23/12/1999 | 651

Se sigue equivocando

Camaradas:


Considero que la convocatoria a movilizarse el 10 del corriente a Callao y Corrientes, con motivo de la asunción de De la Rúa, fue una equivocación en línea con la caracterización errónea de que el 24 de octubre se iba a producir un corrimiento de votos hacia la izquierda. Opino que, salvo movilizaciones dictadas por la urgencia de situaciones políticas tipo agresión imperialista a Yugoslavia, o a Irak, o movilizaciones por la libertad de compañeros presos, como Castells, etc., las convocatorias a las masas que surjan del partido deben partir de una estudiada caracterización de las tendencias que se anidan entre los trabajadores. Si bien el partido detectó una incipiente crisis en las direcciones intermedias de la CTA, lejos estaban éstas de sumarse a un compromiso político de movilización ni existía en sus bases unas tendencias tales a manifestarse contra el nuevo gabinete. Es un proceso que afiches como el de «De la Rúa lo hizo» deben ayudar a madurar. Pero así como nadie arranca la fruta del árbol hasta que esté madura, ¿con qué fin nos cortamos solos?


«Para fijar una posición política», me han respondido. ¿No la fijamos si no convocamos el 10? «Dejamos en claro la posición de la izquierda democratizante»; ¿con marchas a las cuales no concurren ni nuestros propios contactos, a pesar de los miles y miles de volantes repartidos? Es un dato político no menor que la Prensa Obrera inmediatamente anterior a la movilización no dedicara siquiera un párrafo a la convocatoria ni documento alguno firmado en común con el otro convocante, el Partido Humanista. ¿Pensamos que es un registro válido de nuestra política ante las masas una movilización que ni nuestro periódico anuncia?


Seguimos en deuda con politizar nuestra actividad cotidiana recurriendo al delicado y complejo método revolucionario de caracterizar con detenimiento el estado de ánimo de las masas y de valorar cada paso al frente que ayudamos a dar al movimiento real de la clase. Esfuerzo que reconozco en gran parte de nuestra dirección, pero que no está hecho carne en todos los cuadros del partido que contribuyen a definir una política y que –subrayo– creo es la verdadera causa de los errores que determinan nuestros problemas de inserción entre los trabajadores (aunque, dialécticamente, es obvio también que una mayor inserción nos ayudará a superarlo).


Por último, creo que el partido debería retomar la consigna «por un congreso de trabajadores», ya que ésta está en consonancia tanto con la lucha por un frente de izquierda para las elecciones de Capital como con el trabajo del Encuentro por un Polo Clasista en los sindicatos, además de ser una línea estratégica que los activistas de otras corrientes democratizantes reconocen y valoran como vieja iniciativa del PO.


Con saludos revolucionarios.


 

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