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23 de diciembre de 2004 | #882

La clausura a León Ferrari

Un Estado postrado ante el clero

Definitivamente , no son los “sentimientos religiosos” individuales los que ha pretendido proteger la jueza Liberatori. A quien se quiere custodiar es al clero, a los opresores y al conjunto de su Estado. La obra de Ferrari denuncia la labor represiva de la Iglesia a lo largo de la historia, y su colaboración con todas las formas y regímenes de opresión. Es el aparato del Estado el que se protege a sí mismo cuando le pone candado a la obra que se exhibe en el Centro Cultural Recoleta.
 
En más de un plano, la presentación de Ferrari ha desnudado hasta qué punto la organización de la cultura y el arte se encuentra dominada por el gran capital. En la semana que precedió al fallo judicial represivo, un conjunto de “grandes empresas” que “sponsoreaban” la exposición le retiraron su apoyo. Incluso Costantini, el dueño del Museo de Arte Latinoamericano, que se había servido de Ferrari y de otros artistas plásticos para justificar el negociado inmobiliario que viabilizó la apertura de su museo, “aclaró” que, “pensándolo bien”, el no hubiera apoyado la exposición del Centro Recoleta.
 
“Nacionales”, progresistas… y clericales
 
Con todo, la acción judicial contra Ferrari plantea una cuestión de fondo. ¿Por qué, en un país y una ciudad gobernados por “setentitas”, progresistas, nacionales o populares, el clero ha consumado un golpe de esta envergadura contra las libertades? La respuesta es sencilla: son los propios “progresistas” y “transversales” quienes han resuelto cogobernar con la Iglesia. Hace tan sólo cuarenta días que Kirchner cerró un acuerdo con el Obispado y con Cáritas, en favor de entregar los restos de la asistencia social al clero para golpear a las organizaciones piqueteras independientes del gobierno. Ibarra, Telerman y Macri acaban de “bendecir” a la Mesa del Diálogo Argentino, un engendro de la Pastoral Social que coloca al arzobispo Bergoglio como árbitro de la asistencia social y la regimentación educativa y cultural en la Ciudad. Precisamente, uno de los primeros pronunciamientos públicos de esta Mesa fue sobre la muestra de Ferrari, para expresar “el dolor y su cercanía con el pueblo creyente cuya sensibilidad religiosa se ha sentido herida”, y cuenta con la firma de la CTA y el grupo Fénix, entre otros. Bergoglio logró, así, un gran frente único –de derecha a “izquierda”– contra la obra de Ferrari. Este pronunciamiento fue el argumento central del fallo de la jueza Liberatori –también ella integrante del ala “progresista” de la Justicia porteña– contra la exposición de Recoleta. En otro ámbito del Estado porteño, la defensora del Pueblo, Alicia Pierini –ex menemista y ahora “defensora” consensuada entre el PJ e Ibarra– calificó a la obra de Ferrari de “ofensa al pueblo”.
 
Cómo no recordar, también, que horas antes de la clausura a Ferrari los legisladores de Ibarra mandaban al bombo un proyecto de ley de educación sexual que ellos mismos habían contribuido a redactar, y que ya le otorgaba fortísimas injerencias a la Iglesia en esa materia. Pero para Bergoglio no fueron suficientes, e “Ibarra no quiso problemas con la Iglesia” (declaraciones de la diputada Suppa en Página/12 del 16/12). Fue entonces que, para caracterizar a la estrecha ley que se pretendía aprobar, Ibarra declaró que “la escuela no está para generar especialistas en Kamasutra” (sic) ( La Nación , 16/12).
 
A la hora de salvar al clero y a los opresores, todo el “moderno” Estado de la Ciudad erigió al Arzobispado porteño en juez –y verdugo– de las expresiones culturales independientes.
 
Gobernar con la Iglesia
 
En medio del aniversario del Argentinazo, la crisis planteada en torno de la obra de Ferrari, de la educación sexual en la ciudad, e incluso los ataques recibidos por la médica Gompers en relación con el derecho al aborto, ponen de relieve toda la miseria política y moral del régimen que pretendió confiscar a la rebelión popular, para salvar los intereses sociales que llevaron a la bancarrota nacional.
 
La reconstrucción de esos intereses capitalistas, por parte de partidos acabados, exige apoyarse en la represión, en el oscurantismo, en los sostenes históricos de todos los regímenes opresores. El mismo régimen que ha capitulado ante los banqueros y privatizadores, el mismo que es peón militar de Bush, debía necesariamente terminar enlazado con el clero y sus imposiciones represivas. La lucha por el laicismo, por la separación de la Iglesia del Estado, por la libertad artística y cultural exige, también, demarcarse del “progresismo” fracasado y luchar por una alternativa de carácter obrera y socialista.
 
Capitalistas a favor del infierno
 
Un grupo de empresas capitalistas ha decidido quitar su auspicio al Centro Cultural Recoleta mientras continúe la exposición de León Ferrari. No hace falta más para mostrar los profundos lazos que unen al capital con el clero y el carácter condicionado de la creación artística bajo el capitalismo. Esta decisión tendrá más efecto sobre el Gobierno de la Ciudad que cualquier resolución judicial.

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