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11 de diciembre de 2018

Acerca del “día de la Virgen”

8 de diciembre, conmemorando la inmaculada opresión.
Acerca del “día de la Virgen”

"Virgen de Empel", pintura de Augusto Ferrer-Dalmau

Aunque los grandes medios de comunicación y la burguesía en general se rasgan las vestiduras por cada huelga obrera, clamando por las “pérdidas millonarias” que estas, según dicen, “le ocasionan al país”; jamás se les oyó levantar la voz para protestar por algunos de los feriados más insólitos que tenemos, como es el caso del feriado del 8 de diciembre.

Contrariamente a lo que pudiera creerse, “la inmaculada concepción” de María no refiere al momento en que María, según la tradición cristiana, queda embarazada de Jesús, sino al momento en que la madre de María queda embarazada de ésta, es decir, cuando María queda “concebida”.
Como naturalmente no existe ninguna certeza de cuando como y donde habría nacido el personaje bíblico de María, se toma la fecha de la Batalla de Empel que ocurrió los días 7 y 8 de diciembre de 1585 durante la Guerra de los Ochenta Años, en la que un Tercio del ejército español, el Tercio Viejo de Zamora, se enfrentó y derrotó en condiciones muy adversas a una flota de diez navíos de los rebeldes de los Estados Generales de los Países Bajos. En España la tradición católica ha considerado que la victoria fue gracias a la intercesión de la Inmaculada Concepción y por ello la Concepción fue proclamada patrona de los Tercios españoles, actual Infantería Española y es fiesta nacional en España el día 8 de diciembre. La fiesta de la Inmaculada fue fiesta de guardar en todos los reinos de su Majestad Católica, es decir, en todo el Imperio español, desde 1644; se declaró fiesta de guardar en toda la Iglesia desde 1708 por orden del papa Clemente XI. La ruptura de las colonias americanas con la metrópoli española al parecer no alcanzó para romper las ataduras con la iglesia católica. Este dogma había sido propuesto por el Papa Alejandro VII el 8 de diciembre de 1661, dando la siguiente definición: “... la Santísima Virgen María (...) en el primer instante de su creación e infusión en el cuerpo, fue preservada inmune de la mancha del pecado original, por singular gracia y privilegio de Dios, en atención a los méritos de su Hijo Jesucristo (...)”[1]

Este “en-atención-de-los-méritos-de” significa que el hijo que iba a nacer en un futuro convierte necesariamente de manera retroactiva, y en tiempo real, la santidad de su futura madre desde el momento de su concepción. O como dice el texto, queda María libre “del pecado original”, el cual padecen absolutamente todos los hombres y mujeres desde Adán y Eva en adelante, menos María, única excepción de toda la humanidad según el dogma católico.

La bula Inefabilis Deus, dada a conocer por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, termina de establecer el dogma de la “Inmaculada Concepción de María”. Aquí se dan a conocer algunos detalles más. Se cuenta que Dios colmó a María “de la abundancia de todos los celestiales carismas, sacada del tesoro de la divinidad, muy por encima de todos los ángeles y santos, que Ella, absolutamente siempre libre de toda mancha de pecado y toda hermosa y perfecta, manifestase tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno mayor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios.”[2]

Más allá de lo que detallen todos estos “descubrimientos” que padecen del “pecado original” de haber salido a la luz más de mil seiscientos años después de los acontecimientos que dice conocer, existe un hecho que es insoslayable: Para el dogma no importa María en tanto mujer, sino como útero que va a albergar al llamado “hijo e Dios”. La llamada “Inmaculada Concepción de María” que se celebra cada 8 de diciembre no refiere al nacimiento de María, mucho menos al de Jesús, sino a la declaración de santidad del envase María, desde su concepción, para convertirla en digna de gestar al Cristo.

La inmaculada concepción es la voz de orden, en el seno del catolicismo, que reduce a la mujer a una condición de envase. De ahí que María debía estar libre de pecado durante toda su vida. A ningún otro ser humano la Iglesia le exigió eso. Por eso subraya la bula que María es la única excepción, de todo el género humano, que va a vivir sin pecado, y no por mérito de haber dicho o hecho tal o cual acción, sino porque así debió ser, por mérito de Jesucristo.

Si aún quedaran dudas acerca del más retrógrado de los dogmas católicos, que alegremente se sigue conmemorando en nuestro país como feriado, cabe reflexionar el por qué se determinó que María debía ser madre terrenal auténtica de Jesucristo, mientras éste podía prescindir de un padre terrenal auténtico. Es claro que el papel de varón le queda asignado a Dios.
La bula del 8 de diciembre de 1854 consagra a María como envase purificado, y la santifica en tanto madre auténtica de Jesucristo. Quien la llena de gracia divina es Dios, el futuro padre de su hijo, es decir que aunque no conocemos la naturaleza de Dios, sabemos no obstante que es varón. El Papa, Jesús y Dios: todos varones. A la mujer sometimiento, por los siglos de los siglos, amén. Esto es lo que reza el dogma de la inmaculada concepción, que la mujer y el hombre de bien no pueden menos que repudiar. La separación de la iglesia y el Estado es una tarea que tenemos planteada “para ayer”.

 


[1]      https://es.scribd.com/document/168938484/Sollicitudo-Omnium-Ecclesiarum-Constitucion-Apostolica-De-Su-Santidad-Alejandro-VII-Sobre-la-Inmaculada-Concepcion-de-la-Santisima-Virgen-8-de-Diciemb

[2]      https://vuelvecristo.blogspot.com/2014/12/magisterio-bula-ineffabilis-deus.html

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