19/06/1997 | 544

Reivindicación de Rafael ‘Cacho’ Perrota

Los ‘servicios’ y Mauro Viale montaron el lunes 2/6 un asqueroso show con fines intimidatorios y para vilipendiar públicamente, en este caso por ‘buchón’, a uno de los pocos que durante enero/febrero de 1976 tuvo el mérito de denunciar la existencia de listas y el método de hacer desaparecer en el aire a la oposición.


Conocí al Dr. Perrota dentro del Jockey (club de la alta burguesía). En ese momento, 500 trabajadores del lugar luchábamos a brazo partido por el salario y otras reivindicaciones. El enfrentamiento con la patronal cavernícola era durísimo. Cacho nos invitó a la C.I. a la redacción del Cronista Comercial, para hacer una nota en su diario.


Cacho provenía de una familia ultracatólica y de rancia alcurnia, pero había sido ganado por ideas progresistas; estaba relacionado, junto a Demarchi (delegado general del personal de prensa del Cronista), al peronismo de base y las FAP. Rápidamente nos hicimos camaradas, a pesar de las diferencias políticas; Cacho no consideraba una cuestión de primer orden la construcción de un Partido Obrero, y muchos en esa época entendían que un buen estímulo desde afuera de la clase obrera podía acelerar el proceso en ciernes, dándoles cierto crédito a las organizaciones armadas para que protagonizaran ese salto.


Cacho se hizo socialista de ‘viejo’; él mismo había elegido un peligroso doble papel a jugar: por un lado, era el dueño del diario El Cronista Comercial y estaba, por lo tanto, relacionado con lo más granado de los explotadores, y por el otro, militaba al filo de la navaja.


Cacho tuvo la valentía descomunal de dar a conocer el plan secreto de exterminio organizado para la Argentina por el imperialismo y la burguesía.


Cacho informó (antes de marzo del 76) sin reparar en los peligros a que se exponía, dio detalles al activismo y a los partidos que gustaran escuchar. La información provenía de los futuros carniceros Martínez de Hoz y el Almirante Massera. Estos dos buitres, en una cena que Rafael dio en su piso frente a la Biela, contaron con lujo de detalles cómo se iba a buscar al activismo opositor de noche, para luego hacerlo desaparecer sin que nadie lo note; “nuestra guerra va a tener otra táctica que la de Pinochet”.


La actitud de Cacho de anticipar el genocidio, que muy pocos sabían que se venía, contrasta violentamente con el accionar cómplice de los hoy ‘éticos’ Grondona, quien no sólo ocultó los crímenes por venir, sino que guardó, además, celosamente hasta donde pudo, parte de los archivos de la dictadura, descubiertos casualmente en las oficinas de la familia de Grondona por una Comisión Investigadora que estaba a cargo del diputado radical Tello Rosas (1984/1985) y que fueron rápidamente trasladados a otro escondite.


Es posible, porque sufría de una dolencia casi permanente en la columna vertebral y no tenía grandes reservas físicas, que Cacho haya sido quebrado por la tortura, pero ni esa posibilidad empaña su audaz accionar bajo las propias narices de los explotadores.


Pocos días antes de desaparecer había regresado de México, donde había viajado invitado por el gobierno de ese país. Sus compañeros más cercanos, o estaban en el exilio o desaparecidos; toda la C.I. de El Cronista había sido secuestrada. Sin orientación política clara, su vuelta fue inútil y resultó fatal.


Con la emoción en el recuerdo de quienes te conocimos activo y militante, ¡hasta el socialismo, Cacho!

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