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2 de junio de 2019

Hace 30 años: el ataque al PO y la detención de su dirección

Precedió al ‘golpe’ que ‘renunció’ a Alfonsín

A mediados de 1988 el gobierno de Alfonsín se encontraba en virtual cesación de pagos de la deuda externa. No declarado, pero sí ejecutado de hecho, por falta de reservas. La Argentina marchaba a pleno hacia la hiperinflación, mientras todas las variables económicas evidenciaban una caída drástica del salario real y las condiciones de vida de las masas trabajadoras. Era una nueva muestra de la clase burguesa nativa de su incapacidad para dirigir el país y de su tendencia a defender los intereses del capital financiero y las clases dominantes tratando de que la crisis la pagaran la masa obrera y explotada. La ‘democracia’ alfonsinista demostraba su fracaso y la continuidad de la defensa de los intereses capitalistas contra la nación. No olvidemos que el gobierno alfonsinista reconoció la estatización de la deuda externa privada resuelta en la etapa final de la dictadura militar. 

1989 fue un año políticamente agitado. En enero el Movimiento Todos por la Patria (MTP) asalta el cuartel militar de La Tablada afirmando que era para ‘prevenir’ un golpe de estado contra el gobierno. La salvaje represión llevo nuevamente al primer plano al alto mando militar y conto con el apoyo del gobierno alfonsinista y todos los partidos, incluyendo los de la izquierda. Salvo el Partido Obrero y las Madres de Plaza de Mayo. Este rechazo del Partido a la represión asesina contra los militantes de La Tablada sería uno de los argumentos subyacentes en lo que meses más tarde sería la escalada provocadora contra el PO.

La campaña electoral y la hiperinflación

El 14 de mayo el radicalismo se desmoronó electoralmente y ganó Menem. 

En el transcurso de la campaña electoral el Partido Obrero llama a la "movilización política ante la catástrofe”. La intervención de Altamira, como candidato a presidente, en el espacio televisivo otorgado por ley en la campaña electoral, planteó: “El PO dice que hay que desconocer la deuda externa, que Richard Handley y el City Bank vayan a laburar…”. 

El planteo tuvo cierto impacto propagandístico… pero los resultados electorales para el PO fueron marginales. Las masas votaron masivamente a Menem para sacarse de encima la eventual continuidad del gobierno hambreador del radicalismo.

Este resultado electoral, saludado por los “mercados”, no detiene sino que acelera la crisis económico-social. La hiperinflación se desemboca: el costo de vida llega a subir un ¡2-4% diario! Las direcciones sindicales peronistas (Ubaldini, etc.) se mantienen en la pasividad: plantean que hay que esperar hasta el 10 de diciembre porque el cambio de gobierno con la asunción de Menem iba a resolver los agudos problemas y sufrimientos de las masas.

El hambre popular y la provocación contra el PO

El 28 de mayo comienzan los ‘saqueos’: masas de hambrientos asaltan los supermercados en Rosario y luego se extiende rápidamente hacia el Gran Buenos Aires. El gobierno decreta el Estado de Sitio (que es apoyado por todas las fuerzas políticas burguesas) y reprime. 

Ya el 24 de mayo, Prensa Obrera en su tapa decía: “La clase obrera tiene que entrar en acción”. Y en la PO del 31 de mayo, la tapa planteaba: “Libertad a los detenidos” y “Demos una salida obrera al caos capitalista”. En el periódico se reproducía una declaración del 30 de mayo que se estaba repartiendo en fábricas y centros de agitación: reclamaba a la CGT y los sindicatos la convocatoria a un urgente Congreso de Bases, la declaración de la Huelga General para imponer un programa reivindicativo de defensa del movimiento obrero y una “movilización única a Plaza de Mayo”. Ya en esos momentos son detenidos 9 militantes de la zona sur por estar vendiendo el periódico y agitando la declaración nacional del Partido.

El lunes 29 de mayo el ministro del interior, Pugliese, hizo declaraciones contra la izquierda y particularmente contra el Partido Obrero que sirvieron de base de apoyo a una campaña mediática de la prensa escrita, radial y televisiva.

Se pretendía ocultar el saqueo y caos capitalista del país usando como ‘chivo expiatorio’ al PO. Se estaban creando las condiciones político-psicológicas para reprimir e ilegalizar al Partido Obrero, llevándolo a la clandestinidad. Ya Alfonsín había atacado a la izquierda: "treinta trotskistas no me van a torcer el brazo".

