13/04/1993 | 387

“Fuera las manos del Estado de la vida de Romina y de todos los jóvenes”

Otra vez el barrio Pepsi de Florencio Varela es noticia, este barrio donde los vecinos sostienen su propio sistema de cloacas y agua potable porque el municipio no se los provee.


Más allá de los ribetes novelescos que algunos medios de comunicación le imprimen, el caso de Romina y su novio es sólo la parte emergente de una situación que viven miles de jóvenes, víctimas del sistema, que arroja a las familias a la marginalidad producto de la falta de perspectiva, la desocupación y la restricción del derecho a la educación.


El Estado, en esta etapa de descomposición del sistema capitalista se revela como lo que es en esencia, “el ejercicio despótico del poder de una clase social (los capitalistas) sobre otra (los trabajadores)”. Y la democracia no es el gobierno del pueblo a través de sus representanrtes, sino se muestra sin maquillaje como el gobierno de funcionarios puestos a dedos por el imperialismo y el gran capital que explotan y oprimen a la población en beneficio de esa minoría de capitalistas.


Este Estado, cuyos funcionarios tienen causas pendientes por corrupción y estafa, cuyos jueces son, en muchos casos, los mismos de la dictadura, cuya máxima instancia de justicia está “sospechada de parcialidad”. Este Estado; responsable de la miseria en que vive la población. Responsable del regreso del cólera por la falata de agua potable y obras públicas se arroga el derecho de decidir sobre la vida de Romina, y en el colmo de la hipocrecía decide internarla en un instituto de menores (Diario Popular, 29/3) para que reflexione, cuando el propio Ministro de Justicia reconoce, y es de dominio público que los institutos de menores, como las cárceles son centros de promiscuidad, donde se violan las condiciones mínimas del respeto a la intimidad.


El gobierno menemista y el conjunto del Estado se revelan como los principales violadores de los derechos humanos y de las libertades individuales al proscribir el derecho elemental de cada ser humano de decidir su propia vida; de elegir su propia pareja.


Fuera las manos del Estado de la vida de la juventud: Los encubridores de los asesinos de María Soledad, los indultadores de los genocidas del proceso, los proscriptores de los partidos opositores al sistema; los que condenan a los jubilados al hambre y la desesperación, los destructores de la salud y la educación pública, los rematadores del patrimonio nacional no tienen ninguna autoridad para regimentar la vida de los jóvenes.


Basta de represión y regimentación. Hay que ganar las calles en defensa de las fuentes de trabajo, de la educación laica y gratuita, de la salud pública, de la vivienda, del salario y las jubilaciones. Pero fundamentalmente, hay que ganar las calles para expulsar a los capitalistas y a su Estado e implantar el gobierno de las grandes mayorías: los trabajadores y la juventud.