17/07/2008 | 1046
NACIONAL BUENOS AIRES

Por qué adhiero a los Ex Alumnos No Asociados

Promoción 1978, un ex socio de Ex Alumnos

La Asociación de ex Alumnos del Nacional Buenos Aires repudió la toma realizada por los alumnos del Colegio. Entre los miembros de la Comisión Directiva (a nivel de vocal) de esta Asociación, hay un ex compañero de división, que perteneció a mi mismo curso en los seis años que me tocó estudiar en el CNBA.

Ese ex se llama Eduardo Elsztain. ¿Les suena?

Ni más ni menos, quien manejaba los negocios de Soros en la Argentina, dueño de Cresud, Irsa, los shoppings de la ciudad de Buenos Aires, de barrios privados, etcétera.

Uno de los responsables principales de los pools de siembra de los que se ha hablado tanto en estos últimos meses, que desalojan campesinos de sus tierras, manejan puertos privados, evaden impuestos, pagan la 80ava. parte del valor real de las tierras en impuestos inmobiliarios, talan bosques y selvas, destruyen el suelo con los transgénicos y pesticidas…

Dueño del Banco Hipotecario -¡qué bueno ser dueño!-, maneja fondos de inversión y aunque no terminó la carrera de Económicas, sabe muy bien hacer brotar el dinero del… trabajo ajeno.

¿O ustedes piensan que hizo el dinero agarrando el pico y la pala?

Ni él mismo se explica de dónde surgió tanta fortuna, de ahí su conversión mística. Ahora es «judío» ortodoxo, del movimiento Jabad Lubavitch.

Y pongo judío entre comillas porque siendo yo de origen judío, no me siento en absoluto identificado con este personaje, al que junto con el dinero le vino la «iluminación».

Durante toda la secundaria no le conocí ninguna inclinación religiosa de ningún tipo.

Como publicó el diario La Nación: «La leyenda que se creó en torno a Irsa, la mayor empresa argentina de inversiones en bienes raíces, cuenta que Elsztain viajó a Nueva York en 1989 con el objetivo de convencer a George Soros -un financista de origen húngaro pero nacionalizado norteamericano que hizo gran parte de su fortuna especulando contra la libra esterlina- de que invirtiera en la Argentina, sin mayor carta de presentación que un par de propuestas para comprar tierras y edificios en el mercado local. Sin embargo, la historia real es un poco menos espectacular. Elsztain llegó a encontrarse cara a cara con Soros gracias a los contactos que fue desarrollando dentro la colectividad judía en Buenos Aires, que fueron los que le abrieron las puertas del poderoso empresario».

Y tan bien le fue en su ascenso dentro de la «colectividad», que el mismísimo Edgar Bronfman, dueño de una de las mayores fortunas del mundo, le ofreció a Elztain el cargo de tesorero del Consejo Judío Mundial, el poderoso organismo internacional que preside el propio Bronfman.

En lo particular, les puedo asegurar que jamás le vi a Elsztain recitar en toda la secundaria un salmo, ni usar la kipá, pero ahora se ha transformado…

Egresado de una institución pública como el Nacional Buenos Aires, es un furioso partidario de la privatización de tierras fiscales y ancestrales.

Y por supuesto, este personaje tuvo -y tiene- poderosos intereses en Puerto Madero.

Ahora bien, la pregunta cae sola: ¿por qué alguien tan importante como él, tesorero nada menos que del Consejo Judío Mundial, y de agenda tan completa de negocios, con amigos tan poderosos como Sam Zell -uno de los cinco mayores propietarios de inmuebles de los Estados Unidos-, Michael Steinhardt -dueño de uno de los principales fondos de inversión- y del citado Bronfman, que hizo su fortuna con la venta de la fabricante de bebidas Seagram y los estudios Universal… por qué alguien tan relacionado como Elsztain, uno de los principales sojeros del país que fue recibido por la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner en medio del conflicto con el campo -el 12 de mayo pasado- se va a meter en una minoritaria Asociación de Ex Alumnos?

¿Acaso lo va a hacer por filantropía?

Me pregunto, ¿no se habrá metido en la Asociación de Ex Alumnos porque precisamente él ve allí la oportunidad de desarrollar un lobby en favor de sus propios intereses inmobiliarios?

¿Se imaginan ustedes los edificios que se pueden llegar a construir en ese predio -el campo de deportes del CNBA- ubicado en el corazón mismo de Puerto Madero?

¿Cuánto vale ahí el metro cuadrado?

¿No es acaso un «bocato di cardenale»?

¿Y acaso el Centro de Estudiantes del Nacional Buenos Aires, organizado políticamente, no es el principal obstáculo, que le viene justamente a joder redondamente el negocio?

Digo yo… ¿Clarín o La Nación no van a publicar nada al respecto?

Esa es la Asociación de Ex Alumnos que condenó la toma de los chicos.

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