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6 de diciembre de 2007 | #1020

'Ecos' del callejón sin salida de la ciencia burguesa: Posmodernizar a Freud... o volver a Watson (¿y el marxismo donde está?)

Contribución al debate acerca de la 'mente' en Prensa Obrera

A pesar de la defensa de Marina G., Juan Valverde comete errores inadmisibles que no se pueden dejar pasar bajo la “buena voluntad” que abriga.

Mediante el estudio del cerebro, y únicamente a partir de él, Juan Valverde pretende que se puede llegar a conocer, algún día, todas las expresiones de la subjetividad humana (la memoria, el aprendizaje, etc.). En esto reside su “materialismo”, con el cual “combate” al “idealismo” en versión ampliada. Aunque dice combatir a la iglesia, a los teóricos del alma, y a los teóricos de la mente (léase psicólogos), es un tiro por elevación a las ciencias humanas en general.

Valverde desprecia “la elevación de nuestra conducta a un destino de trascendencia”; razón por la cual, dice, “todavía se mantiene la dicotomía entre mente y cerebro” que “coloca el debate en una perspectiva ideológica”

Dejemos de lado que el fetichismo del cerebro ya fue denunciado por Engels (justamente, en ‘El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre’, texto mencionado por Marina G.) subrayando el papel de la mano, es decir del trabajo, en el proceso de hominización.

Pero sí es importante recordar que el Marxismo (heredándolo de Kant), concibe el conocimiento como una actividad del sujeto (hipótesis filosófica que entronca con los desarrollos de Piaget en el terreno de la psicología) Es decir, que ‘mente’ y ‘cerebro’ pueden corresponder a conceptos útiles en distintas actividades, como puede ser el caso (y lo es) de la psicología y la neurología (correspondientemente).

Valverde por un lado, y Raúl y Valderrama, por el otro, difieren en el abordaje, según se trate de la forma subjetiva del proceso de pensamiento o de la manifestación concreta, físico-química, del mismo proceso. La burguesía, como bien plantea Raúl, pretende hacernos pasar gato por liebre tomando unilateralmente uno de los dos aspectos haciendo, a partir de esta manipulación ideológica, un gran negociado.

De este modo, Juan Valverde cae en el mecanicismo, o materialismo vulgar, y se convierte en presa fácil de psicólogos, y especialmente, de marxistas. Es que no hace otra cosa que trasladar a nivel individual lo que el materialismo “economicista” plantea a nivel social.

Lo que resulta evidente, es que Valverde ve en el horizonte de la biología la posibilidad de que el ser humano se convierta en un ‘modelo para armar’ (ilusión que no se aprecia en el texto de Marina G.). Es posible en cuanto al cuerpo, pero en lo que hace a la memoria, al aprendizaje y a los hábitos de conducta, cuestiones que se desprenden de la acción humana, se precisará trabajar con el sujeto en acción (como lo hace el psicoanálisis) y no sobre el organismo biológico.

El problema del violador, y sobre todo de su víctima, no está en que aquella noche esté codificada en una proteína, sino en el medio social y cultural de uno y otro, en la historia personal de cada uno, y en como la personalidad de ambos se ve afectada por el hecho.

Entiendo por personalidad (a partir de Piaget y de Vigotsky), básicamente, al conjunto de “esquemas de acción” (hábitos) que forman parte de la historia del sujeto. Algo inhaprensible para la biología; lo nueronal es sólo una cara de la moneda. El gran mérito de Freud es que el estudió la personalidad como un fenómeno material, haciendo uso (y también abuso) de la “alegoría” del “Aparato Psíquico”.

¡Mucha atención! Porque el “materialismo” físico-químico que Valverde deja entrever, es liquidacionista respecto del Marxismo. Significa afirmar la “inocuidad” de las ciencias humanas en general, cuando el punto de partida del marxismo consiste justamente en postular la objetividad, la materialidad, de las relaciones humanas. Y esto porque su preocupación no es “el mundo” (no es “positivista”) sino la Historia del mundo, el mundo en devenir, y en esa historia es necesario considerar las subjetividades y las condiciones objetivas (y esto es muy distinto que decir mundo físico concreto) en relación dialéctica.

La diferencia, sutil, pero como para grabársela a fuego, es que mientras la modernidad pretende descubrir las propiedades de la cosa desde la contemplación (de sus propiedades sensibles), el marxismo la analiza en el movimiento de conjunto, desde la acción (ver la formulación genial de Marx de “gelatina de trabajo” en el tomo 1 vol 1 de El Capital, o cuando hace parar y hablar a la mesa-mercancía, un recurso que utiliza para referirse gráficamente a la realidad objetiva supra-sensible, ambos ejemplos de un método de análisis que le habrirían la cabeza a los “materialistas físico/químicos”)

Lo que distingue al marxismo del materialismo vulgar, en palabras de Marx, es lo siguiente: “El defecto fundamental de todo el materialismo anterior —incluido el de Feuerbach- es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo (...) Feuerbach quiere objetos sensoriales, realmente distintos de los objetos conceptuales; pero tampoco él concibe la propia actividad humana como una actividad objetiva”

El 95% de las “ciencias humanas” se basa en la acción de dividir la realidad en dos compartimientos estancos: las cosas “concretas” y las cuestiones “abstractas”. Eso explica el terremoto que produjo Freud al introducir el limbo del Sistema Inconsciente.

El capitalismo en su decadencia todavía no ha asimilado (ni lo hará jamás) que la realidad no es estática sino movimiento, devenir. El gran progreso del marxismo consiste en el abordaje de las relaciones humanas en el marco de la realidad objetiva; El nexo entre la teoría y la práctica, entre lo concreto y lo abstracto, es la acción; eso es en esencia lo que permite que el materialismo dialéctico se desarrolle sólidamente en base a las leyes generales del movimiento.

Es evidente que el tema de la subjetividad tiene enorme importancia para el marxismo. El Partido Bolchevique no necesitó de un dominio completo de la psicología humana para tomar el poder, pero si de aquellos aspectos de la subjetividad interconectados con la acción revolucionaria. Pero el marco histórico del PO puede ser distinto, y sería invalorable que siga reincidiendo en el tema, por osado o de puro revolucionario.

“En defensa del Marxismo”, naturaleza obliga.

Invito a los compañeros a estudiar sistemáticamente el marxismo y a barrer con la mediocridad presente en las ciencias humanas, y felicito al PO porque sin lucha concreta por el poder y sin independencia política, esa tarea adolecería de abstracta.

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