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24 de mayo de 2019

El movimiento estudiantil y el Cordobazo

Por Julián Asiner ex presidente de la FUBA, consejero superior de la UBA (MC) y miembro de la Mesa Nacional de la UJS

El movimiento estudiantil jugó un papel fundamental en el Cordobazo así como en los distintos levantamientos obreros y populares que recorrieron nuestro país durante los años ’60 y ’70. La totalidad de los historiadores coincide en caracterizar este período como el de una franca “radicalización” de la juventud, fenómeno que es una marca de la época a nivel mundial. Los jóvenes cordobeses que coparon las calles en mayo del ’69 siguieron el ejemplo de los estudiantes parisinos, que un año antes habían protagonizado su propio mayo, desafiando desde las barricadas la represión de De Gaulle y despertando una huelga general en Francia que hizo tambalear al mundo capitalista de posguerra. Ese mismo año, del otro lado del muro, los jóvenes checos se sublevaron contra los tanques rusos, poniendo en jaque a la burocracia estalinista y a su maquinaria de poder. En Asia, la ofensiva vietnamita haría retroceder al imperialismo yanqui, combinada con una fuerte agitación juvenil al interior de los Estados Unidos. La irrupción estudiantil cruzó todos los regímenes y continentes, desde Japón a México, y es en ese escenario que tuvo su origen una corriente socialista y revolucionaria en la Argentina: la Tendencia Estudiantil Revolucionaria Socialista -TERS- (1967) y luego la Unión de Juventudes por el Socialismo -UJS- (1972).

Antes

Los inicios de esta fase de radicalización juvenil se remontan a una década atrás. El proceso de movilización de 1958, conocido como la “laica o libre”, representó un antes y un después en las organizaciones estudiantiles, convirtiéndose en la lucha educativa más masiva de la historia argentina. La FUA y la FUBA movilizaron 300 mil personas frente al Congreso de la Nación. Fue el fin de una etapa oscura, derechista, en que las banderas del reformismo del ’18 se malversaron en el apoyo a gobiernos militares y gorilas –de Uriburu a Aramburu y Rojas. El reformismo estudiantil -UCR, PS, PC- chocó de frente contra su propio gobierno, el de Frondizi, que se propuso reglamentar el artículo 28 de la ley del ministro de la “Libertadora”, Dell'Oro Maini, por el cual se les daba a las universidades privadas la posibilidad de emitir títulos habilitantes. La capitulación de las diferentes formaciones nacionalistas burguesas ante esta orientación privatista emanada de los organismos financieros internacionales sería la tónica que marcaría los subsiguientes 60 años de educación argentina, sin excepciones.

La Revolución Cubana es el otro gran antecedente de peso para explicar la participación juvenil en el Cordobazo. Su impacto político fue directo. Bajo el lema “en Cuba los barbudos, en Argentina los bigotudos”, Alfredo Palacios fue electo como senador por la Ciudad de Buenos Aires. En la izquierda, provocó un verdadero cataclismo acompañado por la crisis chino-rusa. La “revolución por etapas” del estalinismo se hace añicos y florecen las críticas a Moscú. El PC pierde buena parte de sus cuadros universitarios en manos de una fracción que luego evolucionaría al maoísmo y pasaría a dirigir la FUA. Es el momento de las llamadas “nuevas izquierdas”. En este contexto se da el surgimiento de Política Obrera, que nace en 1964 demarcada del nacionalismo, el estalinismo y el foquismo. En 1959, el movimiento estudiantil dice presente en la lucha obrera del frigorífico Lisandro de la Torre. Lo que algunos denominan la “partidización” del estudiantado fue el rediseño político del movimiento frente al agotamiento de la experiencia reformista y este marcado giro a la izquierda.

