03/03/2021

En defensa del legado revolucionario de Rosa Luxemburgo

A 150 años de su nacimiento

Como en todos los aniversarios relacionados a su figura, Rosa Luxemburgo será el centro de intensos debates. Veremos a Rosa presentada como «una mujer que se ganó un lugar en un mundo de hombres». Es necesario desnudar la tergiversación y usurpación de su figura por parte de conciliadores y cooptados al estado burgués, defendiendo lo que fue: una gran revolucionaria.

El 5 de marzo de 1871 nacía en Polonia, Rosa Luxemburgo. Su infancia estuvo atravesada por las discriminaciones. Polonia era parte del imperio ruso, a lo que se sumaba su condición de judía, en un cuadro de fuerte antisemitismo. Sus choques con las autoridades del Liceo (su rechazo al absolutismo) la privaron de obtener la medalla de oro que merecía por su desempeño académico. En 1887, a los 16 años, se uniría al Partido Socialista Revolucionario (Proletariat), cruzando caminos con el marxismo para no volver a separarse jamás. Convirtiéndose rápidamente en una militante destacada, Rosa, ante el riesgo de ser deportada a Siberia, deberá abandonar Polonia para instalarse en Zúrich.

Allí, establece vínculos con exiliados rusos, alemanes y polacos. En 1893 fundará la socialdemocracia polaca junto a Leo Jogiches, rompiendo con el Partido Socialista Polaco. El eje de la polémica será la cuestión nacional de Polonia. Tanto Rosa como Jogiches rechazan el planteo de la independencia polaca, buscando concentrar las energías del proletariado polaco en una lucha común con el ruso contra el absolutismo ruso. Años más tarde, Lenin desarrollará una polémica con Rosa Luxemburgo en la que defenderá el derecho de las naciones a la autodeterminación. Este planteo será central en el desarrollo de la posterior revolución rusa de 1917, siendo adoptado tanto por la III como por la IV internacional

Socialdemocracia alemana: la lucha contra el reformismo

En 1898 se muda a Alemania, donde gana un lugar reconocido en el partido, estableciendo fuertes vínculos con Clara Zetkin, Franz Mehring y Karl Kautsky, participando en la redacción de los distintos periódicos socialdemócratas. En ese entonces, se abrió una polémica por los planteos revisionistas de Eduard Bernstein, que cuestionaba la tendencia al colapso del capital y promovía la regulación de los mecanismos de distribución mediante reformas y la acción de los sindicatos, llegando al socialismo de manera pacífica sin necesidad de recurrir a una revolución.

Rosa Luxemburgo fue una de las más críticas del revisionismo. En una serie de artículos, luego recopilados bajo el título de Reforma Social o Revolución, defiende la tesis marxista de la disolución del capital. Lejos de significar una superación de las contradicciones del capital, la fase imperialista del capital en la que esta se encuentra, expresará una profundización de sus contradicciones, a la vez que representa una fase transicional y decadente de un capitalismo que se ve incapaz de desarrollar las fuerzas productivas al haberse internacionalizado por completo, no teniendo ya nuevos mercados donde colocar su excedente. Rosa subraya la condición capitalista del estado, y la imposibilidad de alcanzar el socialismo mediante reformas. Denunciaba al militarismo que tendía a eliminar la democracia cuando no le era conveniente, a la vez que señalaba al proletariado como el único defensor de la democracia, pero no bajo la democracia formal capitalista, sino bajo la democracia real socialista. Además de falso, el planteo del progreso permanente del capital le quitaba al socialismo su condición de necesidad objetiva, convirtiéndolo en una mera utopía. Más tarde, desarrollará sus planteos económicos en La Acumulación del Capital. A pesar de la repercusión de sus escritos, Rosa empezaba a advertir una adaptación cada vez mayor de la dirección Socialdemócrata a los planteos reformistas.

