07/10/1993 | 403

La mujer y el aborto en Rusia

Compañero director de Prensa Obrera


Un reciente informe del diario conservador británico “Financial Times” (21/8) ilustra el alcance de la política de reacción que lleva adelante la burocracia restauracionista, no sólo en el terreno de la propiedad sino en todos los planos de la vida social. El informe de marras se refiere al debate sobre la nueva ley de aborto que impulsa la burocracia y su título es por demás significativo: “Las mujeres de Rusia frente a un nuevo reino del miedo”.


“Exactamente cuatro años después de que revoluciones democráticas transformaron la cartografía del bloque soviético —comienza diciendo el informe— las mujeres corren el peligro de perder uno de los derechos fundamentales que se les había garantizado bajo el comunismo —el derecho a un aborto legal, seguro”. Este es el camino que ya ha recorrido toda la Europa del Este, Polonia, “que ahora se destaca junto a Irlanda en tener las leyes de aborto más restrictivas de Europa”; Hungría, “donde las mujeres deben ir a un comité antes de que puedan realizarse un aborto”; y la antigua Alemania del Este, donde “deben pasar antes por un asesoramiento oficial”.


Ahora el parlamento ruso está considerando una nueva ley que las organizaciones de mujeres caracterizan como “el primer paso hacia la restricción, y eventualmente prohibición, del aborto en Rusia”. La ley contiene un artículo que establece que el Estado “reconoce” a los niños “el derecho a la vida” —“el más litigioso aspecto de la legislación”— y una disposición que exige garantizar a los hombres y a las mujeres “iguales derechos en la decisión de todos los asuntos de la vida familiar, incluyendo cuestiones de la planificación familiar”.


Mientras los defensores de la ley insisten en que esta última disposición “está destinada a mejorar los derechos de los padres en los juicios por tenencia, los cuales en gran medida son ignorados en Rusia”, las organizaciones de mujeres sostienen que tiene por objeto que “las mujeres deban obtener autorización de sus parejas antes de realizar un aborto”.


“Si esta ley pasa, la libertad de elección que una mujer tiene hoy será destruida”, dice Ludmyla Zavadskaya, abogada y diputada. “Puede presentarse una situación cuando una mujer vaya a realizarse un aborto y el médico le diga: ‘déjeme ver la decisión de su esposo’”.


La Unión de Mujeres de Rusia, una organización no gubernamental con más de dos millones de miembros, protestó recientemente al parlamento acerca de la ley. “Consideramos necesario, escribieron, preservar la presente norma por la cual la decisión final pertenece a la mujer… una mujer no puede ser forzada a la maternidad contra su voluntad”.


Otra disposición rechazada por las organizaciones femeninas —y que también aparece en la versión de la nueva constitución de Rusia de Yeltsin— establece que el gobierno tiene el derecho de llevar a cabo una “política demográfica progresiva”, “un bien conocido eufemismo, dicen las mujeres, para reintroducir la prohibición del aborto”. Semejante ley, sostienen, sería un retroceso a las políticas pro-natalistas del stalinismo, cuando la maternidad era considerada una obligación hacia el Estado y las mujeres podían ser encarceladas por interrumpir un embarazo. Las consecuencias de semejante política han sido bien documentadas. En 1966, después de que el gobierno de Rumania anuló su política liberal de aborto… el número de nacimientos vivos casi se duplicó. Pero exactamente dos años después la tasa empezó a caer y las muertes por abortos ilegales crecieron.


Elena Yershova, una diputada liberal, sostiene que “es terrible que las mujeres en nuestro país tengan que tener muchos abortos en condiciones que están muy lejos de las ideales. Pero esto es mejor a que tengan que hacer un aborto ilegal”. Cualquier mujer argentina puede sentirse plenamente representada por estas palabras.


Hoy el 70% de los desempleados en Rusia son mujeres. “En lugar de re-entrenarlas laboralmente, la ley propone que las desempleadas embarazadas permanezcan en casa y reciban la mitad del salario mínimo de 7,74 dólares. Un salario mensual de 18 dólares es considerado en el nivel de pobreza. Semejante hecho, dicen las mujeres, sólo crearía una subclase de mujeres pobres”. La ley del aborto pretende imponer una expulsión masiva de las mujeres del mercado laboral y hasta convertirlas en “instrumentos biológicos para la continuidad de la raza humana”.


“La nueva legislación propuesta —señala el “Financial Times”— parece parte de una campaña para promover roles sexuales tradicionales”, es decir, el retorno forzado de la mujer a la “esclavitud hogareña” y su completa subordinación al hombre. El “culto al hogar” —“esa institución arcaica, rutinaria, asfixiante, que condena a la mujer de las clases laboriosas a trabajos forzados, desde la infancia a la muerte”, León Trotsky— y el “retorno de las mujeres a su destino natural, la maternidad”, según reclaman los defensores de la ley anti-aborto, se encuadra en la pretensión de la burocracia restauracionista de reimplantar el derecho burgués en todas las esferas de la vida social rusa, desde la propiedad a la familia. Refleja, también, la necesidad de la burocracia restauracionista de una jerarquía social estable y de una juventud “disciplinada” por millones de “hogares” opresivos y embrutecedores.


A la vanguardia de la horda reaccionaria se encuentran, no podía ser de otra manera, las iglesias —como en toda Europa del Este— y los “nacionalistas”, es decir, la burocracia que “frecuentemente hablan de la declinación de la tasa de nacimientos en términos apocalípticos”. Día tras día, la prensa abunda en informaciones sobre el incremento de los niños abandonados, los “chicos de la calle” de Moscú y de toda Rusia, y hasta de la existencia de “maffias” destinadas a explotar la prostitución y la delincuencia infantil. La ilegalización del aborto dejaría en las calles a nuevas oleadas de niños abandonados.


Zárate, 30/8/93

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