08/02/2007 | 980

La guerra y el método de Lenin

Objetivos estratégicos, política de partido

En el Congreso Socialista de Stuttgart (1907), uno de los debates más vivos fue acerca de cómo debían responder los socialistas en caso de que efectivamente estallara la guerra.


 


Un ala del partido francés, encabezada por Gustave Hervé, reclamó que los socialistas respondieran a toda guerra con la declaración de la huelga general y el levantamiento popular. La izquierda del Congreso, representada por Rosa Luxemburgo y Lenin, se opuso frontalmente a Hervé. Las razones de esta oposición son una lección de política revolucionaria.


 


Para la izquierda, los socialistas no podían oponerse a “todas las guerras” ni renunciar a participar en las guerras revolucionarias e, incluso, en las guerras nacionales. Tampoco podían responder con “recetas” igualmente válidas para todos los países en cualquier circunstancia: la elección de los medios de lucha depende de la naturaleza de la guerra y de las condiciones específicas de la crisis creada por la guerra.


 


Pero, por sobre todo, el ala izquierda señalaba que los socialistas deben responder a la guerra imperialista, que nace como consecuencia de las rivalidades entre las grandes potencias por la dominación mundial, estableciendo un objetivo estratégico y una política de partido. Lenin y Rosa Luxemburgo rechazan que la intervención de los socialistas en la guerra imperialista tuviera como objetivo, según las palabras de Lenin, “reemplazar la guerra por la paz”[1]. El objetivo estratégico debía ser, según la enmienda que introdujeron en la resolución sobre la guerra finalmente aprobada en el Congreso, “utilizar la crisis económica y política creada por la guerra para levantar a las masas y de ese modo acelerar la caída de la clase capitalista gobernante”[2].


 


Se trata, claro, de una formulación mucho menos “ruidosa” que la de Hervé, pero infinitamente más concreta. Señala el objetivo estratégico de la política de la Internacional y de los partidos de cada país frente a la guerra imperialista; las conclusiones tácticas, necesariamente subordinadas, dependerían de las condiciones específicas de la crisis creada por la guerra.


 


Los que en Stuttgart representaban el ala izquierda del Congreso llevaron adelante efectivamente, en el curso de la guerra, una política que tenía como objetivo estratégico el derrocamiento de la burguesía. Por eso fueron consecuentemente internacionalistas.


 


En cambio, Hervé se pasó de la "huelga general" al bando de los “defensores de la patria” y apoyó la mataza imperialista. Terminó sus días como fascista, en una degeneración política similar a la de Benito Mussolini.

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