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24 de marzo de 2005 | #892

La prueba de fuego

Por Corresponsal
Luego de ver en reiteradas ocasiones, en reuniones, charlas, etc., etc., el video "Paso a las luchadoras", me sentí completamente convencida de la lucha que tiene que dar la mujer hoy en día. En la casa, en el barrio, con nuestros hijos... pero es una parte de lo que la mujer pasa cotidianamente. Pero cuando las compañeras dejamos los platos y la cocina, y agarramos a nuestros hijos y salimos a pelear a la calle, de a poco vamos comprendiendo que ¡los que nos cagan la vida son nuestros gobernantes y este sistema de mierda!
 
Y es allí en donde de a poco, bajo el sol, con lluvia, o sea en la práctica, que es lo que más me enseñó y donde más comprendí. ¡Sí, compañeros, en la lucha y en la calle! La calle y la práctica fueron mi mejor escuela, porque cuando uno pasa esa barrera entre la casa y la calle, y en la misma calle la lucha por nuestros derechos, vamos comprendiendo por qué acampamos, por qué resistimos de esa manera, o sea que no esperé a ningún intelectual de la pequeña burguesía con buenos modales y con un alto conocimiento para que me venga a explicar; aunque a veces los escucho, nunca está de más, ¡pero en guardia! (reconozco, compañeros, que soy muy rústica).
 
¡Es que ya con los altos conocimientos, los buenos modales y el vocabulario exquisito me recagaron y nos siguen recontracagando la vida! Y cuando tuve la oportunidad de ser protagonista en Brukman, Sasetru, Rosario y Mendoza por el Encuentro, mis amigos y familiares se pensaron que me iba a pasear o algo por el estilo, y en la práctica ¡me di cuenta de lo que es la Iglesia y todo lo que hace! Pero días atrás, cuando estábamos reunidos en la mesa del Polo, una compañera del barrio acudió desesperadamente a la reunión para manifestarnos que el padre los había amenazado de muerte a ellos y a la mamá, y que dos por tres se llegaba a la casa para hacer quilombo (los padres son separados) y ellos siempre están solos. La compañera lloraba y temblaba como una hoja; levantamos la mesa y nos fuimos urgente para la casa. La compañera Carmen agarró un "amansalocos" (un palo) y llegamos justo cuando el tipo les estaba haciendo quilombo, y allí nos enteramos de que por una orden del juez él no podía pisar la casa. La cuestión es que le recontrapusimos los puntos y nos fuimos, pero con los compañeros decidimos escondernos porque sospechábamos que el tipo iba a volver; y dicho y hecho, lo pescamos justito, y en ese momento cuando nos dirigíamos nuevamente, hablamos con la compañera de actuar cuanto antes y le pegamos una terrible paliza (o sea, yo, en las represiones, siempre estaba con todos los compañeros y actuábamos colectivamente, pero esa noche los compañeros no se metieron y esperaron a ver qué pasaba y encima el tipo estaba armado con un fierro), lo volvimos a encarar y tuvo que soltar el fierro diciendo que no los iba a molestar más.
 
Yo creo que en esos momentos, cuando le estábamos pegando, se me cruzaban un montón de cosas en la cabeza, rabia, odio, etc., y pensaba en todo lo que tenían que aguantar las compañeras, ¡tenían al Estado todo el tiempo! Y encima era de esos tipos bocones, honda: "lo que digo con la boca, lo sostengo con el pecho". ¡Ahora lo va a pensar dos veces!
 
Entonces, compañeros, tenemos que organizar comisiones en las barriadas y luchar por nuestras reivindicaciones y también tomar conciencia de este ejemplo de cómo actúa la Justicia burguesa.
 
Y creo que es lo que me pasó juntamente con la compañera. Mis compañeras del Partido, entre otras cosas, me dijeron que pasé la prueba de fuego.
 
Adelante, compañeras, ¡y Paso a las Luchadoras!

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