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22 de julio de 2019

A 95 años de la masacre de Napalpí

200 trabajadores indígenas asesinados. La inserción del Chaco al mercado mundial.

El 19 de julio pasado se cumplieron 95 años de la masacre de Napalpí, en la que la policía chaqueña y un grupo armado por estancieros masacró a más de 200 indígenas de la etnia qom y mocoví, que se habían sublevado ante las brutales condiciones de explotación y opresión que sufrían.

Antecedentes

El Gran Chaco argentino comienza su incorporación al desarrollo capitalista a partir de la finalización de la guerra del Paraguay con la creación de la Gobernación del Chaco, una zona que estaba bajo control indígena y que además era disputada con Paraguay y el Brasil.

La creación de la Gobernación fue el punto de partida para una conquista y ocupación estatal luego del sometimiento de los pueblos originarios y el establecimiento de la soberanía efectiva sobre la región. 

La conquista del Chaco significó también la proletarización de los pueblos indígenas de la región. Era necesario crear una clase obrera explotable en condiciones inhumanas, para asegurar el “progreso” capitalista. Para hacerlo el Estado recurrió a la violencia y al terror sistemático.

La clase obrera chaqueña se formó con la población indígena y se completó con la migración del campesinado arruinado y proletarizado de las provincias lindantes: Santiago del Estero y Corrientes.

El recurso natural más importante obtenido por el Estado durante la conquista del Chaco fue una enorme extensión de tierras fiscales boscosas. 

No obstante, fue el surgimiento de la industria taninera, vital para la industria del cuero, la que potenció la economía regional al punto que llegaron a existir más de veinte plantas tanineras en el noreste y solamente La Forestal ocupó 25.000 obreros.

Napalpí, una cuestión obrera

Las condiciones de trabajo en la industria taninera y en el ingenio eran brutales. Los salarios eran miserables y se pagaban en bonos de las empresas que se gastaban en comercios controlados por ellas. Los pueblos y sus casas eran propiedad de las empresas que echaban gente a su antojo. La ley era propiedad de las compañías que eran las que pagaban a los comisarios y jueces de paz. 

Las terribles condiciones de trabajo llevaron a las grandes revueltas obreras en los años ‘20, bajo el influjo de trabajadores de ideas anarquistas y sindicalistas. 

Entre esas revueltas se encuentra la masacre de Napalpí. Generalmente leída solo como una cuestión étnica, se trató en realidad de una represión descomunal sobre un intento de organización por parte del proletariado indígena chaqueño, y esto podemos verlo en las reivindicaciones de los luchadores.

En 1924, los indígenas se organizaron para reclamar contra el impuesto del 15% que impuso el gobernador sobre su producción algodonera en las reducciones (donde se desempeñaban en condiciones de semi-esclavitud); la mejora en las condiciones y pago por su trabajo en las chacras; y ante la prohibición de ir a trabajar a Salta o Jujuy donde la paga era mejor. Recurriendo a métodos propios de la clase obrera, los trabajadores interpelaron a la Gobernación del territorio.

Como Fernando Centeno – entonces gobernador y estanciero – no pudo acallar las protestas, decidió llevar adelante una matanza que derivó en el asesinato, según se estima hoy, de unos 200 indígenas desarmados. La brutalidad policial impune muestra los niveles de violencia extremos que constituyeron el recurso político central para desarrollar el capitalismo en la Gobernación del Chaco.

Impunidad ayer y hoy

Un hecho a destacar es que las dos masacres de trabajadores indígenas en el Siglo XX fueron obras de los llamados “gobiernos populares”. En 1924 lo hizo el radicalismo y en 1947 lo hizo el peronismo en Rincón Bomba. Lo que demuestra que no importa cuán popular sea un gobierno de un partido patronal, siempre estará al servicio del capital y no dudará en matar obreros para salvar a empresarios.

Otra muestra de la impunidad con la que actúa la democracia burguesa es el fallo judicial que condena los asesinatos de Rincón Bomba conocido hace unos días. El fallo llegó 72 años tarde. 

A 95 años de la masacre de Napalpí, el gran capital continúa despojando y oprimiendo a las poblaciones originarias. A sus agravios contra las masas, le oponemos la lucha por el socialismo.

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