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19 de julio de 2012 | #1231

La “Triple A” en una película

La obra de Diment (*) se basa en una serie de entrevistas a perseguidos, a amenazados y a torturados por la Alianza Anticomunista Argentina, una organización creada y organizada desde el Estado durante el gobierno de Juan Domingo Perón, de Isabel y de López Rega, entre 1973 y 1976.

El gobierno no dudó en organizar esta banda criminal para  perpetrar asesinatos, atentados, torturas contra luchadores sindicales, de derechos humanos o simplemente opositores al gobierno peronista, y para “resolver” la “interna” peronista, entre camporistas y, en gran medida, la burocracia sindical. La acción de esta banda se complementó con golpes de mano, como los que voltearon al entonces gobernador de Buenos Aires, Oscar Bidegain -propietario de tierras- y, en especial, al gobernador y al vicegobernador de Córdoba, destituidos por una intervención federal avalada por la UCR, tras un golpe policial preparado desde la Rosada, en febrero de 1974.

La actividad de la Triple A era tan clandestina como pública. Como menciona uno de los amenazados, “la lista de los próximos asesinatos aparecía en los diarios; me llama un amigo y me dice, ‘¿leíste Clarín?, las tres A te amenazaron de muerte’”. Operaban en “territorios liberados” por la policía con anticipación.

El film se inicia con los orígenes delictivos de los que serán los principales organizadores,un  grupo de miembros de la Policía Federal, que luego serán convocados por López Rega.

Entre sus crímenes más notorios se encuentran los asesinatos de Rodolfo Ortega Peña, de Silvio Frondizi y del padre Carlos Mujica. Realizan atentados, como al entonces senador Solari Irigoyen , y a centenares de dirigentes obreros, entre ellos militantes de Política Obrera (agrupación antecesora del Partido Obrero).

En la película son entrevistados varios sobrevivientes o familiares. Uno de ellos, Sergio Bufano, es hermano de Miguel Angel Bufano, quien junto a Jorge Fisher -ambos delegados obreros en la fábrica Miluz y militantes de Política Obrera- fueron secuestrados en la fábrica y luego asesinados. La policía acudió a la fábrica, habló con los secuestradores y se retiró. Un ejemplo claro de “zona liberada” y de complicidad con los asesinatos de la fuerza policial, el gobierno, la empresa e incluso la burocracia sindical, que aún continúa al frente del sindicato de la pintura.

Sergio acusa a “los dirigentes sindicales” como miembros, partícipes y alcahuetes de las Tres A.

La Triple A recibe un golpe decisivo con las huelgas generales de junio-julio de 1975, que fuerzan la expulsión de López Rega del gobierno y su exilio como “embajador plenipotenciario” en España. El ejecutor de esta expulsión es, sin embargo, el Ejército; y Jorge Rafael Videla, que asume el comando de la fuerza con la finalidad de recuperar el mentado “monopolio de la violencia” -a la que  se aplicará con esmero. En pocos meses, la dictadura militar se hará cargo de la tarea criminal; las bandas de las Tres A serán cooptadas o reemplazadas por los grupos de tareas. Si la finalidad fue retener el monopolio de la violencia, el resultado fue un fracaso, porque una banda fue sustituida por varias otras.

Durante el film, un entrevistado denuncia al juez Oyarbide, que cajoneó una causa contra la Triple A luego de haber declarado a sus crímenes de “lesa humanidad”: “solo investigó seis crímenes, nos quedamos mudos al ver que eran sólo dos cuerpos toda la causa”. La actividad criminal, según entrevistados,  llegó a “1.500 asesinatos, 3.000 bombas y atentados”. La causa contra la Triple A no fue impulsada por ninguno de los gobiernos de la “democracia” desde 1983.

Nicolás Roveri

(*) Parapolicial negro, apuntes para una prehistoria de la AAA - Un documental de Valentín Javier Diment

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