02/11/2017 | 1480

El nacionalismo “indígena” y la Revolución Rusa (II)

A propósito de un texto de García Linera


Cuando este texto llegue al lector, dará inicio la conmemoración en Bolivia de los 100 años de la Revolución Rusa, con la presencia de Pablo Iglesias, el dirigente de Podemos y el apoyo institucional del propio gobierno. Como aporte a los debates que se centralizarán en La Paz, el vicepresidente García Linera presentó un texto: “Tiempos Salvajes. A cien años de la revolución soviética”, que aquí terminamos de analizar(*). Que el gobierno nacionalista “indígena” de Evo Morales pretenda aparecer emparentado con la Revolución de Octubre es un acto impostor, que se comprueba con solo analizar lo hecho por los gobiernos nacionalistas burgueses de Venezuela, Ecuador, Bolivia y de la familia Kirchner en la Argentina.


 


Toda la exposición de García Linera es un intento arrevesado de mostrar la inviabilidad de los planteamientos revolucionarios y lo innecesario de un programa. Interrogándose sobre qué es una revolución socialista, dice: “es la fluidez social… que contiene dentro de sí al propio capitalismo, pero también a las luchas económicas y políticas que lo niegan de manera práctica…” (cursiva nuestra). A la vez, no hay distinción posible entre revoluciones o levantamientos que pretenden reformar el capitalismo o impugnarlo, dirá -“la frontera entre unas y otras es en realidad inexistente”. El curso revolucionario dependería de la evolución espontánea de las masas en lucha por reformas, de la que surgiría “una cadena de condicionantes gradualmente más radicales, nuevas medidas que modifican la naturaleza social del levantamiento popular hasta plantearse el tema del poder del Estado, la propiedad de la riqueza…”. Por eso, todo el debate sobre el contenido de clase de la revolución social habría sido estéril, desde el momento que “ninguna revolución tiene un contenido predeterminado, sino que ese contenido emerge, se desvela y se transforma con el propio despliegue en acto de las fuerzas sociales antagonizadas”. La intensa lucha política en relación a las tres concepciones de la Revolución Rusa – dictadura revolucionaria democrática del proletariado y del campesinado, dictadura revolucionaria democrática apoyándose en el campesinado, revolución proletaria que entrega el poder a la burguesía- se reduce, para Linera, a una serie de “complicadas construcciones teóricas” que no habrían advertido que todas las revoluciones son “relaciones sociales en estado ígneo y fluido por lo que es imposible establecer el momento en que un contenido de clase se consolida”. No le importa el programa de intervención ni determinar qué clase social debe hacerse cargo del poder, por lo que la revolución queda confinada a una suerte de posibilismo, enemigo de alterar el orden existente.


 


A quién le habla García Linera


 


García Linera está dirigiéndose a la burguesía de su país y del mundo sobre la naturaleza social del régimen y del gobierno que encabezan junto a Evo Morales.


Le está diciendo a sus interlocutores imaginarios que el planteamiento del nacionalismo “indígena” no es materialista histórico ni revolucionario. En esa línea excluye a la clase obrera como sujeto histórico de transformación social, intentando reemplazarlo por el concepto de “varios sujetos sociales” -la plebe, los campesinos, el pueblo- que representan, cada una de ellas, el pasado del estadio histórico actual. Marx planteó que la clase obrera, como sujeto social, era una clase en sí y, en la medida que tomaba conciencia de su situación -de que su lugar social no es fatal- y se organizaba para superar esa situación, se transformaba en clase para sí. García Linera, en cambio, anula la revolución proletaria como hecho histórico. Pero, atención, abre también un interrogante sobre el papel de la pequeña burguesía de Bolivia y de cualquier nación porque “existen posibilidades de rebelión contra el capitalismo si los sujetos constituidos como bloque movilizado son los trabajadores, los productores de riqueza material e inmaterial, los pobres, las comunidades campesinas y, en general, la plebe”. Sin embargo, no hay un régimen viable de la pequeña burguesía y esta perspectiva confluye, inevitablemente, en las opciones políticas de la burguesía nativa. En Bolivia el planteo “indigenista” estableció un bloque político entre las comunidades y los elementos capitalistas que preservó el latifundio y bloqueó toda unión de la lucha campesina con la clase obrera.


