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Del MTP

Comunicado de prensa


Buenos Aires, 22 de marzo de 1994


El día 19 de marzo se reunió el Plenario Nacional del Movimiento Todos por la Patria. A la consideración de ese Plenario fue sometido el pedido de licencia de la organización del compañero Enrique Haroldo Gorriarán.


La totalidad del Plenario aprobó este pedido, atento a la justeza de los motivos planteados: necesidad del compañero Gorriarán de contestar a la campaña de desprestigio desatada desde el sistema no sólo contra él, sino contra la generación de revolucionarios de las décadas del 60 y 70.


El Plenario, por unanimidad, refrendó su confianza en el ejemplo revolucionario que, a lo largo de muchos años de militancia, viene dando el citado compañero. Y apoyó su decisión como una etapa más de su valiente trayectoria.


 


Por el Secretariado del  MTP


Alejandro Parra        


Walter Larrea


Héctor   Witemberg       


Adrián Agüer    


14 de marzo de 1994


 


Queridos hermanos: Les escribo sabiendo que están bien y para proponerles algo. Les pido que lo consideren —como siempre— con atención.


Desde hace mucho tiempo, en nuestro país se ha defenestrado la imagen de muchos compañeros revolucionarios. Esta acción, impulsada desde el poder, transmitida por los medios de comunicación, que de una u otra manera responden a él, y complementada por la versión de ex revolucionarios hoy arrepentidos, ha logrado —sin duda— crear una imagen distorsionada de la personalidad de algunos de ellos. Y de las organizaciones a las que pertenecen o pertenecieron.


Esta campaña se ha intensificado a partir de La Tablada. Desde esa fecha, se han escrito varios libros que suman unas 2.000 páginas, con una llegada estimada a 300.000 lectores interesados en política. Esto sin contar los cientos de artículos periodísticos, a los que acceden millones de personas.


En mi caso particular, han conseguido que, quienes se creen todo, piensen que soy un loco o un criminal. Y que muchos, que sólo creen parte de estas afirmaciones, duden de mi condición de revolucionario y sospechen que pertenezco a algún servicio de inteligencia.


Recientemente —en una nueva demostración de “habilidad” informativa— me relacionaron con la superbanda carapintada que asaltó el camión blindado. Al día siguiente desmintieron. Pero para la gente, que no domina estos métodos, queda como que no estuve, pero que puedo estar en otra cosa similar. Sería largo de enumerar pero, desde bombas a cajeros automáticos hasta esto de la superbanda, creo que no hubo hecho violento de alguna connotación política, donde no apareciera involucrado de alguna manera.


Además, como soy miembro del MTP, esta situación no sólo me afecta personalmente. También —y sobre todo— busca perjudicar el desarrollo de nuestra organización política.


Por otra parte, y esto es más grave aún, estas versiones malintencionadas intentan mellar la memoria de toda una generación de luchadores de los años ’60 y ’70, hoy desaparecidos o muertos. El fin de esta campaña es desmerecer sus ejemplos de dignidad y sus sacrificios libertarios.


Los más consecuentes, honestos y desinteresados revolucionarios de aquellos años son desmerecidos por quienes cuestionan aquellas décadas, donde el honor era un verdadero valor. Antes decía que esto es más grave aún, porque ellos no pueden defenderse. Los críticos saben eso, tergiversan los hechos y distorsionan sus pensamientos.


Fíjense en un sólo ejemplo: A Roby (Mario Roberto Santucho) —uno de los revolucionarios más cabales de nuestro tiempo— lo presentan como autoritario o liberal según les covenga. En uno de los libros a los que me refiero al principio, —el “Todo o Nada” de María Seoane—, se lo muestra como autoritario cuando se pretende dar a la militancia el carácter de rebaño llevado de la nariz. Y como liberal cuando se intenta atribuirle la culpabilidad por la pérdida de compañeros, que fueron muertos o desaparecidos —en marzo de 1976— a raíz de que las fuerzas de seguridad descubrieron donde se realizaba una reunión del Comité Central y lo atacó.


En verdad, los que lo conocimos bien, y lo respetamos, y respetaremos siempre, sabemos que Roby era un compañero cuya característica principal consistía en que era muy respetuoso de las decisiones colectivas. Al contrario de lo que sostiene el libro, la reunión del Comité Central de marzo de 1976 fue aprobada por Roby y el conjunto de los compañeros que tenían la responsabilidad de la decisión.


Volviendo al motivo de la carta creo que no podemos dejar pasar más tiempo sin responder a estas y otras infamias. Considero mi deber, por ser uno de los que conocí palpablemente muchos de los hechos tergiversados, dedicar un tiempo a dar respuesta a las acusaciones difundidas.


Es por eso que solicito analicen la posibilidad de otorgarme una licencia que me desligue de toda responsabilidad militante en el MTP —que por otra parte, debido a las limitaciones de la clandestinidad no es la que debería ser— por un plazo cuya duración esté en dependencia de lo que demore en hacer y ordenar mi testimonio. Esta licencia, en principio, debería ser por un año. No podría responder a tantas cosas en menor tiempo.


A la espera de respuesta, con todo mi afecto y el compromiso de siempre, me despido de todos Uds. con un fuerte abrazo.