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24 de mayo de 2019

Del 1 de mayo de 1967 al 29 de mayo de 1969: La crisis revolucionaria del país

El 1° de marzo de 1967 la CGT única de ese momento llevó al movimiento obrero a una derrota que permitió a la dictadura ingeniar el plan de Krieger en un 100%. La descomposición de los dirigentes y delegados burocráticos había llegado a un punto en que capitularon en forma total por la sola amenaza formulada por el CONASE. Si el 30 de mayo un paro impresionante conmovió al país no fue de modo alguno por la revitalización del movimiento sindical burocrático o el peronismo. Todo lo contrario, el paro fue impuesto desde abajo y en Rosario y Córdoba bajo las barbas de la intervención militar. La derrota del 1° de marzo abrió camino al plan Krieger, el paro del 30 volteó al gabinete.

El paro fracasado el 1° de marzo y el paro triunfante del 30 tienen mucho en común: la crisis prerrevolucionaria del capitalismo nacional y su expresión fundamental la debacle del peronismo. La crisis prerrevolucionaria del capitalismo nacional no consiste sólo en su retraso económico sino en la fenomenal crisis política que significó el golpe militar de Onganía, es decir, la liquidación de las instituciones políticas burguesas que hacían de puente entre la clase media y el régimen, y la capitulación brutal del peronismo impuesta por la dictadura militar. En las calles de Córdoba esta vieja caracterización nuestra mostró todos sus frutos: los cuadros obreros rompen los diques de la burocracia sindical y el peronismo, rompen con sus consignas políticas; la clase media es ganada a la calle por la vanguardia obrera. Sólo para quienes como la Verdad Onganía era el gobierno más estable desde el peronismo o como el Combatiente que entendía la crisis prerrevolucionaria en la Argentina por el “incendio de América Latina”, lo de Córdoba fue una absoluta sorpresa, de la cual aún no se han repuesto. Hoy cuando comienzan a surgir algunos comités de acción en las barriadas cordobesas debemos retener la idea de que esto responde al proceso político fundamental del país: la ruptura de activistas obreros con el peronismo.

El alza de las masas cordobesas no ha roto aún el cuadro de retroceso que tiene su centro en Buenos Aires pero no demostrando cómo se comienza a liquidarlo. Nosotros siempre sostuvimos que el retroceso del movimiento obrero argentino desde 1959 era un fenómeno inevitable que reflejaba la faz solamente negativa de la debacle del peronismo: la capitulación de los sindicatos y la desarticulación de los activistas, con esto decíamos que el aspecto positivo del proceso, la tendencia del activo a romper con la burocracia peronista iba a ser el elemento fundamental y consistente de un alza futura, allí donde esto alcanzó mayor envergadura, en Kaiser, se largó la más importante iniciativa política de lucha en un clima provincial profundamente antidictatorial (la policía de Córdoba en menos de un año aplacó todas las clases sociales de la ciudad, el 29 de mayo la casi totalidad de la ciudad apaleó a toda la policía). Este proceso tiene un carácter francamente revolucionario: la sola mención de que los obreros van a salir a las 11 de la mañana crea en Córdoba una tensión social descomunal no se trata evidentemente de una lucha más.

La fuerza decisiva que ha comenzado a aparecer es la vanguardia obrera revolucionaria;  los politicastros burgueses centran su atención en los sacerdotes “del tercer mundo” que se juegan al socialcristinismo peronista; los marxistas revolucionarios apostamos por completo a la organización en partido de la nueva vanguardia revolucionaria, en surgimiento.

Este eje también vale en el movimiento estudiantil; es falso que las viejas agrupaciones capitalicen a las nuevas y masivas camadas que se incorporan al combate, los marxistas revolucionarios pueden perfectamente, en las circunstancias actuales, de gran iniciativa de la vanguardia obrera en el interior del país, agrupar a la mayoría de los cuadros estudiantiles que recién comienzan y que asienten el influjo de un nuevo proletariado de espíritu revolucionario.

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