1905: huelga de masas, partido y sindicatos

Frente a la irrupción de la Revolución de 1905 en Rusia, Rosa Luxemburgo viaja a Varsovia para participar del estallido. Luego escribe: Huelga de masas, partido y sindicatos, donde advierte la relación dialéctica entre lo que ella denomina huelgas “económicas” a las que las burocracias sindicales buscarán limitar en una pelea parcial y salarial, “políticas” en las que la dirección de la Socialdemocracia buscará limitar a sus objetivos parlamentarios, y la huelga de masas, donde la barrera entre los objetivos “políticos” y “económicos” de las masas, se extinguen. La oportunidad que estas situaciones le presentan a los elementos más avanzados de las direcciones obreras será la de recuperar el carácter revolucionario de las masas, quienes se imponen a sus direcciones adaptadas a la inacción. Buscará quitarle el carácter particular que los dirigentes alemanes querían darle al caso ruso, explicando como el método de la huelga de masas tenía plena vigencia en Alemania. También llama a unificar reclamos entre los sectores obreros calificados y los descalificados, ignorados por la dirección sindical socialdemócrata.

En la cuestión rusa, Rosa Luxemburgo, junto a Leo Jogiches, coincidieron en puntos centrales con el balance de Trotsky en Resultados y Perspectivas. En Huelga de Masas, Partido y Sindicatos señalan el carácter dirigente de la clase obrera en la revolución frente a la incapacidad de las burguesías rusa, y en su caso también polaca, de dirigir la revolución democrática. A su vez, coinciden también con Trotsky y Parvus en que habiendo alcanzado el poder, el proletariado no se limitaría a las tareas democráticas, sino que avanzará hacia las tareas socialistas. Sin embargo, a diferencia de Trotsky quién defenderá el derecho a la autodeterminación de los pueblos, Rosa mantendrá su rechazo. La existencia de distintas diferencias políticas, no le impedirán actuar en común con Lenin y los bolcheviques en numerosas ocasiones, como en la conferencia internacional de 1907.

Primer Guerra Mundial: crisis de la II internacional y Revolución Rusa

Las diferencias al interior de la socialdemocracia alemana se acentuaron. La presión que la burguesía alemana ejerció sobre el partido socialdemócrata, mediante cooptaciones y concesiones, tuvieron su efecto. Las tendencias socialpatriotas y burocráticas se hacían cada vez más fuertes a medida que se hacía inminente la guerra. Cuando el Partido votó los créditos de guerra en agosto de 1914, la batalla política de Rosa Luxemburgo al interior de la Socialdemocracia se acentuó. Constituyó un núcleo junto a Mehring, Jogiches, Zetkin y Liebknecht. Liebknecht votó en diciembre contra de los créditos de guerra rompiendo con la disciplina partidaria (lo que no había hecho en agosto), y se convirtió en la voz de denuncia de los sectores internacionalistas. Escribe el folleto El enemigo está en casa antes de ser reclutado forzosamente para el ejército. Publicarán la revista, Spartakus y así serán conocidos. El grupo decide no romper con el Partido, entendiendo que su tarea era crecer desde adentro y no entregarle a la dirección la base del partido. En 1916, habiendo recuperado momentáneamente su libertad, Rosa publica El Folleto de Junius, en el que critica la política de la socialdemocracia, catalogándola como un “cadáver hediondo”. Y reformulando un texto de Engels plantea su afirmación más famosa: “Socialismo o barbarie”.

La separación de Spartakus de la SPD no será por su iniciativa, sino por la de la dirección socialpatriota del partido que al mismo tiempo expulsa al ala “centrista” de Kautsky y Bernstein. Ambas corrientes formarán en abril de 1917 el Partido Socialista Independiente, un partido atravesado por profundas contradicciones, y cuya acción hasta después del estallido de la revolución alemana el 9 de noviembre de 1918 estará dominado por la mayoritaria corriente centrista que impulsaba acuerdos con la dirección socialpatriota. La acción de la Liga Espartaquista se verá enormemente limitada. En este período Rosa escribió su folleto sobre la Revolución rusa, que a pesar de algunos planteos críticos, lo considerará una defensa de la política sostenida por los bolcheviques, explicando que lo que ella considera “errores” fueron forzadas por las circunstancias.

