09/04/1998 | 580

A este bombero se le corto la manguera

El diario Buenos Aires Económico no vaciló en titular a primera página, el lunes 6, que “Para el Fondo ya hay una pre-crisis”. Entrando en los detalles, infor­maba que los funcionarios del FMI “tra­zaron un panorama sombrío para la economía” y que “Le dijeron a Roque Fernández que al menos dos bancos de inversión internacionales ya es­tán recomendando a sus clientes ba­jar la exposición en la Argentina”.


Dada la tendencia ‘neo-liberal’ del diario (ni qué decir del FMI), las adverten­cias de un derrumbe a corto plazo podrían sonar como una presión fuera de libreto para que el gobierno lleve adelante al pie de la letra la política de aplicar impuestos a los salarios a partir de los 700 pesos y para conformar todas las exigencias pa­tronales en materia de ‘reforma labo­ral’. Pero no parece que sea solamente esto, porque en las páginas interiores el mismo diario dice que “De acuerdo con el análisis del FMI (compartido en forma creciente por los banqueros  que recomiendan a sus clientes la recomposición de su cartera de in­versiones), si ocurriera un nuevo ataque especulativo en la región, creen que éste recaería sobre nues­tro país y no sobre Brasil y o México”.


O sea que Argentina ha superado su ‘Brasil-dependencia’ sin que nadie lo notara, pero solo para descubrir que tiene una descomposición económica de factu­ra casera.


Siempre según el mismo diario, “Las expectativas en los mercados inter­nacionales respecto a la vulnerabili­dad de la Argentina están variando de signo rápidamente. Según pudo saber BAE, al menos dos bancos de inversión de primera línea (¿serán siempre los mismos?) han constatado que ya no hay casi flujo de fondos hacia la compra de acciones de em­presas locales en los mercados exter­nos”.


No hace falta, sin embargo, consultar a los ‘dos’ bancos para enterarse de esto, ya que la Bolsa de Buenos Aires viene bajando regularmente. Para conseguir un préstamo en el exterior, el pulpo nacio­nal Mastellone tuvo que pagar, la semana pasada, una tasa de interés de casi el 12%, o sea un 75% más de lo que acaba de pagar el pulpo internacional Telecom.


El martes 6 se pudo conocer el docu­mento del FMI. Lo que dice es que los precios de las exportaciones argentinas han caído como consecuencia de la crisis en Asia, que el déficit comercial es muy alto y que no habrá fondos internaciona­les dispuestos a financiarlo. La cesación de pagos de Argentina sería precipitada por una corrida como la que hundió al sudeste asiático.


Lo que el FMI naturalmente no dice es que hemos llegado a esta situación luego de una década de obsecuente aplicación de los planes del propio FMI. Luego de privatizaciones gigantescas para cance­lar la deuda externa, ésta se encuentra hoy en el punto más alto, de 150.000 millones de dólares. Luego de las privati­zaciones de los bancos provinciales, las provincias deben a los bancos privados y al Banco Mundial más de 5.000 millones de dólares que no pueden pagar. Al cabo de un largo período de sacrificios populares y enrique­cimientos desmedidos de las patro­nales, regresamos, y no por prime­ra vez, al punto de partida de la bancarrota económica. Frente a la inminencia de la quiebra, el docu­mento del Fondo propone, sin em­bargo, ‘más de lo mismo’, o sea reforzar la caja de los bancos y la recaudación del gobierno, para sal­ivar a las patronales del desplome. A los trabajadores que se los lleve el viento.


Pero el planteo del FMI tiene una falla de diagnóstico aún más seria. Ocurre que el detonante de una cesación de pagos a corto plazo en Argentina (y en otras partes del mundo) sería un agravamiento de la bancarrota económica en Japón y el sudeste asiático; esto provoca­ría una fuga de capitales en todos los ‘mercados emergentes’ para cubrir las pérdidas que dejaría ese derrumbe. El FMI no solamente fue incapaz de prever la crisis asiá­tica sino, lo que es peor, es aún más incapaz de superarla. Pero sin la posibilidad de superar la crisis in­ternacional, ¿cómo diablos preten­de el FMI dar una salida a la inmi­nente crisis argentina?


El peligro más fuerte que se cierne sobre la economía mundial en este momento es que los grandes bancos japoneses dejen de pagar sus deudas, debido a que no pueden cobrar buena parte de los présta­mos que hicieron en Japón y en Asia (alrededor de un billón de dó­lares). Las garantías de esos prés­tamos (propiedades, bienes raíces) se han desvalorizado en gran esca­la y lo mismo ocurre con las accio­nes y los bonos que esos bancos han comprado en las Bolsas de Tokyo y el resto de Asia. Para salvar a los bancos, el gobierno de Japón ya ha emitido en los últimos años unos 7000 millones de dólares; pero esa plata, en lugar de servir para depurar a los bancos en crisis fue llevada por éstos a la Bolsa de Nue­va York o a las europeas, inflando fuera de todo límite sus cotizacio­nes. Un agravamiento de la crisis bancaria en Japón derribará a las bolsas en todo el mundo. En lugar de dar una solución a esta catástro­fe, el FMI quiere que Argentina proteja a los bancos locales, que en su mayoría son además extranje­ros, de sus consecuencias. Una per­fecta idiotez intelectual que no es más que la contrapartida de un callejón sin salida real.


No hay que olvidar que en Asia, el FMI impulsa una política de vio­lenta caída del consumo personal y de concentración bancaria e indus­trial. Pero es precisamente esto lo que ha agravado la crisis en la región, porque como consecuencia de ello han caído las exportaciones de los otros países a Asia y son cada vez más numerosos los bancos que se declaran insolventes. Mientras actúa como acelerador de la des­composición económica en el plano internacional, el FMI invoca en Argentina un papel de ordenador económico. Pura patraña.


Por la propia naturaleza capi­talista de la crisis, ella sólo puede ser encarada con medidas anticapitalistas. Esas medidas serían de­jar de pagar la deuda externa para detener el vaciamiento financiero del país; nacionalizar sin pago la banca y los pulpos privatizados, bajo control obrero, para detener la fuga de capitales; establecer un monopolio estatal del comercio ex­terior para asegurar el ingreso in­tegral de sus divisas; meter un im­puesto extraordinario a los gran­des beneficios para crear un fondo que financie la industrialización; plantear la inmediata unidad polí­tica de los países del Mercosur y de América Latina contra el saqueo imperialista.


Lamentablemente, los trabaja­dores argentinos no se encuentran preparados para enfrentar preven­tivamente esta crisis, toda vez que sus organizaciones principales gi­ran en la órbita de las soluciones ilusorias que proponen las grandes patronales. Incluso en la izquierda se propone como salida ‘reactivar el mercado interno con créditos baratos’, sin tocar la dominación de los monopolios, fingiendo igno­rar que una ‘reactivación’ así concebida sólo servirá para finan­ciar la fuga de capitales mediante la emisión de moneda.


Pero la vanguardia de los traba­jadores sí puede tomar conciencia de la crisis inminente y preparar a las masas para enfrentarla, me­diante la propaganda y la agita­ción. La crisis la tienen que pagar ellos. Fuera el FMI y el Banco Mun­dial; reestatización bajo control obrero; no pago de la deuda exter­na; por un plan económico y político de los trabajadores.

En esta nota

También te puede interesar: