18/10/2007 | 1014

Un día en la clínica (a troche y moche)

Otra vez en un examen preocupacional, al lado mío había decenas de cadetes, lavaplatos y friega pisos esperando para sacar una placa de tórax. Es increíble que para estos oficios se pida tantos requisitos: no hay que estar en tan excelentes condiciones físicas para sacar la mierda que deja la gente en los platos.


Yo estoy también en el mismo barco, es mi décimo trabajo, o sea mi décimo examen físico preocupacional. Los conozco de memoria y aprendí algunos trucos. Agua en la orina para diluirla; nunca aceptar haber tenido algún tipo de lesión o quebradura; dejar una pequeña rendija en la mano cuando nos tapamos el ojo para el examen visual. A veces los doctores que se dedican a esto tienen más resaca que nosotros, cuestión de suerte.


Volviendo al tema, es asombroso ver como se van recrudeciendo con el tiempo este tipo de exámenes en tratar de encontrar algún defecto en el cuerpo, en la cabeza, en la sangre, en la orina. Cientos de infelices como yo condenados a trabajos miserables pero con buena salud para que no faltes ni un solo día en tu puesto de explotado. No, no se puede faltar. Bloquean la responsabilidad, el dinero, la casa, la inmunda comida, la maldita esposa, no faltes ni un solo día, al que madruga dios lo ayuda.


El punto es que ahora estoy esperando al degenerado del radiólogo para que me saque una placa de tórax. Con todas las porquerías que fumo tengo menos posibilidades que en mis años mozos. Igual que los que están al lado mío, motoqueros mozos limpia vómitos todos cargando estos exámenes como si fuéramos astronautas. La explotación que le dicen, menos posibilidades, salud excelente para cumplir. Mientras espero sentado con la mejor cara de profesional, imagino las razones que van a causar el despido de mi próximo trabajo.

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