 


Una crítica al estatismo por derecha


 


García Linera pretende hacer creer que el nacionalismo en Bolivia es una superación de los límites de la Revolución Rusa. En su versión el socialismo no es más que “un condensado campo de luchas en que el Estado revolucionario (debe) desempeña(r) un papel rector, más no decisivo” (¿Bolivia, hoy?) y en relación a este socialismo “la revolución soviética es excepcional”. ¿Por qué? Porque el proceso de estatización de los medios de producción fue un error histórico: “la suspensión del capitalismo se devela como aparente al no contarse con una nueva relación económica que lo sustituya, sino simplemente con una voluntad política impuesta… tanto más inútil cuanto más vigilancia burocrática necesite, tanto más injusta cuanto más privilegios de una pequeña elite admita”. Argumenta que “la propiedad del Estado es sinónimo de socialismo, es un error y una impostura”, lo que desnuda a una “izquierda fallida” que “le reclama a los gobiernos progresistas más estatizaciones para instaurar el socialismo inmediatamente”.


 


García Linera presenta como superación de la primera revolución obrera victoriosa la década de nacionalismo “indígena” en Bolivia, en la que la “nacionalización del petróleo” dejó intocada la renta petrolera de los pulpos (salvo un “vuelto” a favor del Estado), el latifundio quedó en pie, el 60% de los trabajadores está en negro, la deuda externa usuraria se paga rigurosamente, la banca privada florece y el aborto está prohibido -además de que la “plurinacionalidad” sigue escondiendo el sometimiento de la población indígena.


 


Se trata de una impostura de marca mayor. Para Lenin y Trotsky en la naciente URSS la expropiación del capital no fue sólo una “medida económica” sino un acto de poder del Estado obrero, único que puede emprender la confiscación de la clase propietaria. En cambio, para García Linera, Lenin dio marcha atrás en lo que hace a la expropiación del capital con la NEP, y la Revolución Rusa que pretendió “suspender el capitalismo” fue, en definitiva, derrotada. Las “cooperativas” (que en Bolivia son fachadas en gran medida de tercerizaciones del gran capital y, a la vez, un modo de dividir al proletariado) aparecen una y otra vez como una salida. Antagónicamente, y en su última intervención frente a un Congreso de la Internacional, Lenin planteó respecto de la NEP: “nuestro capitalismo de estado se diferencia de lo que se entiende literalmente por esta formulación en que el Estado proletario es poseedor no sólo de la tierra, sino también de la parte más importante de la industria. Ante todo hemos cedido en arriendo parte de la industria pequeña y mediana, todo lo demás queda en nuestras manos”(1). En otro de sus escritos postreros dirá: “…dado que la clase obrera es dueña del poder estatal, y que a ésta le pertenecen todos los medios de producción, sólo nos resta organizar a la población en cooperativas”(2).


 


Para García Linera, el socialismo no es “un modo de producción” -sino un “larguísimo período histórico de intensos antagonismos sociales” en el que “surgen una y otra vez incipientes… formas de trabajo comunitario” y en el que la función del Estado es proteger iniciativas “comunitarias, cooperativas”. Bolivia no sería el escenario del fracaso consuetudinario del nacionalismo burgués sino un estadio del proceso revolucionario lanzado a “conquistar el tiempo” para cuando llegue el momento de la “sincronía universal de la emancipación”. Un llamado a marcar el paso en el mismo lugar.


 


 


 


(*) La primera parte puede leerse en Prensa Obrera N° 1.471 (agosto, 2017). El texto de García Linera ha sido publicado en España, en la saga 1917. La Revolución Rusa cien años después, compilada por Andrade y Hernández Sánchez y publicada por Akal este año.


 


Notas


 


1. V.I. Lenin: Obras Completas, Informe al IV Congreso de la Internacional Comunista, T. XXXIII, Cartago, Buenos Aires, 1960.


 


2. V.I. Lenin: Obras Completas, Sobre la Cooperación, Tomo XXXIII, Cartago, Buenos Aires, 1960.