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23 de abril de 2019

[DEBATE]: respuesta a “Trigo transgénico: una posición equivocada”

El compañero Norberto Malaj escribió una crítica al artículo “Por qué el trigo transgénico no debe ser aprobado”, publicado en la edición online de Prensa Obrera del 19 de febrero.

Se dice: “Sería un error garrafal que el Partido Obrero aparezca atado a la posición de la SRA, las CRA, Bunge y Born y Cargill”. Por supuesto, del mismo modo que sería un error que propiciando su aprobación estemos junto a Bioceres, Grobocopatel, etc. No debe quedar ninguna duda que no estamos con ningún sector patronal y mucho menos con los que buscan su negocio a costa de envenenar a la población.

No debe ser aprobado este evento como ningún otro OGM por una razón muy simple, no debemos seguir permitiendo que los dueños de la semilla, los agroquímicos y los fertilizantes, el capital financiero, siga enriqueciéndose a costa de dañar los suelos, el ambiente y por sobre todo a los habitantes rurales que por millones reciben a diario la salvaje lluvia de venenos. Paralelamente no criticamos la tecnología utilizada, la transgénesis, sólo si de ella se derivan eventos que realmente beneficien la salud humana y el ambiente. Hay muchos proyectos en este sentido, absolutamente ninguno tuvo pedido de aprobación. Este caso tampoco escapa a las generales de la ley. Se esconde detrás de cierta resistencia a sequía el uso indiscriminado de glufosinato de amonio.

Una cuestión menor: con una anterioridad de 52 días fue publicado un artículo similar,  de mi autoría (“Ni el pan, ni las papas fritas a salvo del gobierno”), en donde planteo el rol de la empresa Bioceres y quien desarrolló la investigación, la Dra. Chan, por ese motivo no lo repito, pero para nada es una omisión. De todos modos, “esta destacada investigadora” en el artículo de Página 12 repite la misma cantinela de las muy interesadas corporaciones internacionales que lucran con el negocio de la semilla, los agroquímicos y los fertilizantes: plantea que hay que alimentar a la creciente población, menciona que la obtención de estos eventos propicia una disminución del consumo de agroquímicos, lo cual en los 22 años del reconocimiento del primer evento OGM, la soja RR, no sólo no se estabilizó su consumo, sino que se incrementó exponencialmente. Además prácticamente oculta los genes de resistencia al Glufosinato de Amonio que portan los trigos HB4. Comenta que los transgénicos deben atravesar normas y medidas muy rigurosas establecidas por  la Conabia y el Senasa como organismos encargados del control. Cabe aclarar que el Senasa depende de la Secretaría de Agroindustria y la Conabia es un organismo mayoritariamente compuesto por las mismas empresas.

Además, la justificación de la gran erogación y por eso su convenio con empresas privadas, esconde que la gran tajada del león, cuando aparezcan las regalías, se la llevan las empresas, y sostiene que el aporte servirá para retroalimentar el sistema científico, todo muy dudoso que ocurra y a todas luces inaceptable.

Se continúa con que la soja HB4 está aprobada, pero esto sólo es para los cultivos, mientras que los mercados internacionales a donde se despache nuestra producción, aún no la han autorizado. Para el caso del trigo no se aprobó en ningún país del mundo de los posibles compradores.

Otra cuestión muy importante, se dice que el trigo transgénico implicaría “un salto importante en la productividad del trigo”. No hay sustento para tal afirmación, hasta ahora sólo se utilizó experimentalmente.

También se menciona que “La inmensa mayoría de los cultivos en la actualidad, desde los granos cerealeros y oleaginosos, las hortalizas, las verduras, etc., etc., aquí y en el mundo entero se reproducen a base de eventos transgénicos”. Esto es una falacia. La soja, el maíz y el tomate son los únicos cultivos OGM actuales y apenas un puñado de especies más, sólo de valor forrajero.

Respecto a los rindes se mantienen prácticamente inalterables con mínimos crecimientos; obviamente soja se produce mucho más que antes, pues antes sólo se sembraban unas pocos cientos de hectáreas y ahora más de 20 millones;  lo que sí se incrementó es el consumo de agroquímicos que prácticamente creció en más de un 1000%. En cuanto a que se permite “realizar cosechas contra-estaciones”, no sé a qué se refiere el compañero, porque desde que el ser humano domesticó esas especies, en estas latitudes el maíz y la soja son cultivos de verano y no hay contra estación.

Lo de la agrotecnología lo dejo para que Vía Campesina se defienda. Se dice también: “Defendemos todo desarrollo que permite el desenvolvimiento de las fuerzas productivas. Atacamos el negocio capitalista que da lugar, por ejemplo, a las fumigaciones indiscriminadas”. Las fumigaciones nunca son indiscriminadas, desde el momento que estamos hablando de esparcir un gas. Otra cosa muy distinta son las pulverizaciones indiscriminadas con equipos aéreos o terrestres, que obviamente están indisolublemente ligadas a este tipo de agricultura a la que se le cantan loas, sin saber medir los perjuicios que encierra.

También se afirma: “está científicamente demostrado que la siembra directa y los paquetes tecnológicos modernos que reducen la aplicación de fungicidas y otros productos tóxicos en el agro contribuyen a la menor emisión de gases de efecto invernadero”. Quién lo dice: Aapresid. Acá habría que precisar qué estamos diciendo, ¿que reducen la aplicación de fungicidas y otros productos tóxicos?, ¿cuáles?, ¿dónde?, ¿por qué?, ¿cómo? ¿No es exactamente al revés? Nunca el paquete tecnológico es sólo SD, ésta va acompañada de cócteles de funguicidas, insecticidas y principalmente herbicidas y cada vez en mayor cantidad.

El Partido Obrero no sólo debe tomar posición en la disputa sobre el trigo transgénico, creo debe tomar posición en contra de los OGM, propuestos por grandes multinacionales semilleras, en tanto y en cuanto promuevan un mayor e indiscriminado uso de agro tóxicos o sea venenos. Hay muchísimas líneas de investigación biotecnológicas realmente interesantes y de gran impacto para la salud humana y ambiental, pero a las empresas que motorizan estos eventos, no les interesan porque no tienen detrás el inmenso negociado de los agrotóxicos.

Por supuesto que defendemos las investigaciones de nuestros investigadores, reclamamos presupuesto para que el Conicet y las Universidades las puedan desarrollar y comercializar sin recurrir a ninguna empresa capitalista, para que estas investigaciones sirvan a la multiplicación productiva y el abaratamiento del costo de la canasta familiar, para que el conocimiento científico sea puesto al servicio de la revolución proletaria.  No es el caso del trigo HB4.

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