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25 de septiembre de 2017

Acerca del referendo catalán

Al momento de escribir esta carta los acontecimientos en Catalunya se aceleran.
 
A partir de la aprobación de la ley de Referéndum en el Parlament catalán y su automática suspensión por parte del Tribunal Constitucional español, el movimiento independentista ha sido llevado a la ilegalidad.
 
El Estado ha dado órdenes a todas las fuerzas represivas (incluidas policías locales) de perseguir toda actividad relacionada con el 1-O.
 
Se están allanando imprentas y decomisando carteles y folletos, se secuestran de las oficinas de correos privados las cartas para las autoridades de mesa, la Guardia Civil se presenta en los medios de prensa que publican propaganda del referéndum para amedrentarlos, 750 alcaldes (de 950 que hay en todo Catalunya) están siendo llamados a declarar en calidad de investigados por habilitar espacios municipales para la votación. Actos y reuniones de apoyo en el resto del estado español prohibidas, mesas de propaganda obligadas a cerrar, webs bloqueadas por orden judicial. Un verdadero estado de excepción represivo que recuerda las épocas del Franquismo, mientras PP y PSOE acuerdan la posibilidad de aplicar el artículo 155 de la Constitución, que permite la suspensión de la autonomía y la intervención directa del Estado.
 
Ante esta situación leo preocupado que el único artículo en la Prensa Obrera sobre el tema es una crítica a las posiciones de la CUP, un partido de izquierda que se define como independentista y anticapitalista.
 
Más allá de lo obviamente necesario de la delimitación en cualquier lucha política, me hubiera parecido prioritario un artículo de denuncia de este ataque contra las libertades políticas en Catalunya y una muestra de solidaridad y apoyo al movimiento de autodeterminación. 
 
Pero aparte encuentro que el artículo nos posiciona peligrosamente del lado de la reacción.
 
“Separatista” es un término ajeno al movimiento de autodeterminación y a los partidos de izquierda en general. Es utilizado por los voceros del PP, sus alcahuetes y por las radios y televisiones ligadas a la extrema derecha. ¿Se nos ocurriría llamar “indios” a los mapuches o “trolos” a las asociaciones LGTB? Las palabras no son neutras.
 
En el  terreno político, la CUP se posiciona a favor de la independencia de Catalunya, pero se declara internacionalista, anticapitalista y feminista. Su programa es limitado pero más a la izquierda que Podemos y sus variantes catalanas, y su militancia en las luchas sindicales y sociales la ha llevado a ganarse el respeto de toda la vanguardia, no solo en Catalunya sino en el estado español. 
 
En el artículo se utiliza el término para definirla como “nacionalista”. ¿Por qué? Si solo consideramos no nacionalistas a los partidos que luchan por instaurar el socialismo y la dictadura del proletariado a nivel mundial, entonces todos los partidos españoles podrían ser tildados de nacionalistas y todos los argentinos, excepto los que conforman el FIT, también. 
 
Si no se utiliza de manera general, entiendo que a la CUP se la acusa de “nacionalista” solo por  el hecho de ser independentista. ¿Podemos, PP, C´s (Ciudadanos) y PSOE no son acaso nacionalistas españoles por oponerse a la independencia? Otra vez las palabras no son neutras.
 
Otro punto que no concuerdo con el artículo es la certeza de la permanencia de Catalunya en la Unión Europea. Aclaro primero que la CUP es abiertamente contraria. La burguesía catalana por el contrario es partidaria en bloque a la permanencia, pero la misma UE aclaró que la independencia de un territorio de un país de la Unión lo convierte en un tercero, y por ello fuera del Tratado. O sea que la única certeza de que Catalunya siga en la UE es en realidad...su permanencia dentro de España.
 
La caracterización del seguidismo de la CUP a la burguesía catalana me parece acertado y correcto, pero el artículo caracteriza al nacionalismo catalán como “históricamente reaccionario pues apunta a la balcanización de clase obrera española”. Sin embargo no se caracteriza el carácter infinitamente más reaccionario del nacionalismo imperialista español, históricamente opresor de las nacionalidades gallega, vasca y catalana y descendiente directo del fascismo franquista que asesinó a cientos de miles de trabajadores durante al guerra civil. 
 
Entendería que se tildara de distraccionista a un movimiento por la independencia, atizado por la burguesía catalana de manera antagónica a un ascenso de las luchas y la organización de la clase obrera en España. No es el caso. Por el contrario el independentismo catalán empieza a despertar simpatía y solidaridad en otras partes del estado español (manifestación de 10mil personas en Bilbao, acto a favor del referéndum en Madrid) a pesar de un operativo general de la prensa estatal para criminalizarlo. ¿Debemos, en nombre de la “balcanización”, oponernos a este movimiento profundamente democrático y situarnos junto a las fuerzas reaccionarias (se oponen al referéndum PP, PSOE, Ciudadanos y el stalinismo)? ¿O por el contrario debemos llamar a la participación activa en este referéndum PROHIBIDO por el Estado, y llamar a la movilización popular, incluida la huelga general para garantizar la apertura de colegios y urnas?
 
En este contexto represivo la abstención es inaceptable (ninguna fuerza mínimamente progresista lo plantea). La posición debería ser llamar a participar y a votar SI, ya que un claro triunfo del SI, dentro de una gran participación, abriría una crisis general de la monarquía y el estado post-franquista, que abre las puertas a la posibilidad de un desarrollo posterior de la lucha tanto en Catalunya como en el resto del estado, que supere las limitaciones del nacionalismo burgués catalán (que en ningún caso se encuentra cómoda en el contexto actual) y planteé una lucha común contra el estado español, su política de recortes sociales. 
 
La derrota del independentismo catalán, por el contrario, solo significará un reforzamiento del gobierno derechista de Rajoy y la monarquía borbónica.
 
Saludos revolucionarios desde Barcelona.
 
Sebastián Fischer

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