13/06/2002 | 758

Planes sociales… en «negro»

Los planes de emergencia laboral (Bonaerense, Barrios, Trabajar y ahora Jefes de Familia, etc.) no están contemplados en ninguna «ley laboral», porque son considerados (por el gobierno) «subsidio» para desocupados y los que puedan acceder a ser beneficiarios están obligados a realizar prestación laboral.


Cuando estos «planes» nacieron (año 1997) del «creativo cerebro» de Eduardo Duhalde (entonces gobernador bonaerense) y de Carlos S. Menem (entonces presidente de la Nación), su plazo era de 2 años, y aún hoy (2002) tienen vigencia porque estos «democráticos» funcionarios del gobierno, con sus políticas de «saqueo y hambre», no han hecho más que acrecentar la desocupación.


Con el objetivo de realizar «trabajo comunitario» en los barrios y con una retribución de 200 pesos por cuatro horas de trabajo, estos planes fueron (y aún son) el «trofeo político» que enajenaron (y aún enajenan) distintos «punteros» de los gobernantes de turno, y en el transcurso de estos años de vigencia, su retribución fue bajando (200, 160, 140, 100 pesos) y ni siquiera son pesos, sino «patacones» (papeles sin valor). En la adjudicación de los «planes de empleo» se manifiesta el abuso de poder, por parte del Estado (nacional, provincial, municipal), hacia el desocupado, ya que esta acción ejercida sobre el trabajador atenta contra su dignidad, afectándolo psíquica y socialmente.


El 1º anexo y más grande «abuso de poder» es precisamente no estar contemplado en ninguna «ley laboral», dejándolo a merced del «puntero» de turno; el beneficiario de alguno de estos «planes» recibe como compensación una «miserable retribución», la cual no alcanza a cubrir las mínimas necesidades básicas (casa, comida, ropa), y si tiene familia a cargo alcanza para mucho menos, contraponiéndose con el «principal objetivo» de ingreso al «plan». ¡Tienen familia a cargo! Es tan miserable la retribución, que pasa a ser una limosna, lo que contribuye a la desvalorización del desocupado.


Las tareas a realizar son comunitarias (cortar pasto, limpiar zanjas, barrer veredas, etc.), pero nuestros empleadores (Estado nacional, provincial, municipal) no proveen ropa, ni calzado, ni herramientas adecuadas (y necesarias) para realizar dichas tareas.


En las actuales condiciones de precariedad e inestabilidad del empleo, tanto hombres como mujeres se ven sometidos a injustas situaciones de violencia laboral, por la sumisión por el derecho al pan… la cual es la peor de las sumisiones (el hambre).


Otra forma de maltrato psíquico y social: contratación trimestral… amenaza permanente de despido, pasando a ser la expresión de máximo poder… «por no tener menores a cargo», «tener más de 50 años», «distinta ideología política», etc.


Claro que esto no es casual, es consecuencia de una política, con la que sólo se benefician los grandes grupos económicos y los bancos, por exigencia del FMI, con la complacencia de los gobiernos de turno.


Se debería ir pensando que el gobierno deberá responder por fomentar el trabajo en negro, la superexplotación, la discrimación social y laboral, el maltrato psíquico y la miseria social, durante tantos años. ¡Basta de planes de emergencia laboral!