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1 de octubre de 2015 | #1383

EXCLUSIVO DE INTERNET

La muerte del niño qom: hambre, desnutrición y muerte vs el relato

Por Gaston Quiroga Congresal de CICOP e integrante de Tribuna de Salud
(Tribuna de Salud), candidato a concejal de Avellaneda

La noticia del fallecimiento del niño Oscar Sánchez, de la comunidad qom, llenó de angustia y de bronca a toda la sociedad.

El niño, que con 11 años pesaba 11 kilos, murió enfermo de desnutrición y tuberculosis. Muere como Néstor meses atrás, como consecuencia del abandono y la desidia de este gobierno nacional y popular. Gobierno que dice ser "el rey" de la inclusión y de los derechos humanos, que en su versión chaqueña hambrea y enferma a su población.

Cómo entender el relato kirchnerista que justifica las muertes amparándose en cuestiones "culturales" de nuestros pueblos indígenas.

Oscar nació de una madre desnutrida y con tuberculosis, como una paradoja del destino. Nuestros niños se gestan en vientres de madres desnutridas, malnutridas, con enfermedades prevenibles, sin control prenatal (o poco controladas). Madres que viven en hogares donde abunda el hacinamiento, la pobreza, la contaminación, la violencia, el alcoholismo y las drogas, la precarización laboral y la desocupación.

El panorama en el hospital público es devastador. En medio de la crisis sanitaria y de la destrucción del hospital público, el común denominador es el nacimiento prematuro, el embarazo sin control, los recién nacidos de bajo peso y las enfermedades maternas prevenibles como los muy frecuentes casos de sífilis congénita, enfermedad del siglo pasado que se trata tan sólo con penicilina y se previene con educación sexual adecuada, controles de salud y políticas de atención primaria de la salud. Atención primaria que se encuentra devastada, vaciada de personal y de programas, y a la que la creación de los UPA parece poner fecha de vencimiento.

El hambre y la desnutrición no son patrimonio de nuestros pueblos originarios, sino que viven en nuestro pueblo como consecuencia de políticas de endeudamiento internacional y de salvataje de la burguesía nacional, atestando al país de planes sociales y asistencialismo.

El impacto de las políticas del sistema en los cuerpos de nuestras madres y sus niños no se comporta de forma estática, sino que condiciona el futuro físico e intelectual de éstos.

Un país sin hambre y desocupación, con salud y con equidad, sólo será posible construyendo una sociedad bajo otras bases sociales.

Una sociedad sin explotados ni explotadores.

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