Al día siguiente, la dirección del PO sacó una larga carta abierta en respuesta al ministro, desmontando las acusaciones e intrigas contra el Partido. Luego de caracterizar toda la crisis y su carácter capitalista señalaba que: “Exhortamos repetidamente desde los espacios cedidos de la televisión a pasar de largo por los supermercados y marchar a los centros de decisión política”. Contra el Estado de Sitio y la represión en desarrollo la Carta llamaba a “Defender a las masas desesperadas”. Rechazaba que la marcha de los hambrientos a los supermercados fuera “una reacción anti-social”, sino “por el contrario una reacción social contra la política de disolución social del capitalismo”. Caracterizaba que se trataba de “una reacción primitiva y limitada y, por sobre todo de una rebelión todavía ciega”. Y señaba el objetivo estratégico de estas medidas de maniobra para “convertir a la trasmisión del mando en un acto de características golpistas, que coloque al próximo presidente por encima de la voluntad de quienes lo votaron y que lo autorice a gobernar en nombre de una emergencia nacional cuyos términos ya son definidos en favor de los Bunge y Born y de la amnistía militar”. La respuesta terminaba convocando a “la movilización política a fondo”.

Un Partido militante

El PO desarrolló no solo una campaña de propaganda y agitación, sino que se empeñó organizativamente en montar esta movilización independiente. En las páginas de Prensa Obrera se puede leer parte de esta actividad. En la Villa Ciudad Oculta (Capital), nuestro dirigente Rubén Morán organizo una multitudinaria Asamblea Popular para reclamar la libertad de los 50 vecinos detenidos (entre ellos 20 chicos) por el vaciamiento de un depósito de un supermercado que tenía bolsas de azúcar. Y se planteó una movilización, reclamando al mismo tiempo medidas para combatir el hambre. En Mar del Plata, una Asamblea de 300 vecinos del Complejo Centenario organizó un comedor popular y llamo a la CGT a romper con su parálisis, convocando al movimiento obrero a movilizarse. En Salta una masiva Asamblea del barrio Finca Independencia votó un programa para enfrentar la crisis y movilizarse. La Comisión Interna del Hospital Francés (de 1500 trabajadores) sacó un pronunciamiento público repudiando el Estado de Sitio, reclamando “la libertad de los vecinos que robaron para comer” y proponiendo un curso de lucha. Y podemos seguir largamente ejemplificando.

El allanamiento y la persecución

El jueves 1° de junio temprano a la mañana cuando un compañero se dirigía a abrir el local central en Ayacucho 444 (CABA) un vecino portero lo chistó y le advirtió que la sede había sido allanada violentamente y que en su interior estaba la policía. Rápidamente se puso en contacto con la dirección y se pudieron percatar que en diferentes locales de Capital y el Gran Buenos Aires estaba sucediendo lo mismo. Al mismo tiempo, la campaña contra el PO -a quien se responsabilizaba de ser el promotor ideológico-político del asalto del pueblo hambriento sobre supermercados- arreciaba por parte del gobierno en los medios de difusión.

La actitud del portero no había sido un hecho excepcional. Gran parte del barrio circundante se solidarizó prácticamente con el PO perseguido: el frutero de la cuadra y su familia, el diariero, los gallegos del bar Ayacor donde horas más tarde se realizaría en condiciones de semiclandestinidad, a media cuadra del local central allanado, una reunión de una parte de la dirección nacional.

Objetivo gubernamental y caracterización política

El objetivo inmediato de la acción represiva del alfonsinismo contra el PO pretendía obligarnos a pasar a la clandestinidad, para que la opinión pública ‘corroborara’ las acusaciones de grupo empeñado en una acción subversiva-sediciosa alentando el saqueo a supermercados. Consumar el papel del PO como chivo expiatorio para justificar la aguda crisis económico-social y de régimen político en desarrollo.

La decisión que se adoptó fue -tomando las medidas de preservación político-organizativas necesarias- afrontar política y públicamente las acusaciones. Se aprobó que una parte de la dirección -Jorge Altamira, Christian Rath y el apoderado legal y también miembro del Comité Central del PO, nuestro abogado, Juan Carlos Capurro- se presentaran directamente en la Casa Rosada, ante el ministro del Interior. Al presentarse, éramos conscientes de que podían llegar a ser detenidos. 

La caracterización era fundamental. Se trataba no de un choque con una derecha terrorista en el marco de un momento de reacción política, sino de una acción ‘justificativa’ de un gobierno desesperado, en ruinas.

