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13 de abril de 2020

A 25 años del asesinato de Víctor Choque

Hace 25 años era asesinado Víctor Choque, en medio de una brutal represión a las luchas obreras que sacudían la provincia de Tierra del Fuego -y el país. La respuesta popular a este crimen fue enorme, y su nombre se convirtió en un ícono del ascendente movimiento de desocupados que decantaría pocos años después en la enorme gesta piquetera.

Choque era salteño, y desde hacía cuatro años había migrado a Ushuaia para trabajar en la fábrica de televisores Continental Fueguina. En marzo de 1995, la empresa despidió a gran parte de su personal sin indemnización, y la respuesta de los obreros fue la ocupación de la planta. El 11 de abril fueron desalojados violentamente por la policía, disparando balas de goma y golpeando indiscriminadamente a los trabajadores, que fueron auxiliados por obreros de otras fábricas como Noblex. A partir de ese momento, la represión pasó a ser generalizada.

El repudio a estos hechos era total. Al día siguiente, el 12 de abril, en el marco de un paro de la UOM, miles de trabajadores de distintos gremios colmaron las calles de la ciudad para dirigirse a la Casa de Gobierno y a la Jefatura de Policía para exigir la libertad de los detenidos. 

La movilización fue brutalmente reprimida por orden del gobierno de José Estabillo (Movimiento Popular Fueguino), para lo cual contó con el apoyo de cientos de efectivos de la Gendarmería que habían sido enviados por el presidente Carlos Menem. Los trabajadores eran salvajemente golpeados en la calle, se contaron más de 60 heridos de bala durante la jornada por disparos a quemarropa y fueron ametrallados los locales sindicales. Los activistas detenidos, entre ellos el secretario de organización de la UOM y dos dirigentes de ATE, fueron torturados en la comisaría ante la presencia del mismo Gobernador. A la tarde, caía asesinado por un disparo en la cabeza Víctor Choque, a los 37 años de edad. Era el primer muerto por las fuerzas represivas en una manifestación desde el fin de la dictadura.

El encarnizamiento de esta represión anti obrera tiene su explicación. La intención era cortar por la fuerza con un ascenso de luchas obreras que enfrentaban el desastroso “Plan Cavallo”.

En la provincia de Tierra del Fuego, la cuarta parte de los trabajadores de la metalurgia perdió su empleo en 1994, y a comienzos de 1995 la mayoría de las empresas de las ciudades de Ushuaia y de Río Grande despedía o amenazaba con cerrar. En febrero de 1995, los metalúrgicos cortaron la ruta 3 para reclamar una respuesta del gobierno a sus reclamos, los cuales incluían la reducción de la jornada a seis horas sin afectar los salarios y la apertura de un “cuarto turno” para evitar los despidos.

Esta misma situación se vivía en todo el país. Ese año la producción industrial registraba una caída del 8% y la desocupación llegaba a un pico del 18%. A las privatizaciones y la apertura de las importaciones se sumaban los coletazos del efecto tequila. La reacción obrera contra los despidos y los cierres golpeaban, además, en el corazón de la política económica de Menem-Cavallo, que era la flexibilización laboral a partir de barrer con los convenios colectivos de trabajo. Por eso el gobierno buscaba derrotarla con mano de hierro.

Por eso el repudio al asesinato de Víctor Choque empalmó con un estado de movilización en todo el país. Esa misma semana, en Jujuy unos 10.000 manifestantes sitiaron la Legislatura y la obligaron a derogar los decretos del gobernador; en Córdoba, se registró una manifestación con antorchas de 15.000 personas; las luchas de los estatales conmocionaban ciudades como Paraná, San Juan y Corrientes. El paro del 21 de abril se hizo sentir a nivel nacional, gracias a la iniciativa del activismo antiburocrático ante la parálisis de la burocracia sindical, y se impuso hasta en importantes fábricas del cordón industrial de la Zona Norte del Gran Buenos Aires.

Si estas luchas irían prefigurando un ascenso que decantaría en la Argentina Piquetera –ya en el gobierno centroizquierdista de la Alianza-, los sucesos de aquellos días también anticipaban la brutalidad represiva del régimen que se hundía, y que poco después se cobraría las vidas de Teresa Rodríguez en Cutral Có; de Aníbal Verón, Carlos Santillán y Omar Barrios en Salta; de Ojeda y Escobar en Corrientes. 

Estos nombres, junto al de Víctor Choque, se convertirían en emblema de ese gigantesco movimiento piquetero que canalizó la rebelión de la clase obrera contra el flagelo de la desocupación y la precarización laboral, que se gestó en oposición al abandono de la burocracia de la CGT, y de la política de estatización a la que buscó llevar la CTA integrada a la Alianza de De la Rúa. Los piqueteros marcarían una irrupción de los trabajadores como actor independiente, y así fueron protagonistas del Argentinazo que tiró abajo al régimen de la convertibilidad.

A 25 años, cuando la bancarrota capitalista es azuzada por la pandemia, y cuando las patronales intentan descargar el peso de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores con cierres, suspensiones y despidos masivos, un homenaje a Víctor Choque no se reduce a una recordación, sino a una reivindicación de su lucha que constituyó uno de los orígenes del excepcional movimiento de la clase obrera que marcó a fuego el fin de los ’90 y abrió una nueva etapa.

 

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