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16 de noviembre de 2018

El vaso aristotélico de Gisela Barreto

Por Santiago Vasconcelos
Profesor de Biología

Al estilo de una parodia de Capusotto, aparece Gisela Barreto en una emisión de su programa de televisión haciendo una forzada analogía entre un vaso para tomar agua y el cuerpo humano para criticar la práctica del sexo anal. La ex modelo hace una analogía entre éste y un vaso de agua que fuese servido al revés: “La parte de la cola del vaso dejo para arriba, agarro una botella y empiezo a servir el agua en el vaso que está dado vuelta. ¿Qué va a ocurrir? (…) El agua va a salpicar a todos los comensales, incluido a mí. Y yo voy a responder: es mi vaso y yo con mi vaso hago lo que quiero”

El video se viralizó rápidamente por las redes sociales para denunciar el ataque que esta señora hace a la diversidad, a las libertades sexuales individuales y al derecho a la educación sexual laica y científica. Barreto es portavoz de una campaña retrógrada que intenta bloquear la educación sexual, a la vez que ataca los mínimos derechos ya conquistados en este ámbito como es el derecho al aborto seguro en casos de violación.

Pero es ella misma la que pone en evidencia la necesidad de una educación científica y laica, al utilizar argumentos teleológicos y por lo tanto falaces para explicar las "funciones" del cuerpo humano. Veamos.

La causa final era esbozada por Aristóteles allá por el ¡300 a.C! como una de las cuatro causas que explicaban los fenómenos, también de la naturaleza. Así, el ala de un pájaro se explica por su capacidad para dar vuelo; es decir que, lo que es en realidad una consecuencia del ala, se utiliza como argumento de su surgimiento.

Por supuesto que este tipo de explicaciones (las teleológicas, las que ponen por delante del razonamiento la consecuencia), empalmaron con el auge del cristianismo en la Edad Media, ya que permitían explicar los fenómenos a través de la idea de un diseño divino. Esto es, las aves tienen alas para volar, porque son el producto de la voluntad de un creador.

Con el desarrollo de la ciencia y con la lucha de clases que daría luego lugar a la revolución burguesa e industrial, surge el mecanicismo como corriente que intenta dar explicaciones causales de los fenómenos. Este es, resumidamente, el marco en el que surge la teoría de la selección natural de Darwin y Wallace que permite explicar, por dos mecanismos concretos, las adaptaciones de los seres vivos: las poblaciones naturales son diversas por apariciones aleatorias de nuevas características (hoy se sabe que son mutaciones), y sobreviven algunos individuos, pasando sus características a la siguiente generación.

La selección natural como mecanismo evolutivo no sólo permite explicar la evolución del ser humano como otro ser vivo más, sino que da por tierra cualquier explicación de orden teleológica acerca de las partes de nuestro cuerpo. Si las nuevas características surgen por procesos que son azarosos, entonces nada de nuestro cuerpo está hecho para nada ni debe cumplir ningún propósito. 

Esto vale también para los órganos como el pene, la vagina o el recto, que son el resultado de procesos aleatorios y de la selección natural (entre otros procesos como la deriva génica que son omitidos en este texto por una cuestión de extensión).

Nuestro cuerpo, a diferencia del vaso que fue creado con un fin, no puede explicarse a través de la falacia de la causa final. Ni los pájaros desarrollaron alas para volar, ni el recto tiene un propósito específico ni determinado.

El avance del oscurantismo eclesiástico, sostenido por los partidos del régimen político que se sirven de las iglesias como forma de contención y de dominación, debe ser combatido férreamente, o el retroceso de la humanidad será profundo.

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