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17 de diciembre de 2015 | #1394

Los K del lado de la Resistencia

Tal como se vaticinó, los kirchneristas duros y los kirchneristas blandos (malmenoristas, digamos) han empezado a reconocer las “maldades” que surgen del sistema capitalista y sus agentes en las bancas públicas.
 
Es una pena que durante doce años no hayan reparado en que Prat Gay, ex J.P. Morgan, fuera presidente del BCRA de Duhalde y de Néstor; que Mayoral, ministro de Minería, resultó un agente de las mineras; o que del gobierno hubieran participado una gran cantidad de ex aliancistas o del Frepaso (mi preferido es Abal Medina).
 
La presencia del impresentable Aníbal Fernández, ex menemista, ex duhaldista, merece un párrafo aparte. Defensor de la teoría que “los piqueteros se mataron entre ellos” cuando el comisario Fanchiotti disparó sobre Kosteki y Santillán, o cuando al cerrarse el barrio prostibulario de Río Gallegos salió furibundo en defensa de la prostitución y el proxenetismo como “una cuestión cultural”. En dicho barrio, conocido como “Las Casitas”, e inaugurado por Néstor Kirchner a principios de los ‘90, se rescató a una víctima de trata, testigo del caso Marita Verón.
 
Nada dijeron de la masacre de los 14 mineros de Río Turbio, que como las de Once, fueron víctimas de la desidia y corrupción de los funcionarios del FpV. El Cromañón de Kirchner. Justamente, respecto a esa masacre, tampoco nada dijeron del reciclaje que le hizo el FpV a Aníbal Ibarra, responsable político de “una de las tragedias más graves de la República Argentina”.
 
¿Y qué decir de la represión? Invisibilizada y siempre responsabilidad de los reprimidos. Represión en Catamarca, donde Corpacci, aliada del kirchnerismo, liberó la provincia (!) para dejar actuar a las patotas promineras para que aterrorizaran a la población. ¿Y la represión del Estado chubutense a los compañeros que luchan contra la megaminería, luego de estafarlos, falsificando un proyecto de ley?
 
Ahora se descubre que durante una década Awada se convirtió en la esclavista más respetada de la Nación, con el silencio y la inacción cómplices del ministro Tomada.
 
El espionaje y el refuerzo de las estructuras represivas pasaron inadvertidas a sus ojos. Por ejemplo, la instalación de Sergio Berni, represor serial, espía de los mineros en lucha de Río Turbio y, a la sazón, exitoso empresario de la construcción de la megausina en la Cuenca Carbonífera.
¿Y sobre el gatillo fácil y las desapariciones? Allí estuvieron el bastardeado Julio López, Luciano Arruga y ¡3.000 casos! de gatillo fácil, más que la suma de todos los gobiernos democráticos anteriores.
 
Esta es una lista escasa, pero válida y comprobable. Doce años donde la obsecuencia primó sobre la militancia, donde el apoyo crítico sólo fue la excusa y el encubrimiento para seguir votando y apoyando un modelo que de nacional y popular no tuvo nada. Más bien nunca hubo tanta pérdida de territorio en manos de monopolios mineros, agrícolas y terratenientes extranjeros y nacionales.
 
“Estaremos del lado de la Resis-tencia”, ¿dónde estuvieron durante doce años en que pasó todo esto y más? Con Macri en el gobierno a cualquiera le sienta la boina del Che.

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