fbnoscript
27 de mayo de 2019

El Plenario Antiburocrático de Villa Constitución de 1974 y el Cordobazo

El Villazo fue una huelga general liderada por los trabajadores metalúrgicos en la ciudad de Villa Constitución y que llegó a tener un alcance nacional en 1974. Su reclamo consistía principalmente en el reconocimiento de las comisiones internas de las principales fábricas (Marathon, Metcon y Acindar), la reincorporación de activistas despedidos y el fin de la intervención de la seccional de la UOM por parte de la burocracia sindical de Lorenzo Miguel. El proceso huelguístico que desarrollaron los trabajadores de Villa Constitución no solamente contaba con el apoyo directo del conjunto del pueblo, sino también de otras ciudades como Rosario y del cordón industrial de San Lorenzo. Siguiendo la tradición del Cordobazo y el Rosariazo (1969), los trabajadores de la ciudad santafesina tuvieron que enfrentar a través de la acción directa -como la ocupación de las plantas- no sólo a las patronales y a la burocracia sindical interventora, sino al gobierno de Perón, que apoyaba a la burocracia sindical contra las tendencias combativas y clasistas, y a Lorenzo Miguel como secretario nacional de la CGT.

Con motivo de romper el aislamiento y que la huelga no se circunscribiese al ámbito local, la dirección electa de las comisiones internas realizó una convocatoria para la realización de un plenario antiburocrático a celebrarse en la ciudad de Villa Constitución, el 20 de abril de 1974.

Es indiscutible que el Villazo y la propia convocatoria al plenario se inscriben en el proceso abierto por el Cordobazo en mayo de 1969: se refleja en los métodos, en las tareas que este dejó planteadas y en cómo se pararon las fuerzas políticas que militaban en el movimiento obrero frente a ellas.

¿Por qué se convocó al plenario?

El triunfo de las ocupaciones de fábricas en Acindar, Metcon y Marathon en Villa Constitución; el triunfo en la seccional del Smata de Córdoba por parte de la Lista Marrón encabezada por René Salamanca y activistas provenientes de las agrupaciones antiburocráticas y clasistas orientadas por el PCR, El Obrero y Política Obrera, entre otras; y el reguero de luchas salariales en gráficos, bancarios, pintura -en algunas de ellas obteniendo importantes aumentos de sueldos- hirieron de muerte al congelamiento salarial impuesto por la política del Pacto Social y le asestaba un revés a la represión desatada por el gobierno de Perón.

Al Plenario Antiburocrático Nacional convergieron todas las tendencias sindicales combativas y clasistas a lo largo del país. No concurrió, en cambio, la Juventud Trabajadora Peronista. Fue convocado sobre la base de varios puntos: la solidaridad con la lucha de los obreros metalúrgicos de Villa Constitución, por el reconocimiento de sus tres comisiones internas y la convocatoria a elecciones correspondiente a su seccional gremial; por la democracia sindical y contra la burocracia; contra la Ley de Asociaciones Profesionales, la Ley de Prescindibilidad (que permitía los despidos de trabajadores estatales) y el Pacto Social firmado en 1973 entre el gobierno, la CGT y la central empresaria CGE.

Su composición

La concurrencia al plenario fue de alrededor de cinco mil personas, con una gran participación de delegaciones obreras. Se puede destacar la presencia de veintiocho seccionales sindicales, cincuenta comisiones internas y cuerpos de delegados, setenta y cinco delegados de distintas fábricas y empresas de servicios públicos y privados y alrededor de cuarenta agrupaciones sindicales.

Alrededor de quinientos trabajadores metalúrgicos de la zona se hicieron presentes, sorteando las presiones patronales y las intimidaciones de los interventores de la seccional de la UOM y de las agrupaciones sindicales peronistas que respondían a la burocracia sindical de Lorenzo Miguel. Por ejemplo, la agrupación “20 de junio” (cuyo nombre reivindicaba la masacre de Ezeiza de 1973, en el retorno de Perón a Argentina) sacó un volante con el argumento que el plenario formaba parte de una “extendida conspiración comunista en contra del país y de Perón”.

El debate al interior del plenario

Los debates durante el transcurso del plenario giraron en torno a la construcción de una organización independiente por parte del movimiento obrero para derrotar la ofensiva del gobierno y la burocracia sindical, y a profundizar la tendencia abierta por las luchas desarrolladas hasta el momento. Es decir, continuar la senda abierta por el Cordobazo.