Como siempre, la caracterización política es lo más importante. Si se caracterizaba mal podía llegar a costarles la vida a nuestros compañeros y no solo su encarcelamiento temporario. Es lo que le pasó a Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht, en enero de 1919 en Berlín, cuando fueron aprehendidos por una banda paramilitar, luego de un fallido conato revolucionario, y asesinados brutalmente. En cambio, Lenin en julio de 1917, caracterizó el giro derechista dentro del proceso revolucionario y pasó a una rigurosa clandestinidad, lo que le permitió un par de meses más tarde desplegar a fondo la estrategia que llevaría al triunfo la revolución bolchevique.

Otra parte de la dirección se iba a hacer presente en el local central de Ayacucho, donde la policía había dejado consignas en la puerta. Cata Guagnini, Gregorio Flores y Pablo Rieznik, algunos de nuestros dirigentes más reconocidos públicamente, entraron al local central. Y a pesar de las ordenes policiales, de allí no se movieron.

Otros miembros de la dirección partidaria, en una actividad de tipo semiclandestino se dedicó a organizar la respuesta y movilización partidaria.

La Casa Rosada: centro conspirativo contra las libertades democráticas

En la Casa Rosada la presencia de Altamira, Rath y Capurro fue una absoluta sorpresa. En lugar de ocultarse, daban la cara, dispuestos a debatir política y públicamente las falsas imputaciones. Recibidos por las autoridades del Ministerio, éstas llegaron a balbucear que tenían pedidos de captura del juez Larrambebere, pero que no los podían exhibir en ese momento. Al salir los tres compañeros se dirigieron a la sala de periodistas de la Casa Rosada y comenzaron a explicar la situación. Fue allí donde fueron detenidos en una actitud de resistencia pasiva, llevados por personal policial, mientras gritaban a voz en cuello las verdades del PO. 

Fue un escándalo nacional e internacional. En Clarín (y demás diarios) salió en tapa, como título central, al otro día. La noticia fue reproducida en todo el mundo, no solo por su carácter inédito (dirigentes políticos de la izquierda marxista eran detenidos dentro de la casa de gobierno), sino también como símbolo del desbarranque del gobierno alfonsinista.

Un amplio ataque provocador

Mientras tanto, en el local central del PO, los tres dirigentes arriba mencionados se negaban a aceptar su detención. No había orden judicial. En torno al local se habían reunido ya decenas de militantes y simpatizantes. Recién a las 21 horas, con la orden del juez presente, Cata, el Goyo Flores y Pablo Rieznik salieron del local con el puño en alto y fueron detenidos. La policía tuvo que pactar que la militancia masiva se pusiera en la vereda de enfrente. El grito de “Libertad, Libertad…” atronó la calle Ayacucho. Su permanencia había permitido que pasaran numerosas delegaciones obreras, estudiantiles, de derechos humanos, políticas, por el local sitiado, para volcar su solidaridad.

Pero la ofensiva fue en toda la línea. La policía allanó -usando los poderes del Estado de Sitio- el local gráfico donde se imprimía Prensa Obrera para impedir la salida de su edición semanal. Esta fue garantizada en forma clandestina por un grupo de miembros de la dirección entre los que estaba Diego Dieguez, Andrés Roldan y otros. El periódico partidario que siguió saliendo en forma clandestina bajo la dictadura, volvía a aparecer de la misma forma bajo la ‘democracia’ alfonsinista. La historiografía burguesa habla sin vergüenza del ‘espíritu de dialogo’ de Alfonsín y de su respeto a las libertades democráticas. Para las fuerzas burguesas. A la izquierda supo enfrentarla con provocaciones y represión. La edición que salió traía una tapa especial explicando la situación de provocación que vivía el PO. (Lamentablemente, no he encontrado un facsímil de esa edición. Quizás alguno de los centenares de protagonistas de esta gran lucha partidaria pueda llegar a aportarlo). 

La campaña partidaria por la libertad de los seis dirigentes del Comité Nacional presos y el cese de las persecuciones al PO estaba unida a la lucha contra el Estado de Sitio y a la represión al pueblo hambriento.

Una fuerte ola de solidaridad política se extendió con decenas y decenas de pronunciamientos y acciones a lo largo y ancho del país. Y en el exterior.

Pocos días más tarde eran detenidos una parte de los dirigentes del combativo sindicato de la Construcción de Neuquén y allanado el domicilio y detenido uno de nuestros dirigentes de dicha provincia, Collen Grant.