El Partido Comunista Alemán

A fines de diciembre de 1918, con el impulso de Rosa y los espartaquistas se funda el Partido Comunista Alemán. Es lógico el debate sobre la demora en su constitución. Esta demora privó al proletariado alemán en los comienzos de su revolución de un partido revolucionario independiente. Facilitó así el copamiento de los organismos soviéticos, que surgen con los primeros levantamientos revolucionarios en Alemania, por los socialpatriotas, agentes del Estado Mayor alemán que lograron, con la complicidad de los socialistas independientes, imponer la convocatoria a una Asamblea Constituyente para contener la revolución.

La propia creación del Partido Comunista Alemán, estará atravesada por fuertes contradicciones internas. En el Congreso de fundación se impuso una mayoría ultraizquierdista, que votó boicotear la Asamblea Constituyente y salir de los sindicatos, desoyendo a la propia Rosa Luxemburgo. El temor a la marginalidad, que la había llevado a rechazar romper antes, produjo contradictoriamente el efecto contrario: su demora le impidió intervenir plenamente y llegar con fuerza y de manera organizada a la propia revolución.

A pesar de su carácter tardío, la creación del Partido Comunista no deja de ser un gran mérito de Rosa Luxemburgo. Finalmente, con sus límites, el reagrupamiento que le dio base a su fundación fue el resultado de la enorme lucha política que venía dando hace años al interior del SPD. Al mismo tiempo, la fundación del PCA será un gran impulso para la III Internacional.

Frente a una provocación gubernamental (destitución del comisario de Berlín, del PSI), las masas del PC, del PSI y de otros sectores acudieron a una movilización multitudinaria el 5 de enero de 1919. De manera inconsulta, Liebknecht se integró a un comité para preparar la revolución, que será caracterizado como precipitado por Luxemburgo y Jogiches, aunque frente al hecho consumado, Rosa defenderá el levantamiento como una cuestión de honor. Siendo brutalmente reprimida, tanto Liebknecht como Luxemburgo permanecen en Berlín, donde son detenidos y asesinados brutalmente por un “grupo de tareas” el 15 de enero de 1919.

El legado de Rosa es la lucha por el socialismo

Como cualquier figura histórica, incluso las más revolucionarias, Rosa Luxemburgo debe ser analizada de conjunto, con sus luces y sus sombras. Sin embargo, citando a Lenin: “A veces, las águilas descienden y vuelan entre las gallinas. Pero las gallinas jamás se remontarán hasta las nubes.” El intento de corrientes gallináceas de usurpar el legado político de Rosa no es novedoso: ya lo han intentado sus propios asesinos como otras corrientes menores. Rosa la roja, no ganó su apodo conciliando los intereses irreconciliables de la clase obrera con sus verdugos, sino siendo una incondicional artífice de la independencia de la clase obrera, y ante todo una luchadora incansable por el socialismo. La plena vigencia de Rosa, se debe, al igual que Marx, Engels, Lenin y Trotsky, no a sus dotes de excelente escritora y erudita, sino por entender una muy simple pero a veces olvidada máxima “la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”.

«¡El orden reina en Berlín!», ¡esbirros estúpidos! Vuestro orden está edificado sobre arena. La revolución, mañana ya «se elevará de nuevo con estruendo hacia lo alto» y proclamará, para terror vuestro, entre sonido de trompetas: ¡Fui, soy y seré!”

Para profundizar en la historia de militancia revolucionaria y el legado político de Rosa Luxemburgo invitamos a leer la serie de artículos de Prensa Obrera por el centenario de la Revolución Alemana y el dossier elaborado a cien años de su asesinato y el de Karl Liebknecht.

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