El plenario se dividió principalmente en dos posiciones: la primera fue la que expresaban los representantes sindicales de Política Obrera y del PST, de construir una Coordinadora Nacional Clasista que aglutinase al conjunto de los sindicatos tras las banderas de la movilización, por un pliego de reivindicaciones y la independencia de clase. Estas corrientes concurrieron con sus delegaciones con mandatos y discusiones en sus respectivas fábricas, como lo prueba el caso de Miluz y EMA, entre otras. Este planteo podemos resumirlo en la intervención de Jorge Fischer, miembro de la comisión interna de la fábrica Miluz y militante de Política Obrera:

“Nosotros creemos que el primer punto que debe plantear este plenario es la defensa incondicional de la lucha de los compañeros de Acindar (…) Para esto, es fundamental que de este plenario surja una Coordinadora Nacional en defensa del triunfo de Acindar, en defensa de las comisiones internas y cuerpos de delegados combativos, en defensa de los activistas que pelean en las fábricas por los derechos de los trabajadores”.

Seguido a ello, la propuesta de los militantes y activistas sindicales orientados por Política Obrera era la de impulsar la convocatoria a un acto por el 1° de Mayo bajo las banderas de la independencia política y el clasismo. Esta perspectiva no solamente permitiría un agrupamiento independiente de la clase obrera argentina, sino más bien proyectaba las banderas del clasismo y la perspectiva revolucionaria que alumbró el Cordobazo a nivel nacional. El conjunto de las corrientes presentes se opusieron. El 1° de mayo de 1974, finalmente, Perón echó de la Plaza a la Juventud Peronista y a los sectores combativos.

La segunda posición, orientada por la mesa de la convocatoria y encabezada por Alberto Piccinini, Agustín Tosco y René Salamanca, proponía limitar el plenario a aprobar una serie de declaraciones pero sin avanzar hacia la conformación de una tendencia nacional clasista organizada. En esta línea intervino Alberto Piccinini, que sostuvo:

“Venimos de soportar cuatro años de intervención, atropellos y maniobras (…) Y recorremos el único camino que reconoce la clase obrera para conseguir todos sus objetivos: marchar todos juntos, sin sectarismos, sin diferencias de color político (…) Sabemos que hay muchas intenciones buenas que se quieren formar frentes y coordinadoras, pero eso no sale de un día para otro (…) Por eso pedimos que no se busque dividir a la clase obrera de Acindar”

Alberto Ferrarese, secretario general del gremio farmacéutico bonaerense y representante de Peronismo de Base, rechazó todo tipo de coordinación nacional e incluso les propuso a los activistas de Acindar acciones comunes pero de carácter privado. En pocas palabras, estaba quebrando el plenario. El Peronismo de Base justificó este planteo en su revista, donde argumentó que “la experiencia de 18 años nos obliga a descartar toda propuesta superestructural de dirección por arriba para la clase obrera”. René Salamanca, del SMATA Córdoba y dirigente del PCR, planteó “que no estaban reunidas las condiciones para una coordinadora nacional” porque primero “se debía lograr una coordinación en cada sindicato para sacarlo de las garras de la burocracia”.

El plenario tuvo su cierre con la intervención de Agustín Tosco, quien siguió la línea trazada por Piccinini, Ferrarese y Salamanca:

“Compañeros y compañeras asistentes a este plenario antipatronal y antiburocrático (….) tenemos que ganar esta batalla dentro de la guerra del pueblo por su liberación: porque aplicaremos este impacto más poderoso a estos enemigos de la clase obrera y del pueblo argentino (…) Aquí hemos hecho un acto de unidad, se ha escuchado hablar a compañeros de distintitas tendencias partidarias; evidentemente aquí hay peronistas, hay radicales, hay socialistas y comunistas, hay independientes (….) Todos: peronistas, radicales, socialistas, comunistas, estamos unidos para defender a la clase obrera”

Por último, el Partido Comunista concurrió al plenario con total oposición a su realización, ya que lo consideraba una distracción de la “tarea fundamental del gremio metalúrgico que es su propia movilización”. Su postura era así similar a la de Salamanca, dado que ambos planteaban circunscribir la lucha de los trabajadores solamente al terreno de cada sindicato y evitar un agrupamiento nacional que confrontase con el gobierno peronista.

Sin embargo, el dato más relevante fue la ausencia de la JTP (“rama sindical” de Montoneros con fuerte presencia en internas y sindicatos), que fue utilizada por los miembros de la mesa directiva para expresar que no se podía concretar una coordinadora nacional “hasta que no estén presentes todas las fuerzas”.

