15/08/1996 | 506

“A los compañeros choferes”

En Prensa Obrera Nº 501, en el artículo “Cómo se hace un periódico proletario”, que escribe Julio Antonio Mella, dice que… a los lectores no les interesa cómo estaba “su alma” o “su corazón”, refiriéndose al que escribe… pero yo creo que a veces hace falta que se sepa el estado de su “alma o su corazón”, puesto que esto ayuda al cerebro a elaborar lo que siente, en el momento que lo vuelca en un papel, para transmitírselo a otro.


Desde hace un tiempo, cuando comenzó a evidenciarse más profundamente la superexplotación que afectaba a los compañeros del transporte (choferes) y teníamos “muertos todos los días”, producto de accidentes provocados por “alta velocidad” por cumplir con horarios, “manejar alcoholizados”, etc., comenzó a formarse en “mi persona” un efecto negativo, me provocaba “pánico” viajar, quería bajarme en la siguiente parada, comenzaba a dolerme el estómago y una terrible angustia se apoderaba de mí, etc., entonces comencé a hacer “causa común” con los usuarios que los trataban de “bestias, maleducados, delincuentes”, ya que también se quedaban con las monedas de los vueltos, etc.


Mientras viajaba, yo los contemplaba, tratando de “adivinar” lo que cruzaba por sus mentes; se me antojaban “una máquina” manejando otra máquina más grande y tan poderosa como un misil… era una “gran guerra” entre choferes y usuarios (trabajadores contra trabajadores). Me costaba mucho reconocer en ese ser a un trabajador explotado igual que yo, pero con la gran responsabilidad de llevar vidas en esa inmensa mole que circula por la ciudad. El día 23 de julio, junto a otro compañero, hicimos una actividad (volanteo) en la terminal del Expreso Caraza (188 – 20) y me llamó la atención algo que nunca había presenciado… era la hora del recambio de choferes y comienzo a observar… cuando bajaban del colectivo y venían caminando hacia donde yo estaba: no parecían hombres, me volvían a la mente aquellas máquinas al volante de otra máquina, eran muñecos dirigidos a control remoto. En el momento de ofrecerles un volante, comentarles el conflicto de los compañeros choferes de Transporte del Oeste, para ellos era como algo que “ocurrió en otro mundo” y que a “ellos” nunca podrá ocurrirles. Un verdadero desconocimiento… “venimos a laburar, y después a casa”, era la respuesta más común. Esto es el sistema capitalista: “explotados al máximo y anulados” como seres pensantes. Con el lema “el único que piensa es el patrón” (en cómo reventarnos).


Con la gran lucha de los compañeros de TDO comencé a reivindicarlos como trabajadores y como seres humanos; esa lucha me ha fortalecido mucho, porque si las cosas se hacen bien, si estamos bien encaminados y unidos, “somos fuertes y podemos”. Pero… porque siempre hay un pero, esa angustia que me provocaba viajar en colectivo todavía me acompaña, pero “me ayudó” con una reflexión, distinta a la de meses atrás… ya no los veo como enemigos, sino como compañeros de clase tan explotados como yo. Espero que esta experiencia que me quedó, ayude a todos los choferes a entender que el camino es la “organización y la lucha” y no la agresión al usuario, ya que todos somos oprimidos por el capitalismo y si de algo sirve, mis mejores deseos a los compañeros de Transporte del Oeste… “Esta” es ¡mi reivindicación! y quería que lo supieran.

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