitaban le contaban “que en toda la isla hay grupos clandestinos organizados que luchan contra el gobierno (…) hacen sabotajes, algunos de ellos espectaculares (…) Los sabotajes van en aumento (…) Si viene una invasión (…) asumo que estará coordinada con los grupos de la isla”. Cuando se filtró la noticia en la cárcel de máxima seguridad de que en Playa Girón la invasión había sido aplastada, Matos se queja de que “los grupos clandestinos fueron tomados por sorpresa (…) El arresto masivo de ciudadanos los desarticuló”.

Cuando empezó el bombardeo, Matos relata que se presentó un oficial y le dijo con “palabras amenazantes”: “se habrán dado cuenta de que han sonado alarmas y se han oído explosiones”. Que al avión que tiró esas “granadas, nosotros lo tumbamos”. Pero alertó: “quiero que sepan, porque a eso me mandó el comandante Raúl Castro, que al menor intento de invasión a la isla por la contrarrevolución, ustedes van abajo. Apenas se inicie un desembarco enemigo en el área, ustedes cinco serán los primeros en morir. Tú, Matos, el primero de todos”. Es que la invasión trataría de obtener algún líder para cohesionar sus diversas tendencias internas y tratar de atraer a eventuales sectores disidentes. Descabezar esta posibilidad sería un ahorro importante en vidas humanas. (La invasión no logró salir de Playa Girón, estuvo lejos de asomarse por el Penal. Huber Matos terminó cumpliendo su condena de 20 años de prisión y salió de Cuba, convirtiéndose en un reaccionario propagandista proimperialista.)

Habiendo sido aplastada la invasión sin haber podido darle un mínimo de estabilidad a la cabecera de playa, la “Junta Revolucionaria” de figurones gusanos que había sido instalada en una base yanqui de Florida, con un avión listo para trasladarla a la eventual “zona liberada”, nunca pudo partir.

En la fuerza “gusana” que había desembarcado había notorios torturadores y asesinos de la época batistiana y elementos mafiosos que tenían por objetivo directo volcar su “experiencia” en el rápido aniquilamiento de las direcciones revolucionarias. Era el caso, por ejemplo, de Ramón Calviño, buscado por haber asesinado personalmente a 20 militantes o el mafioso Jorge King Yun acusado de asesinar a milicianos. También había curas españoles que “santificaban” la acción terrorista-militar contra la revolución. La gran mayoría de los gusanos eran hijos o parientes de la oligarquía burguesa expropiada y militares del régimen batistiano que se habían fugado. El aplastamiento de la invasión gusana dejó casi dos centenares de muertos y unos 1.200 prisioneros.

Fidel Castro hizo presentaciones públicas televisadas y de masas sobre el carácter imperialista y gusano de los invasores. Salvo el reducido grupo de torturadores y asesinos dictatoriales que fueron al “paredón” después de ser juzgados, la totalidad de los prisioneros fue liberada años después a través de un intercambio con el gobierno yanqui por productos medicinales que por el bloqueo no llegaban a Cuba. La revolución profundizó su accionar, fueron expulsados los frailes contrarrevolucionarios y nacionalizada la educación privada.

La revolución salió fuertemente fortalecida de esta cruenta crisis. A 90 millas del gigante imperialista, la revolución cubana había logrado derrotarlo. Generó gran entusiasmo en las masas de todo el mundo, y especialmente las de Latinoamérica. Cuatro meses más tarde, el Che Guevara concurrió a Punta del Este (Uruguay), a una reunión de ministros de economía convocada por la OEA. En un intercambio con el representante norteamericano, el Che irónicamente le agradeció la tentativa de invasión en Playa Girón porque había logrado unificar y galvanizar a la inmensa mayoría del pueblo cubano en torno a la revolución.

¿Por qué Fidel eligió el inicio de la lucha en Playa Girón para proclamar el carácter socialista de la revolución? Por un lado se aprecia que frente a una lucha que implicaba potencialmente una invasión imperialista directa, este quemó las naves como Hernán Cortés en la conquista mexicana: solo quedaba seguir adelante y en caso de que la revolución fuera derrotada y aplastada quedara como un ejemplo histórico para la lucha latinoamericana. Por otra parte, esperaba que esta definición presionara a la URSS a apoyarlo. Esta declaración socialista no le cayó bien ni a Nikita Kruschev y la burocracia rusa, ni a los partidos comunistas estalinizados del continente. Este giro en Cuba era un golpe a la teoría de que los países atrasados de América Latina no estaban preparados para el socialismo, que debían pasar previamente por una etapa democrático-burguesa en alianza con sectores progresistas y nacionalistas de la burguesía nacional.