El rechazo de la mesa dirigente del plenario (Piccinini, Salamanca y Tosco, entre otros) a convocar a un acto independiente para el 1° de Mayo y a conformar una corriente clasista a nivel nacional, seguía la misma sintonía del fracaso de la fórmula Tosco-Jaime (nunca se concretó) para las elecciones de 1973. Es decir, la gran mayoría de las fuerzas políticas de izquierda, a excepción de Política Obrera, consideraba que no era prudente romper con Perón. Incluso se mantenía esta postura cuando el propio Perón llamó a terminar “con las organizaciones de base” y fue el ideólogo del golpe policial en la provincia de Córdoba (Navarrazo) durante el mes de febrero del 74, que dio el inicio a una represión sobre el activismo cordobés y que luego tomó una dimensión nacional con la Triple A.

La división al interior del plenario establecía una profunda divergencia programática. Por un lado, quienes planteaban que para enfrentar al gobierno de Perón había que proyectar y estructurar aquella tendencia clasista y revolucionaria que había abierto el Cordobazo, y que tenía su expresión en la huelga de los obreros metalúrgicos con apoyo masivo de la población de Villa Constitución. Por el otro, aquellos que sostenían que la liberación de la clase obrera debía atravesarse en conjunto con otras clases sociales como la pequeña burguesía y un sector de la burguesía nacional, a partir de la formación de un frente popular.

El impulso al Frente Popular primaba en las organizaciones: era sostenida por Montoneros, PC, PCR y el PRT (a través del FAS). La tesis o estrategia de formar frentes con sectores que se consideraban “progresivos” de la burguesía nacional fue una de las características del período que abrió el Cordobazo, reflejando la subordinación de gran parte de las corrientes de izquierda hacia Perón. Era una estrategia opuesta a lo que realmente había ocurrido el 29 de mayo de 1969: una acción política, organizada y revolucionaria del proletariado cordobés cuya consigna principal fue “gobierno obrero y popular”.

El propio PST, luego del Navarrazo, integró el Grupo de los 8, una entente con los partidos patronales (UCR, PRC, PSP, PI, UDELPA, PDP), en una vía de oponer al avance represivo una política de frente popular.

¿Qué dejó el plenario de Villa Constitución?

El Plenario resolvió un llamado a un plan de movilizaciones que en la práctica nunca se concretó. El documento votado al final solo hablaba de continuar coordinando y apoyando las luchas en curso; no hay una sola mención o palabra de rechazo al Pacto Social, lo cual revelaba las fuertes presiones de las agrupaciones peronistas sobre él.

Por un lado, el plenario de Villa Constitución se convirtió en un punto de reagrupamiento para el activismo de la región sorteando todas las trabas impuestas por las patronales metalúrgicas y de la burocracia sindical. Pero por el otro, no podemos soslayar el fracaso del planteo de una coordinadora nacional con un programa de delimitación política con respecto al gobierno nacional y al propio Perón. En este sentido, el plenario de Villa Constitución culminó en un retroceso en términos políticos, si lo relacionamos con el Congreso del SiTraC-SiTraM desarrollado en Córdoba en agosto de 1971. A esta misma conclusión arribó la organización Política Obrera en semanario:

“El Plenario de Villa Constitución suscitó una enorme expectativa en la masa trabajadora. A diferencia de su gran antecedente histórico, el Congreso del SiTraC-SiTraM en agosto de 1971. La vanguardia obrera y de la juventud atraída por el Plenario de Villa Constitución era menos avanzada políticamente y menos propensa a grandes debates teóricos, pero mucho más amplia. La verdadera repercusión del plenario -si lo comparamos con el SitraC-SitraM- se reflejó en una mayor participación de las bases como lo revelaron las asambleas de sección y de fábrica, los debates numerosos en los cuerpos de delegados y los mandatos firmados por los obreros de muchas fábricas. El Plenario de Villa resultó, sin embargo, una completa frustración y no le llegó a los tobillos al de SitraC-SitraM. Mientras este dejó una influencia histórica en el movimiento obrero clasista, el del sábado 20 -si no se produce una oportuna corrección de rumbo- quedará como un hito en el camino[1].

El Plenario de Villa Constitución le dio un impulso a la huelga llevada a cabo por los obreros metalúrgicos, que  incluso van a obtener el reconocimiento de sus comisiones internas y el llamado a elecciones, en las que finalmente recuperarán la seccional de la UOM. También permitió el comienzo de las deliberaciones para la conformación de las coordinadoras fabriles, como fue el caso de la zona norte. No obstante, el Plenario reflejó el mismo problema que tuvieron la Comisión Directiva del SiTraC-SiTraM, y que luego aparecerá en los plenarios de las coordinadoras interfabriles en plena huelga en los meses de junio y julio de 1975. Dicho problema fue la construcción de una organización revolucionaria, que, a través de la independencia política, pudiera resolver la crisis de dirección de la clase obrera.

 

[1] Política Obrera, N° 192, 26 de abril de 1974.

En esta nota:

Compartir

Comentarios