Durante

El golpe de Onganía fue un intento de cortar este proceso de radicalización por una vía represiva. El 29 de julio de 1966, al mes de asumir, suprimió por decreto los organismos de cogobierno y obligó a los rectores y decanos a transformarse en interventores sometidos al Ministerio de Educación. La resistencia de estudiantes y docentes, que tomaron algunas facultades, daría lugar a la llamada “Noche de los Bastones Largos”, cuando la guardia de Infantería irrumpió en Exactas, Arquitectura y Filosofía y Letras de la UBA y encarceló a 400 personas. En Córdoba, el integralismo social-cristiano -que inicialmente había apoyado el golpe- y el reformismo comienzan una huelga en repudio a las nuevas autoridades. El 12 de septiembre de 1966 es asesinado a quemarropa el estudiante Santiago Pampillón, también obrero de Ika-Renault y militante de Franja Morada. En respuesta los estudiantes ocuparon el barrio Clínicas, recibiendo el apoyo de numerosos sectores del movimiento obrero. El “Plan Taquini”, diseñado en 1968 -recientemente homenajeado en su 50° aniversario por el ministro Finocchiaro y una Franja Morada macrista que poco y nada tiene que ver con la agrupación de Pampillón- se propuso crear nuevas universidades regionales con el objetivo de evitar las grandes aglomeraciones en las casas de estudio, consideradas un “foco rojo”. Así, entre 1971 y 1973 la represión al movimiento estudiantil-docente estuvo acompañada por la creación de catorce universidades nuevas.

El Cordobazo fue el punto más alto de una tendencia nacional. La movilización estudiantil había tenido un salto en las luchas de Corrientes y Rosario. En la Universidad del Nordeste, la privatización del comedor había aumentado el valor de la comida en más de un 600%. El 15 de mayo de 1969 más de 4000 personas se movilizaron en Corrientes reclamando la baja de los precios. La policía respondió con una violenta represión en la que es asesinado el estudiante Juan José Cabral. Dos días más tarde, la rebelión estudiantil se trasladó a las calles de Rosario, donde la policía mató de un tiro en la cabeza a otro estudiante: Adolfo Bello. A pesar de las amenazas de represión, 4000 personas marcharon en repudio. La policía disparó sobre ellas y un estudiante secundario, Norberto Blanco, de 15 años, cayó muerto. El 29 de mayo, un día antes del paro convocado por la burocracia vandorista de la CGT, obreros y estudiantes ganaron las calles de Córdoba y expulsaron a la policía de la ciudad. Política Obrera interviene con una amplia agitación entre los obreros automotrices y la TERS se hace fuerte entre los estudiantes secundarios. El proto-foquismo de la época no apareció y el morenismo, que había perdido su regional a manos de la fracción de Santucho[1], careció de expresión política en esas jornadas.

Después

El Cordobazo puso en retirada a la dictadura de Onganía y su política represiva. Los estudiantes reconquistaron la legalidad de sus organizaciones, dando lugar a una etapa de reconstrucción de los centros y federaciones. A partir de 1970 se dieron grandes luchas por la eliminación de los exámenes de ingreso y por la separación de los interventores designados por los militares y de las camarillas profesorales ligadas a ellos. El movimiento secundario organiza coordinadoras y movilizaciones contra la imposición de una reforma reaccionaria. En la universidad, se destaca la experiencia del cuerpo de delegados de Filosofía y Letras, donde miles de estudiantes enfrentaron los ingresos restrictivos y el intento de desmembrar la facultad, separando a las carreras de Sociología y Psicología. En Córdoba, la FUC arma cursos preparativos para los exámenes de ingreso en la sede de Luz y Fuerza. Un movimiento de masas de miles de secundarios se organiza en cuerpos de delegados y franjas masivas toman la línea del boicot al examen (impulsada centralmente por la TERS) e imponen el ingreso de casi todo el estudiantado luego de varias represiones. A fines de ese año, el PC decide romper la FUA, que entonces estaba en manos del FAUDI (PCR), es decir, de la que hasta hace poco era su propia juventud. La división de la FUA era parte de una política internacional de la burocracia de la URSS, que pretendía controlar la radicalización juvenil que a partir del ’68 se había instalado en todo el mundo (una radicalización que incluirá también a Bolivia, donde la Asamblea Popular de 1971 vota colocar a la universidad bajo la dirección de la COB, la central obrera).

