14/09/1993 | 401

Feminismo o Revolución Proletaria

En el nº 395 de Prensa Obrera se publi­có una carta enviada por la compañera Lucía Ferreira (Tucumán).


En dicha carta la compañera relata el VIII Encuentro Nacional de Mujeres, plan­teando una serie de dudas y preguntas, que ponen de manifiesto una confusión concep­tual que la lleva a posiciones “democratizantes”.


Como primera cuestión, estoy en contra de no permitir la participación de hombres, al menos en temas tales como el aborto, por ejemplo.


Hasta donde yo sé, la procreación es de a dos. A no ser que se crea en la existencia del Espíritu Santo. Por lo tanto, el aborto es un problema que atinge tanto a la mujer (las damas primero), como al hombre.


Si el criterio para definir la concurrencia fuera el correcto, ¿qué pasaría si se realiza­ra un “Encuentro «para discutir los proble­mas de la infancia? ¿Quiénes serían los “autorizados «para concurrir al mismo? En lo referente al “informe» de L. F, queda claro la resistencia de la compañera a inter­venir como Partido en el citado Encuentro: “fuimos por nuestra propia voluntad, decisión y con más ánimo de escuchar que «I de bajar ‘la posta” (sic). Luego, en la última columna, reconoce que “diferen­tes organizaciones políticas tejen sus estrategias con respecto a esos encuen­tros» (sic). De movida, Ferreira le da todas las ventajas políticas posibles al lagartaje democratizante, que son campeones mundiales en disfrazar la participación da sus aparatos en instancias como el Encuentro.


La compañera Lucía defiende a ultranza el “movimientismo», llegando al paroxis­mo de introducir el novísimo concepto de “movimientos unipersonales” pro­pio transcurrir por la vida era un movimiento concreto» (sic). Sin embargo en el final de la tercera columna L. F. dice: “Nadie va representando a nadie, nadie es re­presentado por nadie» (sic)!!!


Creo que, sin quererlo, Lucía (disculpe la confianza compañera), confirma la carac­terización que hacemos los marxistas sobre “el movimientismo” y cómo termina: en nadie, en nada.


El mismísimo movimiento feminista, que tuvo su época de apogeo, se encuentra hoy extinto. Activistas de gran reputación, tales como Vanessa Redgrave y Jane Fonda, han reconocido públicamente que dicha ex­tinción se debe fundamentalmente a la falta de perspectivas que tiene ese tipo de orga­nizaciones.


En nuestro país, algunos “trotskistas» ven desde hace un tiempo cómo se desinte­gran, también, sus “movimientos». La compañera de Tucumán se pregunta sobre la identidad de los “organizadores» y es ella misma la que aporta las pistas para poder desenmascararlos. Dice L. F.: “El encuen­tro logra reunir mujeres de variadas ex­tracciones políticas y sociales, con pre­dominancia (a primera vista) de mujeres Salariadas de clase media y luego, en menor medida, de mujeres trabajadoras de la clase obrera” (sic, sic, sic, sic)!!! L. F. habla también de las consignas del Encuen­tro: “las mujeres unidas…» y “el pueblo unido…”; y además, que una de las con­clusiones del Encuentro fue: “la solidaridad pasa por la lucha por la liberación de los explotados en el propio país” (sic) (subrayado OF). Todos estos elementos configuran la histórica propuesta de la contrarrevolución, es decir, el frente de coali­ción de clases.


¡¡Compañera, compañera!! Es stalinismo hasta los tuétanos.


Para que no queden dudas, L. F. relata cómo en la marcha “apareció un gran cartel del OTA” (sic), que es la guarida donde se han refugiado los esbirros stalinos. Estos delincuentes políticos, ahora con su “nuevo lenguaje” y sus “nuevas for­mas de organización”, tales como la “arti­culación” (sic), al mejor estilo de los Lula (PTB), no pretenden distraer a nadie. Su objetivo es atomizar, di-vi-dir. Tal como lo hace Lorenzo Miguel con su división por ramas en la UOM. Con eso pretenden que las reivindicaciones de la mujer sean “una lucha” aparte de las luchas de conjunto de los explotados. Mary Sánchez y De Gennaro implementan milimétricamente esta polí­tica en sus gremios y es así como vemos los resultados, derrota tras derrota, traición tras traición.


Sobre el final del “informe”, L F. se pregunta qué pasaría “en un gremio diri­gido por hombres, aunque revoluciona­rios” (sic) respecto a la situación de las mujeres. Como revolucionario y en mi con­dición de delegado de base le digo a la compañera Ferreira que para nosotros los problemas del conjunto de los explotados no se dividen y mucho menos se priorizan de acuerdo a la conformación anatómica de los aparatos genitales. Los argumentos es­grimidos por L. F. son la justificación ideal para el decretazo menemista por el cual el 30% de los cargos partidarios deben ser ocupados por la “rama femenina”. Para nosotros el lugar en los puestos de lucha no los define la tenencia de pene o vagina. Lo determinan las posiciones políticas y el nivel de conciencia. La posición de L. F. no es siquiera “feminista», es ovárica.


La suspensión de la propiedad privada y de las clases sociales, por sí solas, no pondrán fin a las discriminaciones entre los sexos, como se pregunta L. F. Pondrán en marcha la posibilidad de un nuevo horizonte para el conjunto de la humanidad. Será el desarrollo de las fuerzas productivas, en este nuevo Estado, lo que permitirá que los individuos puedan comenzar a superar to­das las aberraciones impuestas durante si­glos por la barbarie capitalista. Es por todo esto que la compañera Ferreira debe com­prender que esa sanata de la que participó y que ella saboreó con gusto (sobre gustos no hay nada escrito,…), con tanta “horizon­talidad”, pero con coordinadoras designa­das por los organizadores, con tanta politi­zación (?) pero con sectores yendo a salu­dar a Palito, termina siendo “altamente convocante» (sic), pero “no extrae una línea de acción conjunta” (sic) y “queda parcialmente desaprovechado” (sic), es decir, sólo sirvió para nada. Es necesario entonces sacar algunas conclusiones. No estoy en contra de la realización de los Encuentros. Pero para que los mismos re­presenten alguna perspectiva de organiza­ción, es condición intervenir para insertar las posiciones revolucionarias. Entender que los problemas de la mujer forman parte de la lucha de una clase contra otra. Los revolu­cionarios debemos intervenir sobre todas las clases y no sólo sobre la clase obrera, pero para esto hay que centralizarse demo­cráticamente, no “verticalizarse” ni “horizontalizarse”.


Como planteara anteriormente, sólo la Revolución Proletaria permitirá la creación de las condiciones para satisfacer las nece­sidades y postergaciones del proletariado, en primer lugar, y terminar con todas las lacras que le toca sufrir a la raza humana.


Para esto es condición “sine qua non” la construcción de un vigoroso partido revo­lucionario, de un Partido Obrero de masas… ¡Este es el camino!

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