18/12/1997 | 569

Opinión de la médica reincorporada por el reclamo de los vecinos

Opinión de la Dra. Graciela Reuter, médica clínica de la salita Angel Bo de William Morris,  recientemente reincorporada por el reclamo de los vecinos


Este lugar en el que vivimos y que tanto queremos, el partido de Hurlingham, es un sitio especial geográfica y climáticamente hablando.


Es uno de los pocos sitios situados entre dos cursos de agua, el arroyo Morón y el río Reconquista.


Paraíso increíblemente bello, hace 50 años se usaba como balneario y se practicaba remo.


La instalación de numerosas industrias, cuyos dueños, mostrando sus ansias de ganancia, no han tratado los líquidos efluentes, ha hecho que sustancias químicas diversas integren el volumen hídrico de estos ríos, haciendo hoy imposible la vida de cualquier especie. El depósito de metales pesados en el fondo hace que lentamente sean arrastrados a las napas, que es de donde extraen agua muchas familias de escasos recursos.


La problemática de la contaminación está relacionada también con la densidad de la población.


En las últimas décadas, la población aumentó en forma alarmante, especialmente en William Morris (es aproximadamente 80 veces mayor que hace 40 años).


La tendencia al hacinamiento no va acompañada de un aumento de los servicios sanitarios.


Esta situación facilita la diseminación de enfermedades infectocontagiosas epidémicas, como la hepatitis «A», el cólera y otras.


Los mosquitos y otros insectos llevan en sus patas, con mucovellosidades y aguijones, la contaminación proveniente de estas aguas, causando lesiones en la piel que van desde simples picaduras a infecciones diversas.


La contaminación de las napas y, por lo tanto, del agua destinada al consumo humano, conlleva la producción de parásitos intestinales que afectan a la mayoría de los habitantes del distrito. Otras derivaciones son trastornos respiratorios como el asma, afecciones en órganos como el riñón, en los que se depositan, causando insuficiencia renal.


De todo lo expuesto surge la reflexión de cómo hicieron países del ‘primer mundo’ cuando se les planteó esta situación.


Podemos citar qué ocurrió en Londres hace más de un siglo, cuando una nave proveniente de la India, una de las colonias de Gran Bretaña, trasladó tripulantes portadores del vibrión colérico.


La enfermedad se extendió en forma explosiva, no dando tiempo a reaccionar. La población quedó diezmada prácticamente a la mitad.


Los ingleses hicieron un cálculo matemático del costo del perjuicio. Diagnosticaron el problema sanitario y realizaron por primera vez en el planeta las obras de cloacas y agua corriente, que significó que no se repitiera aquella tragedia.


Seamos lúcidos y pensemos: con el aporte de los vecinos que se realiza a través de los impuestos, se pueden solventar estas obras. Con licitaciones honestas y abiertas a todos los oferentes, sin querer beneficiar a los ‘amigos’. Con control directo y minucioso de las obras por parte de los vecinos para constatar la calidad y cantidad de materiales utilizados y el tiempo de realización, se resuelve esta carencia sanitaria.

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