30/12/2020
16 años

Un nuevo aniversario de la masacre de Cromañón

Se cumplen 16 años de la muerte de 194 jóvenes a manos del negocio montado entre empresarios, funcionarios públicos y el poder político.

Hace 16 años tenían lugar los hechos conocidos como la Masacre de Cromañón, el 30 de diciembre del 2004 en la Ciudad de Buenos Aires, más propiamente en las inmediaciones de la estación de Once. Allí funcionaba el boliche República de Cromañón, donde el grupo Callejeros realizaba una de sus presentaciones. 194 jóvenes perdieron la vida en un incendio, cuya responsabilidad debe buscarse en el entramado de negocios que unían a empresarios, funcionarios públicos y al poder político.

Por el crimen de Cromañón, en la actualidad, no queda ningún culpable detenido. El empresario Omar Chabán, quien dirigía el lugar, murió en prisión a fines del 2014, mientras que algunos pocos funcionarios cumplieron penas menores.

Aníbal Ibarra, Jefe de Gobierno de la Ciudad cuando sucedieron los hechos y principal responsable político de la masacre, aún continúa impune.

La responsabilidad del Estado

Se calcula que el boliche tenía una capacidad instalada para unas 1.000 asistentes, sin embargo esa noche los organizadores habían excedido la misma, llegando a reunir a unas 3.000 personas.

Las características del lugar tampoco estaban preparadas para responder a las necesidades de un evento de esas características. Tal fue así que el tejido colocado en el techo fue uno de los elementos más nocivos y propagadores del fuego, luego del contacto con un elemento de pirotecnia lanzado en el lugar. Los matafuegos no funcionaban, el sistema eléctrico colapsó, una puerta de salida se encontraba bloqueada, se trataba de una trampa mortal.

Fueron los propios asistentes, la mayoría jóvenes, quienes  realizaron las primeras tareas de rescate, algunos de ellos perdiendo la vida en el intento.

Que un sitio de esas características pudiera funcionar de esa forma solo es resultado del acuerdo de empresarios y funcionarios públicos del gobierno de la Ciudad, quienes montaron sus negocios privados y clandestinos explotando la noche porteña y exponiendo a la juventud a una catástrofe como esta.

Por eso, el primer intento del gobierno de la Ciudad y de los medios fue tratar de desviar el tema responsabilizando a los jóvenes por lo ocurrido. La insistencia sobre la “bengala”, la autoexposición a esas circunstancias y la provocación de los hechos, solo buscaban tapar las responsabilidades políticas propias.

La lucha popular contra la impunidad

Rápidamente, los sobrevivientes, familiares, amigos de las víctimas, junto al apoyo algunas organizaciones políticas -particularmente de izquierda- pusieron en pie una organización independiente para ir a fondo en el esclarecimiento de las responsabilidades de este crimen.

El principal señalado fue Aníbal Ibarra, por su papel como principal promotor y responsable del funcionamiento en la Ciudad de una zona liberada para los negocios de la noche: habilitaciones laxas, bajos controles, coimas y funcionarios que hacían la vista gorda, eran las condiciones que dominaban el mundillo de la comercialización de la cultura en la ciudad del “progresismo”.

Ibarra terminó destituido por la movilización popular, a pesar de los intentos del kirchnerismo por sostenerlo y evitar su caída. Sin embargo, la justicia lo eximió de cargos y responsabilidad. Mas tarde el kirchnerismo lo devolvería a la política como precandidato de jefe de Gobierno en las Paso de 2015.

Luego llegarían las condenas para los músicos y funcionarios, y para Rafael Levy, dueño del lugar de los hechos, así  como también de prostíbulos y talleres clandestinos en la ciudad.

En 2011, Casación cambió la carátula de la causa a “estrago culposo seguido de muerte”  saliéndose de la calificación dolosa que acentuaba la responsabilidad de los partícipes de este crimen, allanando el camino para reducir las condenas de los imputados.

Pos-Cromañón

Pasado Cromañón, se clausuraron cientos de bares y boliches en todo el país, dejando así a miles de artistas sin tener lugar para expresarse en lugares con las condiciones necesarias. Sin embargo siguieron produciéndose hechos lamentables como los de Time Warp (Costa Salguero) en 2016, o el caso de Ismael Sosa, apaleado por la policía cuando asistía al recital de La Renga en Córdoba en 2015, cuyo cuerpo fue encontrado sin vida en el lago de Embalse. Las dos muertes en Olavarría, en el recital del Indio Solari del 2017- Juan Francisco Bulacio y Javier León. Y son varios los hechos de distinta índole, pero de semejantes características que le ha costado la vida a parte de la juventud y del pueblo trabajador, para defender un negocio.

La impunidad a Ibarra es la garantía de la continuidad de un esquema que se replica por todo el país, donde se multiplican los Ibarra, Chabán y funcionarios corruptos, en cada punto donde se negocia con la cultura.

La de Cromañón es una lucha que le dio la espalda a la Casa Rosada, poniendo en pie un movimiento independiente para exigir justicia, caiga quien caiga. Ni olvido, ni perdón. Los  pibes de Cromañón presentes, ahora y siempre.

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