23/08/2012 | 1236

La conciencia de las masas y la revolución

Extraído de León Trotsky: Historia de la Revolución Rusa

La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos. Cuando en una sociedad estalla la revolución, luchan unas clases contra otras y, sin embargo, es de una innegable evidencia que las modificaciones por las bases económicas de la sociedad y el sustrato social de las clases desde que comienza hasta que acaba no bastan, ni mucho menos, para explicar el curso de una revolución que, en unos pocos meses, derriba instituciones seculares y crea otras nuevas, para volver en seguida a derrumbarlas.


La dinámica de los acontecimientos revolucionarios se halla directamente informada por los rápidos, tensos y violentos cambios que sufre la psicología de las clases formadas antes de la revolución. (….) Mal o bien, los partidos revolucionarios fundan su técnica en la observación de los cambios experimentados por la conciencia de las masas. La senda histórica del bolchevismo demuestra que esta observación, al menos en sus rasgos más salientes, es perfectamente factible (….) (Los) cambios rápidos que experimentan las ideas y el estado de espíritu de las masas en las épocas revolucionarias no son producto de la elasticidad y movilidad de la psiquis humana, sino -al revés- de su profundo conservadurismo. El rezagamiento crónico en que se hallan las ideas y relaciones humanas con respecto a las nuevas condiciones objetivas hasta el momento mismo en que éstas se desploman catastróficamente, por decirlo así, sobre los hombres, es lo que en los períodos revolucionarios engendra ese movimiento exaltado de las ideas y las pasiones que a las mentalidades policíacas se les antoja fruto puro y simple de la actuación de los "demagogos". Las masas no van a la revolución con un plan preconcebido de la sociedad nueva, sino con un sentimiento claro de la imposibilidad de seguir soportando la sociedad vieja. Sólo el sector dirigente de cada clase tiene un programa político, programa que, sin embargo, necesita todavía ser sometido a la prueba de los acontecimientos y a la aprobación de las masas.


El proceso político fundamental de una revolución consiste, precisamente, en que esa clase perciba los objetivos que se desprenden de la crisis social en que las masas se orientan de un modo activo por el método de las aproximaciones sucesivas. (….) Sólo estudiando los procesos políticos sobre las propias masas se alcanza a comprender el papel de los partidos y los caudillos, que en modo alguno queremos negar. Son un elemento, si no independiente, sí muy importante, de este proceso. Sin una organización dirigente, la energía de las masas se disiparía, como se disipa el vapor no contenido en una caldera. Pero sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la caldera ni el pistón, sino el vapor. Son evidentes las dificultades con que tropieza quien quiere estudiar los cambios experimentados por la conciencia de las masas en épocas de revolución (….)


Los motivos que determinan de un modo inmediato los acontecimientos de la revolución son las modificaciones que se operan en la conciencia de las clases beligerantes. Las relaciones materiales de la sociedad no hacen más que trazar el cauce de esos procesos. Por su naturaleza, esas modificaciones de la conciencia colectiva tienen un carácter semisubterráneo. Sólo cuando alcanzan un determinado grado de fuerza de tensión se evidencia, en la superficie, el nuevo estado de espíritu y las nuevas ideas en forma de acciones de masas, que establecen un nuevo equilibrio social, aunque muy inconsistente.


La marcha de la revolución pone al descubierto, en cada nueva etapa, el problema del poder, para disimularlo de nuevo inmediatamente después, para ponerlo luego nuevamente al desnudo. Esta es, asimismo, la mecánica de la contrarrevolución, con la diferencia de que, en este caso, la película se desarrolla en sentido contrario. Cuanto acontece en los círculos gubernamentales y dirigentes, no es en modo alguno indiferente para la marcha de los acontecimientos. Pero sólo es posible penetrar el auténtico sentido de la política de los partidos y desentrañar las maniobras de los jefes relacionando uno y otras con el descubrimiento de los profundos procesos moleculares que se operan en la conciencia de las masas.

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