16/09/2020

La educación y la vida

Nota de opinión publicada originalmente el 8 de junio de 1999 en Página/12.

La educación es un fenómeno social, pero la sociedad no es un fenómeno educativo. Es decir, el hombre, la relación de los hombres entre sí, no es el fruto propio o específico de una labor pedagógica. La vieja tesis de que somos el resultado de la educación que tenemos o tuvimos, hace mucho que fue cuestionada: los educadores también deben ser educados. Esto significa que los llamados valores de la educación, la distribución del saber, sus formas y contenidos, están determinados por la estructura social y los antagonismos que le son propios. Esto explica la degradación actual de la educación. Carece de todo rigor la tesis de que nuestro sistema educativo sufre las consecuencias de una inadaptación a los requerimientos de la economía, el mercado o la sociedad (cuando se considera su forma mercantil como la definitiva o auténticamente humana). La penuria material, el desfinanciamiento, las condiciones de trabajo y estudio, el contenido de las “reformas educativas” constituyen la prueba misma de esta sobredeterminación social y política sobre el cómo y el porqué se configura la enseñanza en nuestro país. EI trabajo nacional ha sido precarizado, una pléyade de docentes ad honorem subsidia la sustracción de recursos estatales; el resto cumple la misma función con salarios “flexibilizados”. La “privatización” es la norma social: las casas de estudios se subordinan no a las necesidades de la formación educativa y cultural posible, sino a los límites de los convenios con empresas, a criterios de “rentabilidad” y a las exigencias del capital financiero (no olvidemos que las “reformas en curso han sido moldeadas por los planes elaborados por el Banco Mundial, una suerte de institución colateral del FMI y a cuyo dictado se produjo el “recorte” cuestionado en estas últimas semanas). EI “mercado” argentino y mundial se encuentra sobreofertado: la consigna “educativa” del poder es reducir la matrícula estudiantil, las plantas docentes, la formación profesional, la calificación educativa. Sobran productos invendibles, sobran trabajadores, profesores y alumnos. La economía moderna es el “cepo” insoportable de una enseñanza que se consume en la inanición. La receta tradicional debe ser invertida en lugar de convertirse en una “política de Estado”: menos vínculos con esta economía, con este mercado (cada vez menos mercado debido a la concentración y centralización de capitales). Cambiar la economía, cambiar la sociedad, cambiar el “mercado”: un “currículum» imprescindible que proclamó su contenido en las lecciones de la reciente movilización de los universitarios, es decir, más en la vida que en el aula. Para evitar esta pedagogía y esta educación es que se quiere retirar a la universidad de las calles, de las plazas y de los espacios públicos. La educación y la vida…