La burguesía responde al Cordobazo con un operativo de “institucionalización”. Balbín y Perón acuerdan poner en pie “La Hora del Pueblo”, una coalición de los principales partidos patronales, seguidos por el PC, para desviar el clima de efervescencia popular hacia una salida político-electoral. Las corrientes maoístas y guevaristas -FAUDI (PCR), TUPAC (VC), TAREA (PRT)- se ahogaron en una política petardista, que renunciaba a la organización de las masas en pos de acciones violentas de aparato. Su consigna “ni golpe ni elección, revolución” no conducía a ningún plan serio de combate contra la dictadura y dejaba inerme al movimiento frente al plan que tenía como eje recrear las ilusiones en Perón. FAUDI termina entregando la FUA a Franja Morada y abandona la “revolución” para apoyar a... ¡López Rega! En contraposición, la TERS logra un importante desarrollo resultado de su actividad de masas en la universidad. Pasa de tener un delegado a la FUA por el CEFyL de la UBA (Roberto Gramar) a establecer un bloque que consagrará un miembro en la Junta Ejecutiva (Pablo Rieznik). Sobre esta base, en 1972 un congreso de más de mil jóvenes decide fundar la UJS.  

El operativo retorno logra imponerse y hacia 1973 la JUP experimenta un crecimiento meteórico en la universidad. Su “primavera”, sin embargo, es efímera. El ministro Taiana pone en caja a los llamados “decanos montoneros”, restaura la ley universitaria de Onganía y termina dejando su lugar a Ivanissevich. Militantes como Ortega Peña caen víctimas de la Triple A y la dirección de la JP se bate en retirada, abandonando las posiciones conquistadas en el movimiento estudiantil para pasar a la clandestinidad y el guerrillerismo. En la UBA, el auto-declarado fascista Ottalagano -quien aún conserva su cuadro en el Consejo Superior por tratarse de un rector de un “período democrático”- cesanteó a 10 mil docentes y nombró a 2 mil “celadores” (policías de civil) que persiguieron y entregaron a los activistas.

Balance y vigencia

Miguel Talento, en ese entonces presidente de la FUBA (rebautizada como “FULNBA” por la JP), afirma que el proceso de radicalización juvenil tuvo en la lucha armada a su mayor hito. Sin embargo, entre radicalización y foquismo no hay una línea recta. El militarismo fue una vía de escape ante los sucesivos desplantes de Perón, para una JP que no quiso ni pudo romper con él. La “juventud maravillosa” se opuso a la organización política independiente de los trabajadores y la juventud, que era la tarea que había dejado planteada el Cordobazo, y buscó abortar ese proceso que estaba en marcha optando por una salida que la llevaría a su auto-destrucción. El pasaje de la JP al foquismo no implicó una ruptura con la burguesía, sino el intento de forzarla a un compromiso al que ésta ya no estaba dispuesta. Los hitos hay que buscarlos en otro lado: la unidad obrero-estudiantil de Córdoba, en el congreso de Sitrac-Sitram, en el plenario clasista de Villa Constitución y en las coordinadoras inter-fabriles que voltearon con dos meses de huelga a Rodrigo-López Rega, cuya evolución vino a cortar el golpe del ‘76. 

En 2006 un dirigente del Sitrac cordobés, Gregorio Flores (hoy fallecido), decía en sus Lecciones de batalla que “las condiciones para llevar adelante aquellos sueños de las décadas del ‘60 y ‘70 nos brindan posibilidades mucho mejores que en el pasado”. Entre diversos factores, el “Goyo” menciona la evolución de la crisis mundial del capitalismo, la crisis del peronismo como dique de contención de las masas y que “hoy, a diferencia de los años setenta, en todos los movimientos masivos de lucha están a la cabeza las mujeres y esto no es un dato menor, sino un salto cualitativo”. El presente verde de la juventud argentina da cuenta de que estas conclusiones son mil veces más actuales que cuando fueron escritas, hace trece años. El desafío de los revolucionarios es elaborar una política para llevar a las nuevas generaciones a la victoria, superando los nuevos-viejos bloqueos que la burguesía interpone en su camino.

 

[1] En 1965 Palabra Obrera, la organización de ese entonces de Nahuel Moreno, fundó junto con el Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP), dirigida por Mario Roberto Santucho, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Nahuel Moreno incidió en el vuelco de Santucho hacia el foco armado pero, ante el llamado de este a organizar la lucha armada, Moreno respondió con un texto que planteaba que el método no se correspondía con la situación de la Argentina. Ello derivó en la escisión en 1967/1968 entre PRT-El Combatiente (Santucho), de orientación foquista, y el PRT-La Verdad, dirigido por Moreno. (Véase: Rath, Christian; “1955/1969: Las crisis políticas y la izquierda”; En Defensa del Marxismo #49, Rumbos, Buenos Aires, marzo 2017).

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