17/07/1997 | 548

Che Guevara

«Cremaría sus restos y los dispersaría por los lugares en que luchó»


Al escribirse estas líneas es inminente la identificación de los restos del Che Guevara encontrados en una fosa común en Vallegrande, donde fueran enterrados pocos días después de su ejecución, hace ya casi 30 años.


El hallazgo dio lugar a generalizadas muestras de hipócrito reconocimiento por parte de quienes lo enfrentaron en vida, como diría el himno sarmientino, «con la espada, con la pluma y la palabra». No es la excepción. La historia ya ha presenciado en numerosas ocasiones que quienes fueron temidos y odiados en vida por su conducta y por sus ideas revolucionarias, son desvirtuados y ‘honrados’ después de muertos, total ya no pueden defenderse.


Militares y ‘fuerzas vivas’


El ranking de la hipocresía lo encabezan, cuando no, las fuerzas armadas bolivianas. Quienes ejecutaron alevosa y premeditadamente a un prisionero herido y esposado, violando así todas las convenciones internacionales sobre trato a prisioneros (mostrando, de paso, que estas convenciones no fueron hechas para la guerra de clases); quienes se vanagloriaron del asesinato en su momento y ocultaron su cadáver, pretenden ganar ahora patente de ‘demócratas’ colaborando en la búsqueda de sus restos y facilitando la restitución a sus familiares. Quienes en 1967, con el apoyo y bajo el control de la CIA y el Pentágono, persiguieron implacablemente, hasta aniquilar, la pequeña y aislada columna guerrillera con fuerzas cien veces superiores, hoy quieren aparecer como adversarios caballerescos de una justa medieval.


Uno de los que pretende salir beneficiado de este baño generalizado de ‘humanismo’ es el presidente electo, el general Banzer, quien debe asumir el 6 de agosto, y aunque seguramente a esa altura los restos del Che ya hayan llegado a Cuba hace rato, no quiso perder la oportunidad de mostrar una imagen de magistrado «electo democráticamente» y anunció, anticipadamente, que no se opondrá a su restitución. Quien encabezó en 1971 uno de los golpes más sangrientos de la sangrienta historia de golpes militares bolivianos, hoy busca subirse al carro de la moda ‘democratizante’ apoyándose en el cadáver del Che.


También se anotaron en esta ‘cruzada reivindicativa’ las ‘fuerzas vivas’ de la zona donde fue hallado y ejecutado el revolucionario argentino-cubano. Quienes en su momento lo denunciaron y delataron, colaborando en el cerco tendido por los rangers, hoy pretenden usufructuar post-mortem los derechos turísticos de la gesta guevarista. Ahora, como hace treinta años, los pequeños propietarios de la zona no hacen más que seguir el camino que les indica el gran capital. «Ya hay una media docena de empresas turísticas que se preparan para recibir a los visitantes e integrarlos en los grupos que quieran hacer la ahora llamada Ruta del Che»(La Maga, suplemento especial, 2/7).


El pueblo boliviano


Los explotados bolivianos, hoy como entonces, se expresan de otra forma. En 1967, la Federación Minera había saludado la presencia del Che, inscribiéndolo en una perspectiva liberadora (en junio de ese año, la vanguardia minera de Siglo XX fue ferozmente reprimida por la dictadura militar de entonces, en la tristemente conocida»masacre de San Juan»). Hoy llegan muestras de homenaje y solidaridad desde distintos sectores del pueblo, incluyendo a los médicos del hospital donde estudian sus restos.


Esta corriente de simpatía popular no puede sustraerse, naturalmente, a la evolución de las corrientes políticas. Muchos ex-guerrilleros pretenden presentar una imagen‘light’ y ‘aggiornada’ del revolucionario asesinado. El Chato Peredo, quien combatió junto al Che, hoy preside, desde su clínica en Santa Cruz, la Fundación Ernesto Che Guevara, cuyo propósito es «la búsqueda de la verdad y la memoria». Hoy reclama que el 9 de octubre sea declarado Día de los Caídos, «pensando en los muertos de ambos bandos (como) un punto de acercamiento» (ídem). La lucha de clases y los planteos revolucionarios estarían perimidos, por eso se destacan del Che su»altruísmo, su generosidad, su sacrificio por los demás, su búsqueda activa de un mundo mejor para todos» (ídem), es decir, se presenta una imagen distorsionada que lo hace aparecer como un Mahatma Gandhi latinoamericano.


Stalinismo


Nadie mejor que el stalinismo para presentar hipócritamente su propia historia y tratar de cubrir con el manto del Che su completa desnudez revolucionaria. El Partido Comunista argentino no sólo no apoyó al Che en el 67, sino que encabezó una verdadera caza de brujas en su seno y especialmente en la juventud, contra todo lo que oliera a guevarismo. Codovilla y Ghioldi habían convertido al PCA en el baluarte contrarrevolucionario de todo el stalinismo continental desde fines de los años 20, y naturalmente pasaron a combatir activamente todos los aspectos revolucionarios del castrismo de comienzos de los 60.


