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29 de agosto de 2013 | #1283

El Frente de Izquierda y la máquina de proscribir

Un sistema electoral contra la representación popular

Como ocurre con todo organismo que pasa por una enfermedad (en este caso, crisis política), el sistema político argentino ha reforzado sus propios anticuerpos. Con las Paso, el sistema político sumó más restricciones al ya conservador método electoral, el cual tiene entre sus principales objetivos el de proteger al aparato del Estado de la voluntad popular. La crisis de 2001/2002 sacudió todos los portones de los palacios gubernamentales con el "que se vayan todos, que no quede ni uno solo", pero la enorme movilización popular tropezó con grandes dificultades a la hora de construir una expresión política. Todavía recuerdo la "alegría" incontenible de los punteros en el escrutinio de aquel 27 de mayo de 2003, al constatar que "los piqueteros" seguían con una votación casi marginal (con la excepción de Salta).

La forma de gobierno del kirchnerismo, de 2003 a la fecha, se orientó decididamente a "que se queden todos", estableciendo alianzas -por dentro y fuera del PJ- con los históricos "caudillos" que predominan a lo largo y ancho del país. Inventó las Paso para proscribir a los partidos pequeños y convertir a las fuerzas políticas independientes en furgones de cola de los grandes partidos de la burguesía. Con el PC cooptado por el kirchnerismo (y hasta hace no mucho también Libres del Sur) y algunos partidos de izquierda coqueteando con la "opo" de los Binner y Carrió, entre otros políticos del sistema, el Frente de Izquierda emerge como la negación a toda esta enajenación política.

El Frente está desatando enormes energías acumuladas tras diez años de esta experiencia política fraudulenta. Los números Estamos hablando de un sistema electoral perfeccionado en el arte de distorsionar la voluntad popular. Vayamos a los números, de los cuales podemos extraer algunas conclusiones importantes. De todas las funciones del Estado, sólo una parte es sometida al voto directo: a nivel nacional, la cabeza del Poder Ejecutivo (sólo la cabeza, porque a los ministros y a los secretarios no se los elige mediante el voto) y los representantes del Congreso (luego, el esquema se reproduce a nivel provincial y municipal). La elección ‘más democrática' vendría a darse en la Cámara de Diputados. Es allí donde la izquierda tiene cifradas sus expectativas. Una de las picardías más notables es que la Cámara de Diputados tiene 257 bancas, pero se renueva por mitades cada dos años. Este año se renovarán sólo 127 bancas. Esto permite que el Frente para la Victoria, por ejemplo, pueda incluso ampliar su número de bancas si repite en octubre el estrepitoso derrumbe de agosto. Con el 27,2% obtendría 39 bancas, que si se suman a las 78 que no renueva daría un total 117 bancas del oficialismo, sobre un total de 257: ¡el 45,5% del cuerpo! Además, con los partidos aliados podría mantener su mayoría parlamentaria, como si aquí no hubiese ocurrido nada, hasta diciembre de 2015. ¡Un partido que recibió un rechazo plebiscitario! El Frente de Izquierda es directamente afectado por este mecanismo. Supongamos que en octubre se repite el mismo resultado de las Paso. Obtuvimos, en todo el país, un 4,06% sobre el total de votos válidos. Un voto cada 25 fue para el Frente de Izquierda, pero llamativamente un diputado cada 25 no serían del Frente (¡!). Con el 4,06% de votos, en un órgano realmente democrático, nos debiera corresponder una bancada de diez diputados sobre los 257. Pero, el Frente de Izquierda se debería contentar con un solo diputado, que ingresaría por la provincia de Buenos Aires, quedando varios en la puerta del parlamento por distintas provincias. El 4,06% en votos pasa a ser el 0,39% en bancas, ¡y no es por culpa de la matemática! Como la elección no es por un distrito único nacional, sino que se realiza por provincias, la cuestión se ve modificada.

No obstante, aun bajo una división en distritos electorales, si se renovaran las 257 bancas (todas, y no sólo la mitad, el Frente de Izquierda habría consagrado un bloque de siete diputados: un diputado por Salta (sobre siete), un diputado por Mendoza (sobre diez), un diputado por Córdoba (sobre 18), un diputado por la Ciudad de Buenos Aires (sobre 25) y tres diputados por la provincia de Buenos Aires (sobre 70). Otros dos quedarían afuera por muy poco: uno por Jujuy y otro por Santa Cruz. Capítulo aparte merecen las mayores exigencias para obtener la personería electoral: adhesiones, afiliaciones, certificaciones, etc. Así se impidió que en seis provincias los electores no puedan votar al Frente de Izquierda: Misiones, Corrientes, Entre Ríos, San Luis, Chubut y Tierra del Fuego. La elección del 11 de agosto no consagró nada, sólo ha servido para medir fuerzas entre las listas y medir el aliento de los explotados. Un nuevo salto del Frente de Izquierda en octubre abre la posibilidad de consagrar varios diputados, romper el corsé electoral y superar los mil y un escollos. Entonces, se habría abierto una brecha en esta máquina de proscribir.

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