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24 de mayo de 2019

El alza de Mayo y el poder obrero

Artículo publicado en Política Obrera #61, 29 de noviembre 1969

Es indudable que en mayo de este año comienzan por vez primera las luchas de la clase obrera argentina. Razonar de un modo contrario es olvidarse del más largo historial de combatividad proletaria en América Latina. Aún bajo el gobierno de Perón se libraron formidables batallas huelguísticas las que llegaron a abarcar a casi al 100% de los obreros de la Capital y el Gran Buenos Aires, según lo prueban  las estadísticas de la Secretaría de Trabajo para el período 1946-49.

Tampoco en mayo de este año se produce por primera vez una movilización de masas que se mueve al margen de las burocracias sindicales. En la década del 30 los obreros argentinos realizaron importantes huelgas que enterraron definitivamente la vieja burocracia anarquista, superada por la evolución política del proletariado. Fenómeno similar ocurre durante la segunda guerra mundial: la burocracia “comunista” queda al margen de la evolución política del movimiento obrero. Es de suma importancia destacar que, lejos de lo que ha pretendido hacer creer una leyenda muy difundida, en la primera etapa del gobierno peronista el movimiento huelguístico cobró un extraordinario ímpetu al margen de los burócratas sostenidos por el gobierno, que fue aplastado por la acción combinada de la represión y las concesiones sociales obtenidas en ese período. Todos estos ejemplos relevantes son demostrativos de una ley fundamental de la lucha de clase del proletariado: los movimientos profundos de la clase obrera nacen al margen de toda tutela, aunque en algunos casos aparezcan inspirados por la acción o prédica de otras clases, se manifiestan por medio de la acción directa y evolucionan como una permanente búsqueda en favor de la dirección auténticamente clasista de las luchas nacionales.

El carácter genuinamente distintivo del movimiento proletario nacido en mayo en Córdoba consiste en su identificación, en principio, con el crecimiento en su seno de las corrientes del socialismo revolucionario y su programa. Cualquiera sea el mayor o menor defecto de asimilación de la consigna de un gobierno obrero y popular de la asunción de esta consigna por las movilizaciones de Córdoba y Rosario es un producto de la penetración política de las corrientes que se inspiran en el programa de transición del trotskismo, en primer lugar Política Obrera.

La movilización iniciada en mayo retoma del historial de las luchas proletarios la intervención obrera desde abajo en procura de su dirección de la lucha de todas las masas explotadas contra el imperialismo y el capitalismo; se mueve, por lo tanto, al margen de la burocracia peronista, que nunca sabe adónde le va a estallar la explosión huelguística la próxima vez. Pero este movimiento carero huelguístico tiene en su haber y grandes experiencias: la principal, indudablemente, la de la sindicalización masiva bajo el peronismo, es decir, sin alterar las bases do la explotación obrera, del capitalismo. El movimiento obrero ha hecho la experiencia de la insuficiencia de la conquista meramente sindical, y ha hecho la experiencia del carácter capitalista y burgués del programa del peronismo, tanto en el gobierno como en la oposición. A la luz de esta experiencia hace la comparación con la Revolución Cubana, que ha expropiado a la clase capitalista en su conjunto.

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