Si al stalinismo boliviano le cabe la responsabilidad histórica de haber colaborado activamente en el aislamiento de la columna del Che, el stalinismo argentino fue su más ferviente impulsor.


Un ex dirigente del comunismo boliviano reveló en estos días un riesgoso viaje en el que llevó las seccionadas manos del Che desde Bolivia a Moscú, a comienzos de 1970, desde donde siguieron viaje hacia Cuba. Lo revelador, tantos años después, es el clima político que se vivía alrededor del PCB. «No se avisó a los mandos del PCB por temor de infiltraciones y nuevas traiciones… tomamos contacto con la embajada de Cuba en Moscú el 4 de enero de 1970, para viajar a La Habana, pero la respuesta fue de que debido a la traición al Che, ningún miembro del PCB podía llegar a la isla» (Ambito Financiero, 9/7).


Familia


La hija mayor del Che, Hilda Guevara Gadea, reveló poco tiempo atrás, cuál era, según ella, la posición que sustentaba su padre. «Mi padre dijo, en más de una ocasión, que todo aquel que da la vida por una causa debe descansar después de su muerte en el lugar al que lo llevó su destino de lucha y yo comparto sus principios… si por mí fuera, cremaría sus restos y los dispersaría por los lugares en los que peleó» (La Nación, 24/6). Y luego aclaró que «cuando discutimos el tema con mi madre y mis hermanos, yo quedé en minoría».


Lo que transmite Hilda es perfectamente coherente con las ideas y la trayectoria del Che. Para un revolucionario ateo, el culto a los muertos y los mausoleos son rémoras fetichistas propias de la prehistoria de la civilización humana, pero muy lejos del ‘hombre nuevo’ que propugnaba el Che.


Indudablemente, en la resolución familiar deben haber pesado muchos factores para incumplir la voluntad paterna. Las presiones y necesidades del gobierno cubano no deben ser, seguramente, las menos importantes.


Cuba


El gran factor de manipulación en relación a los restos del Che es, naturalmente, el gobierno cubano. Para la burocracia dirigente, la explotación del prestigio que la figura del Che goza en el pueblo cubano es un recurso insistentemente utilizado a la hora de requerir sacrificios. Una nueva hipocresía de la historia. Quien en vida fue uno de los primeros críticos de las tempranas manifestaciones de burocratismo y diferenciación social en la Cuba revolucionaria, hoy es utilizado para justificarle al pueblo sus sacrificios, mientras los capitalistas y sus socios burocráticos alientan desvergonzadamente un proceso de acumulación.


Al igual que en Bolivia, la principal institución mistificadora y manipuladora son las fuerzas armadas. En esto, los regímenes burocráticos repiten las peores lacras del Estado burgués. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba reclaman los restos del Che para incorporarlos dentro de sus propios mausoleos y levantar su alicaído prestigio y, seguramente, como parte de las pujas internas.


La socióloga cubana María del Carmen Arriet, «quien condujo las investigaciones históricas que concluyeron con el hallazgo de los restos (declaró) que le parece incorrecto decir que se va a usar su repatriación con fines políticos pues si en algún lugar el Che ha sido reverenciado siempre es en Cuba» (Clarín, 6/7). Lo que la socióloga no percibe es que la continuidad de la explotación de la figura del Che no le otorga a esa explotación mejores derechos. En este caso, la costumbre no genera legitimidad.


Por el contrario, la explotación de la figura de Guevara por la burocracia cubana comenzó bien pronto después de su muerte. Como lo reveló recientemente un ex compañero del Che en el Congo y en Bolivia, el ‘comandante Benigno’ (Memorias de un soldado cubano, ver reportaje en La Prensa, 29/6), el «Che pensaba distinto del resto de la dirigencia… Es cuando pronuncia el discurso de Argel (1963). Allí marca su línea política y los soviéticos y el campo socialista lo condenan… hubo una cierta presión de parte de los gobiernos socialistas sobre Castro. Eso obligó a discusiones más profundas entre Castro y el Che… Para la Unión Soviética se convierte en un antisoviético. Algunos lo califican de trotskysta o prochino. Esto no lo conocía el pueblo cubano, pero sí algunos dirigentes».


La burocracia busca cubrirse con la aureola del Che para justificar sus prebendas y sus privilegios. Puede terminar causando el efecto contrario, contaminando la figura del Che con su propio desprestigio. No nos olvidemos que después de décadas de culto a Lenin como creador del Estado soviético y padre del socialismo, por parte de la burocracia, gran parte del pueblo ruso terminó identificando al gran revolucionario como un símbolo de la burocracia.

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