La movilización de Morón

El sábado 3, los 6 dirigentes del PO fueron trasladados al juzgado federal de Morón para ser indagados en la causa abierta contra ellos. A pesar del Estado de Sitio, que prohíbe reuniones de más de 3 personas, centenares de militantes y simpatizantes del PO se concentraron frente al juzgado. El gobierno tuvo que poner formaciones represivas especiales como los reconocidos -en aquel momento- “Lagartos”. La movilización militante no aceptó las ordenes de desconcentración hechas por las fuerzas policiales. Se mantuvo durante más de 12 horas bajo el frío invernal, coreando consignas: “A los compañeros la Libertad. El saqueador es Bunge y Born y el City Bank”. Mientras el juez le tomaba declaración a los dirigentes del PO (Goyo Flores señalaba con nombre y apellido el nombre de los llamados ‘capitanes de la industria’ responsables de la crisis y el caos capitalista, etc.) en la calle arreciaban las consignas de denuncia: “hay que meter en cana a los banqueros que son los verdaderos saqueadores y liberar a los trabajadores”. Tarde a la noche cuando los dirigentes son retirados en camión celular son saludados por centenares de militantes obreros y populares: “Libertad, Libertad”.

La movilización convocada por el PO recibe nuevamente adhesiones de la población. Comerciantes y vecinos de la zona hacen llegar alimentos para que la manifestación aguante las largas horas de desarrollo y el frío. Con el periódico en la mano se realiza un fuerte trabajo de ‘piqueteo’ entre vecinos y transeúntes. Avanzada la jornada se ve a policías leyendo la Prensa Obrera. 

Incluso en la prisión donde estaban encarcelados los dirigentes, la mazmorra de la SIDE (entonces el Servicio de Inteligencia), cercana al Departamento Central de la Policía Federal, los carceleros alientan a nuestros compañeros dirigentes. 

La provocación alfonsinista estaba siendo derrotada y desnudada. 

Días más tarde el juez ordena la libertad de los detenidos, pero el proceso continuará: más de un año después serán definitivamente sobreseídos por falta de mérito. Pero eso puede ser materia de otro análisis.

El fracaso del operativo provocador contra el PO contribuyó a que pocos días más tarde, Alfonsín anunciara su renuncia y en un pacto con Menem, el ingreso adelantado del riojano electo presidente el 14 de mayo a la presidencia.

Hasta fines de 1988, las encuestas daban al radicalismo como ganador de las próximas elecciones en 1989. Pero la hiperinflación desata con los ‘golpes de mercado’ y la debacle económica-financiera hundieron esta posibilidad.

Alfonsín trató de escapar a la debacle política adelantando las elecciones de octubre a mayo. Y luego de haber perdido, tuvo que terminar finalmente entregando el poder presidencial el 8 de julio; aunque los legisladores asumían recién el 10 de diciembre. Este ascenso prematuro era en realidad un semigolpe impuesto “por los mercados” y pactado por el partido radical y Alfonsín -con el menemismo- que se comprometían con su mayoría en las cámaras parlamentarias a apoyar todas las iniciativas de Menem hasta que asumiera la nueva composición del Congreso. La historiografía burguesa hace el panegírico de que por primera vez en décadas un presidente constitucional le pasa el poder a otro presidente electo. 

Menem llevará adelante una serie de medidas de privatización y entrega de las empresas estatales, cosa que Alfonsín ya había intentado e iniciado con la telefónica (Entel), el petróleo (YPF), etc. El PO había anunciado en las elecciones la demagogia electoral del menemismo y pronosticado que si se votaba a Menem, saldría un Alsogaray (el representante liberal y antiobrero más consecuente de la política argentina), que fue lo que terminó sucediendo.

Por eso la tapa de Prensa Obrera (28/6/1989) decía “La Casa Rosada no cambia de dueño”.

El gobierno de Alfonsín quiso afianzar su autoridad promoviendo una caza de brujas contra la izquierda. No sería la última vez que un gobierno pretendidamente democrático intente este camino, de contener el descontento de los trabajadores mediante intentonas represivas. A los De La Rúa, Duhalde o Kirchner no les fue mejor que Alfonsín. El Partido Obrero, perseguido bajo cada uno de esos gobierno patronales no sólo no ha sido debilitado por esta vía, si no que ha crecido enormemente en estos años en su inserción en la lucha de clases y en su autoridad política en las masas.
 

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