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14 de marzo de 2019

[DEBATE] Trigo transgénico: una posición equivocada

El 19 pasado en la edición online de Prensa Obrera, Raúl Stevani, se colocó sin percibirlo en uno de los dos polos del debate en la burguesía respecto a si autorizar o no un evento transgénico, el trigo HB4 –elaborado en laboratorios nacionales–, para la producción de trigo en el país y eventualmente en el exterior. La postura del Partido Obrero no puede consistir, de ninguna manera, en colocarse en uno de los dos campos que divide al gran capital agrario-industrial-biogenético y que tiene fracturado al gobierno de Macri, curiosamente en líneas parecidas a las que se dividía antes el de los K.

Antes de pasar a la crítica al artículo de Raúl Stevani, puntualicemos tres cosas:  Uno. Si en el debate por la ley de semillas –en desarrollo hace varios años en el país– el conjunto del gran capital agrario aparecía unido contra Monsanto (hoy Bayer) y demás grandes grupos biotecnológicos imperialistas –siempre persiguieron cobrar royalties sobre los eventos transgénicos y otros; este frente ahora se ha quebrado: las dos asociaciones más tradicionales del campo (la Sociedad Rural y las Confederaciones Rurales) junto a las Asociaciones de Acopiadores y Exportadores se opusieron a la aprobación del evento señalado, en defensa supuestamente del “mercado de exportación”, donde están en juego varios miles de millones de dólares (en particular, del principal país que importa nuestro trigo: Brasil). Sintomáticamente, todas estas organizaciones patronales se han alineado con las grandes corporaciones imperialistas como Monsanto. En cambio, como bien lo grafica este título de Perfil, “Grobocopatel y Sigman se cruzan con Bunge y Cargill por el trigo transgénico” (24-2). Ambos productores, que defendieron en su momento la ´famosa´  125, junto a Aapresid (la asociación que representa a los capitalistas agrarios más tecnificados –que aplican la ´siembra directa´), junto a Sica (ministro de Industrias) y Barañao (Ciencia y técnica) se han colocado en el otro bando.  Como se ve entonces, una división que no sólo cruza al capital nacional y extranjero; sino especialmente al primero.

Dos. No cabe ninguna duda que Bioceres, una empresa biotecnológica de capital nacional, de la que los mencionados arriba son accionistas junto “a 300 productores líderes” (ídem ant.) es la principal interesada en la aprobación del evento en discusión. Lo que no dice el artículo de R.S. es que ese trabajo es el fruto de toda una línea de investigación y desarrollo de investigadores del Conicet y la Universidad Nacional del Litoral, encabezado por la Dra. Raquel Chan, una destacada investigadora que reviste abiertamente en el campo de la “mejora (de los) cultivos en los laboratorios públicos pero (que denuncia que) lamentablemente el costo de llevarlos a productos comerciales es muy alto (y que) la ciencia argentina viene siendo desfinanciada seriamente en los últimos tres años” (Página 12, 8-1). Ciertamente Bioceres tiene un contrato con el Conicet y la UNL, pero el trabajo es enteramente el producto de una investigación nacida en el país y que choca abiertamente con eventos similares que ningún laboratorio internacional patentó hasta la fecha. ¡Por esto los grandes pulpos buscan retrasar su implementación! La tecnología HB4 está aprobada para lo soja hace bastante pero no existía hasta ahora para el trigo. Su implementación implicaría un salto importante en la productividad del cultivo del trigo. Como ocurre con Europa y Japón especialmente, la oposición a su aprobación no tiene ninguna prueba científica en contra, sino la resistencia de los grandes pulpos que quieren monopolizar su implementación (el cobro de royalties) y de los estados señalados, que defienden a sus capitalistas agrarios –por diversas circunstancias resisten la entrada de los transgénicos.  Bioceres se ha allanado a la ´moratoria´ de Macri en la esperanza de torcer al lobby agropecuario brasilero para que acepte la implementación de este evento –y eventualmente lo pueda comercializar por su cuenta a escala mundial (en junio próximo, además, se reúne el “Primer Congreso Internacional de la Cadena de Trigo que se realizará en nuestro país y reunirá a los mayores referentes del sector” (lapoliticaonline, 6-2). ¡Brasil tiene después de EE.UU., la segunda pradera más importante del mundo con cultivos transgénicos –en su inmensa mayoría bajo dominio de patentes yanquis!

Tres. El gobierno de Macri actúa atenazado por varios frentes, donde al derrumbe del apoyo petrolero por la marcha atrás con los subsidios a Vaca Muerta se sumó el de los lobbies agroexportadores: bajo las exigencias del FMI se ha acentuado brutalmente  “un proceso de primarización de las exportaciones del complejo sojero por la quita del diferencial arancelario que provocó, por ejemplo, que en diciembre los envíos de poroto crecieran 3.000% y la molienda en 2018 cayera 12%. La primarización de las exportaciones sojeras genera que la capacidad ociosa proyectada para este año de la industria aceitera sea del 46% (la molienda en 2019 caería a apenas 35 millones de toneladas)” (ídem ant.).

¿Qué surge de todo esto? Sería un error garrafal que el Partido Obrero aparezca atado a la posición de la SRA, las CRA, Bunge y Born y Cargill. De ninguna manera: las afirmaciones en el sentido de “la escasa base científica de la ingeniería genética”, de que “las características de las variedades transgénicas (es decir, especies a las que se le adicionan genes que le confieren la resistencia a determinados agro tóxicos, letales para el resto de las especies vegetales) sean impredecibles”, todas afirmaciones del texto de Raúl Stevani no se sustentan en base científica alguna. La inmensa mayoría de los cultivos en la actualidad, desde los granos cerealeros y oleaginosos, las hortalizas, las verduras, etc., etc., aquí y en el mundo entero se reproducen a base de eventos transgénicos, que han permitido multiplicar su producción, realizar cosechas contra-estaciones, etc. Los marxistas no podemos, ni remotamente, coquetear con posturas irresponsables que combaten la agrotecnología –tipo Vía Campesina y otras instituciones del mismo tipo. Defendemos todo desarrollo que permite el desenvolvimiento de las fuerzas productivas. Atacamos el negocio capitalista que da lugar, por ejemplo, a las fumigaciones indiscriminadas que afectan la salud humana y animal, pero no estamos a priori contra la aplicación de tecnología responsablemente en el agro como en cualquier área del quehacer económico y social. Está científicamente demostrado que la siembra directa y los paquetes tecnológicos modernos que reducen la aplicación de fungicidas y otros productos tóxicos en el agro contribuyen a la menor emisión de gases de efecto invernadero.

El Partido Obrero no debe tomar posición en la disputa sobre el trigo transgénico. Defendemos las investigaciones de nuestros investigadores, reclamamos presupuesto para que el Conicet y las Universidades las puedan desarrollar y comercializar sin recurrir a ninguna empresa capitalista, para que estas investigaciones sirvan a la multiplicación productiva y el abaratamiento del costo de la canasta familiar, para que el conocimiento científico sea puesto al servicio de la revolución proletaria.

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