19/09/2001 | 722

La verdad sobre el plebiscito para «reducir el gasto de la política»

El gobierno nacional tiene en mente lanzar después de octubre un plebiscito bajo el lema de «reducir los costos políticos». Y se trata de una tendencia que puso en marcha la «Constituyente» de De la Sota. Se quiere consumar un golpe de Estado civil que establezca el unicato oficialista. Lejos de «bajar los costos de la política», la reforma constitucional posibilitaría la gestación de una legislatura adicta que funcionaría a fuerza de privilegios y coimas.


Natalia, en su carta (PO N° 719) no alcanza a divisar la gravedad el problema. Argentina no está sumergida, sino totalmente ahogada en la «timba de los banqueros», y el gobierno se ve obligado a hacer frente a «la doble barrera del default y la devaluación» (Financial Times, 24/8) y al espectacular derrumbe del régimen político. Es decir que la clase dominante debe lidiar sí o sí con la cuestión del poder.


La reforma a la que apunta el plebiscito (que ya había sido el proyecto del difunto Storani y que le da vueltas en la cabeza a Mestre hace tiempo) pretende ser una de las gotas que llenen el inmenso vacío y va en el mismo sentido que en Córdoba. En el «corazón de mi país», algunas corrientes políticas con chamullo izquierdista se sumaron a la comparsa delasotista y avalaron el golpe de Estado. Al coro oficial de «bajar los gastos» le agregaron, por ejemplo, el tenor de «que ganen lo mismo que una directora de escuela». Así es como se colocaron del bando al que «la gran mayoría de la gente» (46%) le contestó negativamente absteniéndose o votando en blanco.


Compañera Natalia, cuando usted dice que «hay otras formas de reducir los gastos de la política, bajándole los sueldos y la cantidad de asesores», en realidad, reafirma lo que ya plantea el gobierno para que su plebiscito se vote a favor: «fijar topes para los gastos de los poderes», «equiparar los sueldos de funcionarios», «reducir el número de legisladores y concejales» (La Nación, 24/8). Incluso la negrera Bullrich, con la idea de «un hombre = un voto) pretende «democratizar» (intervenir) los sindicatos «para que haya representación de las minorías» (La Nación, 24/8). Con la monstruosa crisis que recorre el país, todos se presentan como democráticos y de izquierda, pero lo trucho (sin comillas) y reaccionario de la reforma que quieren que avalemos salta a la vista. Tenemos una gran tarea por delante, Natalia.


Compañera, hoy más que nunca hay que luchar por la huelga general para echar a los De la Rúa-Cavallo-Ruckauf-De la Sota e imponer una Asamblea Constituyente soberana, no para «rearmar este régimen» podrido, sino para levantar uno nuevo sobre las ruinas del actual.