La revolución cubana desmentía esta teoría estalinista. Desde su inicio había entusiasmado a la juventud y creado importantes crisis en los PC. En Argentina, en febrero de 1961, ganaba las elecciones a senador–agitando las banderas de la revolución cubana- Alfredo Palacios, del Partido Socialista Argentino, con el peronismo proscripto, derrotando a las corrientes gorilas. Luego del triunfo en Playa Girón, la juventud de este Partido se constituyó en el Partido Socialista Argentino de Vanguardia (PSAV) que se presentaba a elecciones con las banderas de Fidel y el Che y ganó en una localidad de Santiago del Estero (Añatuya) derrotando a los partidos tradicionales (gracias a una orden del exiliado Perón que los llamó a votar).

¿Por qué Kennedy no lanzó una intervención masiva de los marines? Tenía todo armado para hacerlo (proximidad del portaviones Essex, etc.). No fue por un principio democrático y de respeto a la autodeterminación nacional, a los que pisoteaba sin pudor alguno. Fueron dos motivos. El primero por la tensión internacional que sostenía en ese momento con la URSS en torno al problema de Berlín. Kennedy temía que una masiva invasión de marines a Cuba alentara a Kruschev a tomar Berlín. Pero, segundo y fundamental, era claro que una intervención armada yanqui no iba a ser un paseo, sino una extendida lucha contra un pueblo fuertemente armado y cohesionado en torno a una dirección revolucionaria. Si Playa Girón se hubiera consolidado y abierto alguna brecha en el régimen revolucionario y entre la masa, no queda la menor duda de que habrían desembarcado.

Playa Girón fue la revancha del Che. En 1954, Allen Dulles, al frente de la CIA, armó un ejército de mercenarios e invadió Guatemala, presidida por el gobierno de Jacobo Arbenz, que había tomado algunas medidas de defensa nacional y de los trabajadores contra el monopolio de la United Fruit. Pero el gobierno reformista, apoyado por el PC de Guatemala, se negó a armar a las masas movilizadas contra la invasión golpista. Confió en los mandos “constitucionales” de las Fuerzas Armadas, que terminaron dándose vuelta. El Che que se había radicado en Guatemala para apoyar esta experiencia, estaba desesperado. Le escribió directamente al presidente Arbenz, pidiéndole armas para la resistencia popular. Pero este se negó y permitió que la invasión golpista lo destituyera e instaurara una dictadura que reprimió sangrientamente a los trabajadores. El Che se salvó milagrosamente y al fugarse a México se ligó con Fidel Castro y el futuro de la revolución cubana. El Che había aprendido una lección fundamental que no vaciló en promover en la revolución cubana: la necesidad de disolver las fuerzas armadas y represivas y las instituciones del viejo régimen de opresión al pueblo y de armar a las masas trabajadoras.

En el armado de la invasión a Playa Girón estaba el mismo Allen Dulles y fue financiada por la misma United Fruit. Pero del lado cubano había un pueblo en armas. El fracaso de Playa Girón llevó al retiro de Dulles. Y en Nicaragua, el dictador Somoza que había despedido a la flota gusana con groseras y triunfalistas chicanas contra la revolución cubana terminó destituido por la revolución sandinista de 1979.

El ejemplo de Cuba ya ha pasado a la historia de la gesta revolucionaria de la clase obrera y los explotados de América Latina y el mundo. Su desarrollo posterior –lleno de grandes contradicciones y choques con el imperialismo, las burguesías, la burocracia rusa, los partidos stalinistas contrarrevolucionarios y dentro del propio Partido Comunista Cubano- ha significado un retroceso. El impresionante triunfo de la revolución sandinista fue detenido en el acuerdo con sectores de la burguesía nacional nicaragüense planteando la defensa y reconstrucción del Estado burgués, bajo la influencia de la dirección castrista. Esta también dio apoyo a regímenes frentepopulistas (Unidad Popular en Chile, etc.) y nacionalistas burgueses; entrando en convergencia con la burocracia rusa contra la revolución política (Checoslovaquia) y desarrollando un tortuoso proceso de restauración capitalista en Cuba.

La consigna que en su momento levantó el Che -“o revolución socialista o caricatura de revolución”- tiene plena vigencia. La lucha de clases en Cuba y en Latinoamérica nos reserva grandes hechos por delante.

 

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