Munro, 16 de marzo de 1995


El desarrollo de la Conferencia fue frustrante. Porque no cumplió con las expectativas previas. Esto se manifestó cuando el sábado 11/3, en el mini-estadio de Atlanta, se propuso discutir un escrito inédito y, por lo tanto, desconocido por las bases que conforman los comités. Que no tenían opinión sobre la propuesta, ni obviamente, tampoco podían darle mandato a sus delegados para votarla. Este punto es esencial, si la base de los militantes no pudo decidir sobre lo que votaron sus delegados, implica un rotundo fracaso de la Conferencia, porque no permitió la expresión de los compañeros participantes en los comités de base.


La cosa se agravó aún más cuando pasó a discutirse la resolución sobre el comando político, propuesta por una “Comisión de Organización Integrada por Delegados de Comités de Base”.


Esta llegó a mis manos impresa en una hoja ilegible y en el momento previo a la votación, y supongo que lo mismo les ocurrió a los otros delegados (si afortunadamente la recibieron). Sobre esto y la elección de candidaturas en nuestro comité nadie habló ni escuchó una palabra. Yo me pregunto, ¿con qué derecho podría votar, si mis mandantes desconocían absolutamente todo? (lo que vale para los comités en los que hubiese ocurrido lo mismo).


Por todo esto, me abstuve en todas las votaciones y se lo expresé a los presentes.


Creo que estos métodos son formales y burocráticos, y no puede aceptarse que un miembro de la Dirección (Pablo Rieznik) los defienda y avale desde la tribuna. Por este camino transformamos en ficción todos los propósitos para los que fue llamada esta Conferencia.


La experiencia anterior no nos da un balance totalmente negativo, ya que el contacto de los compañeros independientes con el Partido Obrero servirá para atemperar cierta rigidez y excesiva disciplina que los caracteriza, insuflándoles una ráfaga de aire fresco que nos servirá a todos y redundará en un acercamiento e influencia sobre las masas.