28/08/2003 | 815

Las mujeres del Polo nos organizamos política y económicamente para participar del Encuentro en Rosario

La presencia de más de 500 mujeres del Polo en el Encuentro de la Mujer, llegadas desde distintos puntos del país como Córdoba, Pehuajó, Mercedes, Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, etc., significó concretar el esfuerzo que cientos de compañeras realizaron. El bancarnos económicamente el viaje no es un dato menor tratándose en su mayoría de compañeros que sólo tienen como entrada un mísero plan de 150 pesos. Pero tampoco era un dato menor la decisión que estas compañeras habían tomado en la última ANT, junto a los miles de compañeros ocupados y desocupados, de participar en el Encuentro de la Mujer. Por eso buscamos el tren para viajar, y durante varios días de charlas y esperas, conseguimos los vagones necesarios. Se juntó moneda a moneda la plata de los pasajes, y esto no es metafórico: cuando fuimos a pagar los pasajes del tren llevamos las bolsas con lo que se había obtenido de las alcancías y colectas.


Este esfuerzo no fue sólo de las compañeras del Polo, también lo fue de las compañeras de la Cuba, con las que compartimos un vagón, de las compañeras de las asambleas que viajaron con nosotras, y de cada una de las mujeres que conformamos ese contingente de más de 350 compañeras.


A las compañeras del Polo lo recaudado nos permitió afrontar otros gastos, como la compra de mercadería fresca, las garrafas para la comida, el agua caliente para los «permanentes» termos, la leche para los chicos, etc., también imprevistos, como fueron los remises al hospital por indisposición de algunas compañeras o sus hijos, el pago por el trabajo de limpieza de los porteros de las escuelas que ocupamos durante los tres días, e incluso una parte del sonido del acto que como ANT realizamos al finalizar la marcha del Encuentro el día domingo. También nos permitirá pagar la impresión de las miles de declaraciones, que distribuimos en cada taller, en las marchas, a cada compañera del Encuentro, con lo votado sobre este punto en la última ANT.


Teníamos un objetivo claro: llevar el programa de la ANT al Encuentro de la Mujer. Procuramos los medios para lograrlo: el dinero necesario para bancarlo, la lucha política en los talleres para sostenerlo y la comprensión de que lo que hoy no pudimos mejorar en nuestra organización, lo haremos en la próxima, con el aporte de todas las compañeras desde la crítica y desde la práctica.


Con este método, cada noche, las responsables por taller se reunían para debatir los planteos de la jornada y elaborar de conjunto nuestra intervención del día siguiente. El resto de las compañeras que no tenían esta responsabilidad también se acercaban al debate, aportando su experiencia.


Esta convivencia de tres días, con la mayoría de los problemas que acarreamos sin resolver (salud, hábitos cotidianos, alimentación, etc.) nos pusieron a prueba y volvimos a corroborar que sólo una salida revolucionaria posibilitará a las masas explotadas superar sus miserias. Pero, como siempre planteamos, nuestra intervención en el Encuentro no es desde el género sino desde la clase a la que pertenecemos, por eso no podemos dejar de señalar el trabajo «imprescindible» que desarrollaron nuestros compañeros, el primero de ellos garantizar las comidas, que con un contingente tan numeroso, por primera vez, se complicaba un poco. Pero con Olegario (incansable colaborador en los Encuentros) como coordinador, los compañeros del Gran Buenos Aires, de Rosario, de San Pablo, permanentemente trataron de dar una respuesta a nuestros reclamos.


Los hombres y las mujeres del Polo Obrero, como lo habíamos votado, participamos del XVIII Encuentro de la Mujer en Rosario.

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