12/06/1997 | 543

Poesía desde Rosario

Dos niños, dos hermanitos,


unidos por la desgracia


de ser pobres.


Crecieron pobres con la pobreza,


que crecía con ellos.


Ya entrados en la vida


sus caminos se abrieron.


Policía el menor, al obreraje el otro.


Para no pasar hambre, decía uno.


Que no me gustan esas órdenes, dijo el otro.


Después, el final televisado.


Huelga, paro, promesas, obispo incluido.


Que todavía no hay orden, gritó uno.


Que para eso te pagan, le gritaron.


Mirá vos, dijo el sargento,


hay dos hermanos entre las bajas.


Hacé un solo telegrama, dijo el comisario.


Contribución al presupuesto, agregó.

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